No he venido a traer paz, sino espada

No he venido a traer paz, sino espada – Mateo 10,34–11,1

No he venido a traer paz, sino espada

“No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.”

Lunes de la 15ta Semana del T. Ordinario | 15 Julio del 2019 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

No he venido a traer paz, sino espada

¿Qué podemos decir de estas palabras del Señor? ¿Qué son demasiado fuertes? ¿Que no se pueden comprender? ¿Qué no parecen corresponder a un Señor que todos creemos conocer como la mejor expresión del amor?

Se nos hace sumamente difícil pensar que este es el Señor humilde, amoroso, buscador de la paz, aquel que nos invita a poner la otra mejilla cuando alguien nos trata mal. Aquel que nos invita a perdonar y a acompañar dos millas a quien nos pide una.

¿Cómo entender este cambio? Primero, ¿es en verdad un cambio? ¿Es esta prédica distinta a aquella con la que tal vez estamos más familiarizados? Pues parece que no; lo que pasa es que siempre nos gusta tomar lo que nos agrada y dejar lo otro.

la_espada

No he venido a traer la paz

Tal afirmación, descontextualizada, podría parecer una proclama de aquél fundamentalismo que tan asiduamente nos achacan. Y si a ello agregamos que en vez de la paz, el Señor ha venido a traer la espada, pues parece que tenemos todos los ingredientes para una guerra religiosa.

¡Qué agradable sería ello para los perseguidores de la Iglesia! Sin embargo nada más lejano. La Palabra del Señor necesita ser meditada; reflexionada. No hay nada más coherente que Su Palabra, que ilumina nuestra historia.

El Señor, a través de este texto quiere sacudirnos y sacarnos de nuestra comodidad, de nuestra tibieza e indiferencia. Ser cristiano es mucho más que solo ser humilde, entendido como apocado y bonachón. Exige poner a Cristo en el CENTRO de nuestras vidas.

Vayamos entendiendo lo de la espada

El Señor nos pone uno contra otro, empezando en nuestra familia, porque ser cristianos exige ir contra corriente. No se trata de adaptarnos al mundo en el que nos ha tocado vivir, sino de enfrentarlo. ¿Por qué?

Porque en este mundo, mucho más en este siglo XXI, manda el Príncipe de las tinieblas. ¡Así es! El mundo siempre ha estado de cabeza, pero mucho más a partir de la revolución francesa en que a nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, se empezó a perseguir nuevamente al cristianismo.

Es treta del Demonio habernos hecho creer que él no existe y que el cristianismo nos oprime y que coacta la libertad. Es engaño suyo habernos hecho consentir que finalmente hemos accedido a la libertad, y que esta es contraria a la fe cristiana que nos esclaviza.

“No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.”

El engaño de la modernidad

Se ha híper valorado a la modernidad, haciéndonos creer que modernidad, adelanto tecnológico, desarrollo y avance, son sinónimos y que todos ellos nos llevan por arte de magia a la libertad y la luz. Todos rasgos positivos que debemos alcanzar.

Y, por el contrario, es arcaico, atrasado, oscuro, conservador, obsoleto, opresor y propio del fundamentalismo todo lo que se opone a la modernidad, contándose en primera fila la religión, especialmente la católica. Todas características negativas que debemos descartar.

Con el propósito de ser aprobado y aceptado por la sociedad moderna, nuestros contemporáneos se esfuerzan y compiten por lograr aprobación, lo que los lleva a cuidarse de evidenciar un comportamiento positivo, es decir, políticamente correcto.

Al cristiano no le es dado traer la paz

Si traer la paz representa vivir conforme a estos engañosos y demoniacos criterios de modernidad, que se han ido elaborando a través del tiempo para combatir a Dios y la vida cristiana, al cristiano no le es dado llevar esta paz confortable y conformista.

Y aunque no será el cristiano quien levante la espada, esta será levantada contra él, como lo ha sido a lo largo de la historia, porque es propio del demonio perseguir al amor, la verdad y la luz. El cristiano no es aceptado en este mundo.

Globalismo, generismos (Ideología de Género) y anticristianismo son las banderas que ha levantado el demonio en occidente para abatir de una vez por todas a la civilización judeo-cristiana que dio origen a nuestra cultura universal.

La Bestia se sacude contra el cristianismo

Buscando erradicar el cristianismo de la faz de la tierra, el Demonio se confabula con todas aquellas fuerzas sociales e ideológicas que a nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad atacan y pretenden destruir a la Iglesia, aun antes de la revolución francesa.

Los ataques sin tregua son cada vez más fieros, haciendo cada vez más difícil que los pueblos le hagan frente en forma aislada. Pervirtiendo las mentes y los espíritus encuentran adeptos que por dinero, comodidad y aceptación enarbolan las banderas del totalitarismo anticristiano.

Muchos sacerdotes y obispos e intelectuales se pliegan a este movimiento por conveniencia, por temor e incluso algunos engañados. El verdadero cristiano queda solo y aun en su casa es censurado y maltratado. ¿Qué debe hacer? ¿Se alinea o se aísla o se enfrenta?

“No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.”

Cristianos contra corriente

Al verdadero cristiano no le queda otra que defenderse con las poderosas armas que tiene a la mano e ir contra corriente, incomprendido, vituperado y maltratado, como si fuera el vestigio de un pasado oscuro al que la modernidad se esfuerza por superar y enterrar.

En el colmo de su insensatez presenta como sus armas imágenes, “fetiches”, oraciones y practicas piadosas que no solos revelan el “oscurantismo” intrascendente y arcaico en el que vive, sino que encima pretende predicarlo a los demás. ¡Nada más grotesco!

El cristiano paree condenado al ostracismo, al ridículo y a la desaparición, arrasado por corrientes cientificistas y modernas, que se fundan en hechos objetivos, que no se ajustan a las idílicas historias narradas en sus libros sagrados.

La Verdad de la Cruz

¿Quiere todo esto decir que la muerte de Jesucristo en la Cruz no existió? ¿O que en todo caso es parte de una historia mítica que sirvió a los cristianos para conquistar al mundo y que en todo caso ha dejado de tener sentido?

Para creer en Dios hace tanta fe como para negarlo, porque llegado al extremo de la discusión, se trata de creer o no creer, porque en cualquier caso hay un misterio que no se puede a ciencia cierta en nuestro origen y el de toda la Creación.

Para nosotros, los cristianos, no hay nada más razonable que la historia que nos Revela Dios en la Biblia, que además coincide con la Buena Noticia de la que Jesucristo, el Hijo de Dios es portador. Y entre creer en el absurdo de la generación espontánea o cualquier otra historia inventada por hombres soberbios, preferimos a creer a Dios que se ha revelado en nuestra historia.

Jesucristo el Camino, la Verdad y la Vida.

Jesucristo no solo nos ha Revelado al Padre, nuestro Creador, quien hizo todo por amor, sino que Él mismo nos ha enseñado que hemos sido creados para alcanzar la felicidad y la plenitud en el Cielo, el cual solo alcanzaremos si decidimos amar.

El Hijo de Dios irrumpió en nuestra historia en la plenitud de los tiempos para mostrarnos el Camino, la Verdad y la Vida. Jesucristo se hizo hombre y vivió entre nosotros, constituyéndose en el modelo que hemos de seguir para alcanzar la Vida Eterna para la cual fuimos creados.

El Camino es Él mismo, que nos conduce a la Verdad y a la Vida. La condición para alcanzar la plenitud es vivir en la Verdad, que es contraria al mundo y al Demonio, como lo es el amor, porque no se puede amar sin vivir en la Verdad. Por eso el mundo nos persigue. Por eso la Cruz, como recuerdo y símbolo de la Verdad y nuestra Salvación es incómoda para este mundo.

Sin embargo, Cristo vio al mundo a salvarnos y nos dejó a sus discípulos, a los cristianos, la misión de conducir a nuestros hermanos a la verdadera libertad del amor, la Verdad y la Vida. Por ello, no podemos desistir de seguir este Camino, aun cuando nos persigan, insulten e inclusive nos maten.

Seguir al Señor no es fácil. Nunca lo ha sido. Tampoco lo será en este siglo XXI en ninguna parte del Planeta. Aferrémonos a la oración, al Rosario, a la Eucaristía frecuente y a practicar las Bienaventuranzas y en el momento menos pensado llegará la victoria definitiva. Jesucristo ha vencido al Mundo.

Oración:

Padre Santo, ayúdanos a perseverar en la oración, en los sacramentos y en el amor, aun cuando la noche parezca más oscura, sabiendo que Jesucristo ha vencido al Mundo y que la victoria final está cerca y será nuestra, en la medida en que permanezcamos unidos a Ti… Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

(53) vistas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *