Por su poca fe – Mateo 10,7-13

agosto 11, 2018

Por su poca fe

“« Por su poca fe. Porque yo les aseguro: si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada les será imposible.»”

Sábado de la 18va semana del T. Ordinario | 11 de Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Por su poca fe

¿Cuánta fe es necesaria para alcanzar las promesas de Jesucristo? La fe es necesaria para vivir cristianamente y solo quien vive cristianamente entrará en el Reino de los Cielos. ¿Qué mejor propósito puede haber en la vida que lograr esta meta?

El problema reside en que se dice muy fácilmente, con palabras muy sencillas que el mundo entero puede comprender, pero, como se suele decir, del dicho al hecho hay mucho trecho. Una cosa es comprender lo que se debe hacer y otra llevarlo a la práctica.

Por su poca fe

Resulta tan difícil vivir cristianamente, más en los tiempos de relativismo extremo que nos ha tocado vivir, que terminamos por convencernos que el mensaje es ininteligible. Y, no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni ciego que el que no quiere ver.

Para engañarnos, cuando las cosas no nos gustan, somos campeones. Y, ser cristianos es difícil. Conforme a nuestra experiencia podemos decir que no solo es difícil, sino imposible. ¿Por qué? Porque, contrariamente a la idea que tenemos muchos, no se trata de ser tibios.

Y esto es muy serio, porque podemos engañarnos, como de hecho lo hacemos la mayoría, creyendo que llevamos una vida cristiana, y en realidad no lo estamos haciendo. Somos tibios, mediocres. Y el Señor tiene palaras muy fuertes para los tibios.

“Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.” (Apocalipsis 3,15-16)

Contrariamente a lo que pensamos y muy distinta a la actitud permisiva o tolerante que algunos de nosotros cultivamos con respecto al comportamiento nuestro y por extensión con el del prójimo, Jesucristo es drástico.

¿Debemos tomar esta advertencia como amenaza? No, porque en realidad no lo es. Pretende ser más bien un aliciente, un estímulo o un recuerdo del grado de compromiso que debemos tener con la Misión que se nos ha encomendado como cristianos.

Ya lo hemos dicho: vivir cristianamente no solamente no es fácil, sino que es difícil e inclusive añadimos, imposible. Entonces surgirá la pregunta lógica. ¿Cómo puede ser que el Señor nos pida algo que es imposible?

Y aquí es donde entra a tallar la fe. Es imposible para el hombre, pero no para Dios, porque para Dios no hay nada imposible. Entonces razonaremos con verdad y lógica: pero es que nosotros no somos dioses. Y, es cierto. Pero no tenemos que serlo.

“« Por su poca fe. Porque yo les aseguro: si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada les será imposible.»”

Pues parece que nos perdimos de algo. Hay algo que no encaja. Si vivir cristianamente es imposible para nosotros, puesto que somos hombres y hacer lo imposible solo es factible para Dios, lo que desde luego no somos, ¿cómo se resuelve esta incongruencia?

Con la fe. Nosotros estamos llamados a ser santos. No solamente tú o yo, sino todos, todos los cristianos. Estamos llamados a ser santos, que es lo mismo que ser perfectos. El Señor nos dice: “Sean perfectos como mi Padre es perfecto”.

Ser santos, ser perfectos son tareas imposibles. Así que o Jesucristo está loco o simplemente no podemos ser cristianos y nos condenaremos irremediablemente. Y si esta fuera la única alternativa ¿Qué clase de Dios es este? ¿No vino a salvarnos? ¿Cómo puede ser que nos pida un imposible?

La respuesta es fe. Es Dios quien hace posible la vida cristiana. Para mover todo esto que por momentos nos resulta descomunal e imposible, necesitamos una palanca. “Denme una un punto de apoyo y moveré el mundo” dijo Arquímedes.

“« Por su poca fe. Porque yo les aseguro: si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada les será imposible.»”

¿Cuál es esta palanca que hará posible desarrollar esta “misión imposible”? La oración. ¿A quién oramos? A Dios. ¿Qué pedimos? Que se haga Su Voluntad. ¿Por qué? Porque siendo Dios, nadie puede saber mejor lo que nos conviene.

¿Dónde entra la fe? En todo el proceso a partir de la decisión de orar, que implica ponernos en Sus manos. Este es el primer acto de fe. En la disposición para orar, en la actitud con la que nos acercamos a orar, en la devoción, en la confianza, en la esperanza, en la perseverancia.

¿Qué le decimos a Dios, qué le pedimos? Todo ha sido resuelto por el Señor. Digamos la oración que Él mismo nos enseñó: el Padre Nuestro. Esta reúne siete peticiones que incluyen todo lo que necesitamos para alcanzar la Gracia de vivir como Dios manda.

Digamos el Padre nuestro con fe: Padre nuestro que estas en el cielo (1) santificado sea Tu Nombre, (2) venga a nosotros tu Reino, (3) Hágase Tu Voluntad así en la Tierra como en el Cielo. (4) Danos hoy nuestro pan de cada día, (5) Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quienes nos ofende, (6) No nos dejes caer en la tentación (7) Y líbranos del mal. Amén.

En resumen: es imposible vivir cristianamente y por lo tanto alcanzar la Vida Eterna sin la Gracia de Dios. Para alcanzar la Gracia de Dios que lo hace todo posible, debemos orar. La oración es pues aquella “palanca” que apoyada en la fe hace posible vivir en Gracia de Dios.

Siendo Dios Amor, solo podremos cumplir Su mandato de amarnos unos a otros como Él nos ama, si vivimos en Gracia de Dios, lo que alcanzaremos por la oración.

“« Por su poca fe. Porque yo les aseguro: si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada les será imposible.»”

Pero, tal como hemos dicho en otras ocasiones, para fortalecer esta unión con Dios que buscamos a través de la oración, Jesucristo nos ha dejado los Sacramentos, siendo el de la Eucaristía el centro de la vida de la Iglesia (que somos todos los bautizados).

La Eucaristía la instituyó en la última cena. Por ella Jesucristo se nos da como verdadera comida y bebida. No podemos dejar de ponderar este Obsequio único que nos hace el Señor. ¡No hay nada en el Universo visible e invisible que se le pueda comparar! Solo eso debía bastar. Necesitamos fe para aceptarlo.

Sin embargo, Dios es tan infinitamente misericordioso que ha querido enviarnos Su Espíritu Santo, como nuestro defensor y para que nos guíe hasta la Verdad completa. ¡Qué más podemos pedir! ¡Lo tenemos todo! ¡Así, somos invencibles! ¡Solo necesitamos fe! ¡Pidámosla!

Oración:

Padre Santo, danos la fe suficiente para dar este primer paso de amor y entrega absoluta a Tú Santísima Voluntad. Solo así será posible que hagamos el Camino que Jesús nos propone… Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

(7) vistas

Deja un comentario