para Dios todo es posible – Mateo 19,23-30

para Dios todo es posible

«Entonces, ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible.»

Martes de la 20ma Semana del T. Ordinario | 21 de Agosto de 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Ezequiel 28,1-10
  • Salmo DT 32,26-27ab. 27cd-28.30.35cd-36ab
  • Mateo 19,23-30

Reflexión sobre las lecturas

para Dios todo es posible

De cuanto nos enseña hoy el Señor, ojalá pudiéramos labrarnos en la mente y el corazón que para Dios todo es posible, que por lo tanto esta es la garantía de nuestra victoria final. No lograremos la salvación por mérito alguno nuestro. No es en ello que debeos depositar nuestra confianza.

Esta sola idea debe llevarnos a ver la vida de otro modo, con más optimismo, a pesar de la zozobra y desesperación que pudiéramos vivir en nuestro día a día. Nada de lo que aquí ocurra podrá cambiar Su Voluntad y esta es la Buena Noticia que nos ha sido revelada por Jesucristo.

para Dios todo es posible

De este modo, no tendría que haber nada que apague nuestra alegría, nuestro gesto amable y nuestro lenguaje esperanzador. Bien, sabemos que a veces tenemos que esforzarnos y exigirnos al extremo para poder transmitir esta actitud serena y confiada.

Vemos tanta mentira, revés y traición, que resulta difícil no dejarse contagiar por la ira, la decepción y el desánimo. Todo parece una celada, una emboscada sin salida, de la que no hay forma de escapar, en la que incluso nuestros amigos nos han dado la espalda.

En nuestro afán por advertir a nuestros seres queridos de los peligros que nos amenazan y las trampas escondidas, con el propósito de aliviarles el dolor y guiarlos a la liberación, solamente cosechamos incomprensión, malestar, desprecio, burlas e insultos.

«Entonces, ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible.»

Tal vez no tendríamos que insistir tanto en las amenazas del lado oscuro y por el contrario presentar el lado positivo y las esperanzas del nuevo día por nacer. ¿Será que debemos desprendernos de la aprensión, del afán de resolverlo todo?

¿Cómo conciliar el trato amable, alegre y optimista con la insensatez que se nos presenta a cada paso como algo lógico y normal, porque es así como todos lo toman, como todos lo hace y como se espera que nosotros también lo hagamos?

No es fácil, pero tampoco imposible. Y, ya empezamos esta reflexión señalando que nos íbamos a centrar justamente en aquella proclama que hace Jesucristo que para Dios todo es posible. Allí está la llave que buscábamos, el pensamiento y la convicción que debe guiarnos.

«Entonces, ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible.»

Si todo es posible para Dios, pidámosle fervorosamente que nos de la capacidad de transmitir optimismo, esperanza y fe. Que el encuentro con nosotros haga posible el cambio que nuestros hermanos necesitan para acoger Su Palabra y Su Voluntad en sus vidas.

Que no seamos motivo de rechazo a tal punto que se bloquee la comunicación entre ellos y nosotros, sellando el camino con un adjetivo como fanático, intolerante, cucufato o cualquier otro que descalifique de antemano cuanto podamos decir.

¡Qué duda cabe, entonces, que debemos redoblar el tiempo que dedicamos a la oración, mejorando también la profundidad y la devoción! Todo esto es obra de Dios. No pretendamos afrontarlo con nuestras capacidades y cualidades, que nunca serán suficientes.

«Entonces, ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible.»

Es preciso hacer un acto de fe cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo para entregarnos en el a Jesús, confiando plenamente en Su providencia, en que Él sabrá sacar el gesto y la palabra precisa en el momento justo y a la medida de nuestros interlocutores, que también son Sus hijos.

Nuestra vida debe girar en torno al Señor. Lo que más nos cuesta precisamente es hacer nuestro Su temperamento, Su visión, Su desprendimiento, Su entrega, Su sabiduría, Su esperanza, Su confianza, Su amor…Hemos de transfigurarnos con Él.

Esa debe ser nuestra plegaria. Que no sea yo quien vive en mí, sino el Señor. Esta es la Gracia que debemos pedir incansablemente, porque solo Él es capaz de lograr que finalmente muramos a nosotros mismos, para vivir para Dios, nuestros hermanos y el Evangelio.

Oración:

Padre Santo, ayúdanos a desprendernos de tantas miserias que nos atan, como el hedonismo, la soberbia, el orgullo, la prepotencia, la impaciencia, el mal genio, la desesperanza, los prejuicios, la intolerancia, el cansancio, la comodidad, el engreimiento, la tristeza. Que seamos el pan para el alma que nuestros hermanos necesitan y buscan. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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