Texto del evangelio Mt 11,11-15 – el más pequeño en el Reino de los Cielos

11. «En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.
12. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.
13. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron.
14. Y, si quieren admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.
15. El que tenga oídos, que oiga.

Reflexión: Mt 11,11-15

Jesús emplea magistralmente las palabras -como siempre-, para ubicarnos en el tiempo Histórico, Único, al que estamos asistiendo. Es Histórico, así con “H” mayúscula, porque se refiere a una historia que está por encima de la historia universal, es la Historia de la Salvación o si se quiere, la Historia de la Humanidad. Para esta Historia, lo que acontece es central, porque lo que estamos presenciando es el cumplimiento de las promesas de Dios, para aquellos que saben oír, leer e interpretar los signos de los tiempos. Aquello que tiene que ocurrir, aquello que está escrito en los Planes de Dios, ocurrirá, a pesar de la oposición de cualquier clase e incluso violenta que ejerza el Enemigo. Juan el Bautista es una señal muy grande, muy notable que precede precisamente la llegada del Mesías, aquel que fue anunciado muchos siglos atrás, que sería precedido por Elías. Esto tendría que ser obvio para quien sigue las Escrituras, para los encargados de leerlas e interpretarlas, por eso es así como tendrían que admitirlo y si alguien sentía que le faltaban argumentos, la contundente afirmación de Jesucristo tendría que bastar para entenderlo. Solo hace falta prestar oídos. En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

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Texto del evangelio Mt 11,28-30 – mi yugo es suave y mi carga ligera

28. «Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso.
29. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas.
30. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Reflexión: Mt 11,28-30

Qué miedo dan los pasajes pequeños, porque son tan ricos que se limitan a unas pocas palabras y sin embargo, reflexionar sobre ellos es inagotable. Es que así es la Palabra de Dios, fuente de vida eterna. Fijémonos en lo que estamos diciendo… El encuentro con Dios sobrecoge, asombra, nos deja perplejos. Del mismo modo, tiene el poder para transformarnos; es cambiando, hasta llegar a hacer Su Voluntad, que encontraremos lo que en este texto nos revela, como una promesa. Lo que Jesús aquí nos ofrece a quien hace la Voluntad de Dios es de lo más atractivo que podremos encontrar, especialmente quienes nos sentimos fatigados, sobrecargados y agobiados. Ya aquí nos encontramos frente a una línea divisoria, que marca y delimita muy bien a quienes preferentemente está dirigida esta Palabra, porque encontrarán alivio en ella. Somos los que sufrimos, los que padecemos, los que pareciéramos no encontrar alivio en la vida, los abandonados, los que pareciéramos haber sido dejados solos con nuestro dolor, con nuestra suerte, para afrontar las cargas más pesadas y difíciles, los que encontraremos alivio. Es para quienes nos encontramos turbados y afligidos para quienes se dirige de manera especial este mensaje, porque encontraremos alivio en asumir la Palabra de Dios y seguirla. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

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Texto del evangelio Lc 1,26-38– ninguna cosa es imposible para Dios

26. Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27. a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
28. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
29. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
30. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
31. vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
33. reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
34. María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
35. El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
36. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
37. porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
38. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Reflexión: Lc 1,26-38

Estamos tal vez frente a una de las historias de amor más hermosas de las Escrituras, que involucran a Dios Padre, Creador del Universo, de todo lo visible y lo invisible, con una joven mujer, elegida por Él, entre todas las mujeres que existieron y existirán, para que sea madre de Jesucristo, el Hijo de Dios. Detengámonos un momento a reflexionar: ¿puede haber historia de amor más sublime, más increíble, más misteriosa que esta? Que Dios decida tener un Hijo con una de sus creaturas. ¿Por qué? Las razones se irán aclarando y revelando en los evangelios, no como un capricho o un deseo improvisado de Dios, y mucho menos como una imposición o una muestra de su poder. La mujer que Dios escoge sin duda no corresponde a los patrones o las características clásicas, que estamos tan habituados a encontrar en los concursos de belleza. Siendo una joven de un pueblito difícil de encontrar en un mapa de aquella época, no es sin embargo cualquier mujer. Se trata de una mujer virtuosa, pura, sin pecado concebida y virgen. Por si fuera poco, es del mismo linaje de David y su embarazo en estado virginal fue anticipado por los profetas, muchos siglos antes. Ella será la madre de Jesús, el Mesías, el Salvador. Más allá de quién pudiera ser la Virgen María, ¿no basta la inconmensurable distinción de haber sido elegida entre toda la humanidad para ser la Madre del Hijo de Dios para admirarla y venerarla? ¿Es que alguien en la historia de la humanidad ha tenido mayor privilegio? ¿Entonces, por qué razón algunas sectas –e incluso algunos seudo “cristianos” modernos-, se empeñan en negar la consideración especialísima que merece tal designación? Entre miles de millones, quiso Dios poner sus ojos en ella; por eso es la primera entre todos los seres humanos. Evidentemente allí no contamos a Jesucristo, que es Hijo de Dios, y aun habiéndose hecho hombre, en muchos aspectos similar a nosotros, no deja de ser Dios, por lo tanto corresponde a una categoría obviamente distinta, a la que solo puede pertenecer Dios…porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

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Texto del evangelio Lc 5,17-26– tus pecados te quedan perdonados

17. Un día que estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones.
18. En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de él.
19. Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús.
20. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados.»
21. Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?»
22. Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: «¿Qué están pensando en sus corazones?
23. ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te quedan perdonados”, o decir: “Levántate y anda”?
24. Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, – dijo al paralítico -: “A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.»
25. Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios.
26. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles.»

Reflexión: Lc 5,17-26

Tendemos a quedarnos en la superficie de los acontecimientos, en las manifestaciones externas y no pasamos de las apariencias a lo que es realmente importante. En este pasaje, ante una gran multitud, entre la que por cierto había un grupo selecto de letrados, sabios (o sabiondos) y científicos de aquella época, representantes del “sistema” de aquel entonces, Jesús hace una Revelación trascendente destinada a promover nuestra fe. Para aquellos que gustan quedarse en la vasija, en las apariencias externas, que siendo a veces extraordinarias, como en este caso, no son nada más que la EVIDENCIA de algo más profundo y fuerte, a lo que en realidad tendríamos que estar prestando atención. Jesús es capaz de aquello que nos parece imposible, porque es el Hijo de Dios: esto es algo que debemos tener la inteligencia y la humildad para reconocer. Nos lo impide nuestra soberbia; nuestra incapacidad para confesar llenos de asombro genuino: ¡Dios mío! Y caer de rodillas frente a la Divinidad, frente a un Dios que es AMOR, que ha querido presentarse entre nosotros como el más humilde. No somos capaces de aceptarlo en esta incomprensible grandeza, porque hubiéramos querido que corresponda a nuestros criterios, a nuestros estereotipos de Divinidad y grandeza. Si, efectivamente, presos de nuestra soberbia, de nuestra sapiencia y de nuestras teorías, no somos capaces de ver a Dios donde realmente está, porque nos hemos erigido en jueces de Dios, en la norma de aquello a lo que según nosotros tendría que ser Dios. Así, nuestra miopía nos impide ver a Dios entre nosotros. «Hombre, tus pecados te quedan perdonados. Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?»

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Texto del evangelio Lc 3,1-6 – Preparen el camino del Señor

1. En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene;
2. en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,
4. como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas;
5. todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.
6. Y todos verán la salvación de Dios.

Reflexión: Lc 3,1-6

Vamos a meditar en torno a lo que aquí nos propone Lucas el evangelista. Para él es importante hacernos notar que hay una relación entre el profeta Isaías, Juan y Jesús. ¿Cuál puede ser la importancia? Pues en primer lugar tengamos en cuenta que Elías escribió casi 800 años antes que Juan y Jesús, y los versículos que menciona correspondientes al capítulo 40 del libro de Isaías, están tradicionalmente considerados como referidos al Mesías esperado, al Salvador que habrá de liberar a sus pueblo, es decir a Jesús. Así que un primer hecho extraordinario a considerar es que pueda haber una relación entre los que escribió Isaías y Jesús habiendo casi 8 siglos de diferencia entre uno y otro. Hagamos un primer ejercicio tratando de interiorizar lo que significa esta diferencia en años. Fueron casi 8 siglos los que los musulmanes ocuparon España, desde el año 711 hasta 1492. Es muchísimo tiempo y tuvieron que ejercer una enorme influencia, a pesar que finalmente fueron expulsados. Es casi como que los Incas en el siglo XXII finalmente expulsen a los españoles, algo que a estas alturas parece inconcebible. Es mucho tiempo y han sucedido tal cantidad de procesos en el período que resulta imposible imaginar cómo sería esto. Tal vez haya una lección que aprender entre los dos episodios seleccionados para nuestra comparación, pero no viene al caso, pues lo único que queremos es provocar la interiorización de la enormidad de años que hay en un período de 800 años, lo que separa a Isaías de Juan y Jesús. Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.

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Texto del evangelio Mt 9,35—10,1.6-8 – el Reino de los Cielos está cerca

35. Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.
1. Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
6. diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.
8. Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis.

Reflexión: Mt 9,35—10,1.6-8

Si observamos, el pasaje que nos propone para nuestra reflexión hoy la Iglesia ha sido tomado de distintos versículo muy próximos, pero no contiguos. Ello nos lleva a anticipar que cada grupo encierra una idea y que juntos deben redondearla. Cada una de ellas puede ser tan importante o más que la otra, sin embargo dejando escoger a la inspiración del Espíritu Santo, podemos sentir con mucha fuerza que la idea central, en la que debemos meditar muy profundamente es que el Reino de los Cielos está cerca. Con mucha frecuencia se interpreta erróneamente que ello quiere decir que en cualquier momento llega el fin de este mundo. Por eso incluso desde los primeros cristianos, la primera generación llegó a creer que algunos de ellos vivirían para ver este fin y con él, la instauración del Reino de Dios. Se equivocaron, como es obvio. A pesar del evidente error diríamos que hay toda una escuela de pensamiento que de un modo u otro sigue aguardando el fin inminente, como si sobre esto quisiera advertirnos el Señor cuando dice que el Reino de los Cielos está cerca. Otros, descartando la primera idea presumen que el Señor se refiere a que el Reino está dentro de nosotros, por eso está cerca. Es cuestión de buscarlo mediante una introspección, lo que se logra buscando la paz, el equilibrio, el silencio y la meditación. Ninguna de estas ideas deja de tener algo de cierto, sin embargo nos atrevemos a afirmar que hay otra idea que pretendemos que se aproxima mucho más a lo que el Señor quería revelarnos, que pasaremos a explicar. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

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Texto del evangelio Mt 9,27-31 – Hágase en ustedes según su fe

27. Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»
28. Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»
29. Entonces les tocó los ojos diciendo: « Hágase en ustedes según su fe.»
30. Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Miren que nadie lo sepa!»
31. Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

Reflexión: Mt 9,27-31

Jesús nos da una prueba poderosísima e irrefutable de lo que podemos lograr con la fe en Él. Esta es la garantía de la victoria sobre la muerte, es la garantía de nuestra salvación, la garantía que las promesas de cristo habrán de cumplirse, la garantía de la Vida Eterna. No somos solo nosotros. No es tan solo nuestra fe. Es nuestra fe en Él y con su intervención. ¡Esa es la Gracia que debemos pedir! No siempre será necesario que nos toque, tal como hizo con estos ciegos, porque el Señor puede lo imposible, pero sí será necesario que le pidamos con fe y que de algún modo Él intervenga. Él atenderá nuestras súplicas, pero antes tiene que haberlas, porque es de esta forma que se manifiesta nuestro pedido y nuestra fe. Tenemos que hacer nuestra parte y esta consiste en movilizarnos de algún modo hacia Él y ponernos a su disposición con fe, es decir, creyendo firmemente que habremos de obtener la Gracia que pedimos, porque es buena, porque es justa y corresponde a la Voluntad de Dios. «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: « Hágase en ustedes según su fe.»

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Texto del evangelio Mt 7,21.24-27 – entrará en el Reino de los Cielos

21. «No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.
24. «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca:
25. cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.
26. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena:
27. cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»

Reflexión: Mt 7,21.24-27

Lo primero: al Reino de los Cielos se entra. No sabemos si este llega a nosotros o nosotros llegamos a él; en cualquier caso es irrelevante, porque lo importante es entrar. Ahora que no entra cualquiera. Hay una condición fundamental para entrar, la misma que no necesariamente la cumplen los piadosos, los orantes. No basta tener una vida dedicada a las acciones piadosas y la oración. Hay gente que lamentablemente le da demasiada importancia a esto, que siendo relevante, no es determinante. Nos lo dice el mismísimo Señor. Hace algunos meses trabábamos una gran discusión en la red con alguien que insistía mucho en las formas, concretamente cómo se debía recibir la comunión, si en la mano o en la boca. Y hay un grupo de cristianos que andan sumamente preocupados en recuperar las tradiciones y parece un tema importante, porque de ellas se derivan una serie de consecuencias respecto a nuestro comportamiento, que luego pueden influir en nuestras formas externas de manifestar la fe. Sin embargo ello no debe ser motivo de enfrentamiento y segregación, porque lo que es esencial, lo dice aquí el Señor, es hacer la Voluntad de nuestro Padre Celestial. No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.

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