los pecadores

Mateo 9,9-13 – los pecadores

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«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Vayan, aprendan lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Viernes de la 13ra semana del T. Ordinario| 02 Julio del 2021 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

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¿Cómo ilumina el día de hoy la Palabra del Señor? Hay momentos en que lo vemos de modo evidente. Esperamos poderlo comunicar. Hoy somos testigos del encuentro con Leví, a quien Jesucristo llama Mateo, quien era un recaudador de impuestos.

Estamos frente a un individuo como muchos de nosotros, muy bien instalado y gozando seguramente de los privilegios de estar sirviendo al poder de turno. No solo recaudaba impuesto, sino que estos eran para la potencia enemiga que ocupaba su territorio.

Situación más antipática difícilmente podemos imaginar. Sin embargo, Jesucristo se fijó en él y lo llamo. Tampoco oculta Jesús su reunión con él, sino que en compañía de todos come con él. Entre tanto, qué estaría pasando por la cabeza de Mateo.

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Jesucristo se reúne con los pecadores

Lo que si queda registrado en el Evangelio es la reacción de los fariseos. Los chismosos e hipócritas saltan inmediatamente prestos a condenar a Jesús, por no saber escoger con quien se junta. ¿Cómo podía ser que no cuidara su imagen?

Seguramente también querían dejar en evidencia que después de todo habían cosas que escapaban a su condición. ¿No era tan bueno y sabio? ¿No era el Mesías? ¿Cómo podía ser que no supiera quién era Levi? Y si lo sabía ¿Cómo es que se sienta en la misma mesa?

Gran lección para todos nosotros que por lo general evitamos aciertas personas. El Señor no desprecia a nadie. Es más: se junta con los despreciados, con los descartados, con los pecadores. Esto es lo que debemos aprender hoy. Necesitan médico los enfermos.

¿Quiénes son los pecadores hoy?

¿Qué implicancias tiene en nuestras vidas hoy, en plena pandemia, en plena ofensiva comunista la Palabra del Señor? ¿Será que no debemos dejar de prestar oídos a nadie? No debemos tener temor a juntarnos con nadie. Tampoco con aquellos que piensan distinto.

Son los detractores, los que andan confundidos o los que abiertamente defienden ideas o ideologías contrarias a nuestra fe, con los que tenemos que dialogar. Estos son los enfermos, los pecadores a los que tenemos que evangelizar.

Para tal efecto no debemos confiar en nuestras habilidades, en nuestros conocimientos o en nuestra capacidad de persuasión. Recordemos que no es a nosotros mismos que anunciamos, sino a Jesucristo. Por ello debemos orar mucho poniéndonos en manos del Señor.

¿Quién obra el cambio en los pecadores?

La transformación, tal como ocurre en este pasaje, va por cuenta de Cristo. Es Gracia de Dios. Es el encuentro de Cristo con los pecadores el que tiene el poder de cambiarnos totalmente. Entonces nosotros estamos llamados a ser simples instrumentos.

No es el mucho leer, o el mucho estudio o nuestro dominio del tema y los argumentos. Es Él y solo Él quien puede causar el efecto con el que soñamos. Hemos de estar convencidos de ello. Pidamos al Señor que opere con nosotros de este modo.

Es pues obligatorio salir de nosotros mismos. No podemos mantenernos agazapados en nuestras guaridas. Hemos de buscar por los medios a nuestro alcance a los “enfermos”, a los pecadores. Esto en sentido literal (hoy por hoy) y figurado.

Hemos de esforzarnos en entender aquello de “misericordia quiero y no sacrificios”. La misericordia nos obliga a salir al encuentro de nuestros hermanos, empezando por los más alejados. Es decir, por los que se encuentran en mayor peligro de extraviarse.

Menuda tarea nos pone el Señor por delante. Salir al encuentro de pecadores y enfermos, con la confianza que nos da el saber que Él viene con nosotros. Él nos acompaña. ¡Dejémoslo actuar! Bajemos nuestro ego y tengamos más fe, que Él no falla.

Oración:

Padre santo, ábrenos los ojos, ábrenos la mente y ábrenos el corazón para que seamos sensible con nuestros hermanos. Especialmente con aquellos que tenemos la tentación de dejar rezagados porque no nos entiende o no piensan como nosotros. Que no les anuncie a nosotros, ni nuestra visión, sino tú santa Palabra. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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