Mateo 9,1-8 – Levántate y anda

julio 5, 2018

Levántate y anda

“Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: Levántate y anda?”

Jueves de la 13ra Semana del T. Ordinario | 05 de Julio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Levántate y anda

Al Señor Jesucristo se le ha dado todo poder en el Cielo y en la Tierra, tal como Él mismo lo dice en Mateo 28,18. El Señor siempre dice la Verdad y habla claramente, de tal manera que cuando dice que se le ha dado todo poder, quiere decir exactamente eso.

El episodio que se narra aquí debía bastar para cimentar sólidamente nuestra fe. Jesucristo es Hijo de Dios, Creador del Universo, enviado para salvarnos, cuando se había cumplido el tiempo, ni antes, ni después. Su irrupción en el mundo es un hecho histórico.

Levántate y anda

 

Todo ocurrió tal como se narra y de eso hay sobrada evidencia histórica. No se trata de una leyenda, ni de un mito, sino de un hecho histórico. Eso incluye todo los milagros de los que dan cuenta los Evangelios.

Se trata de hechos extraordinarios nunca antes vistos y tampoco después, no en su magnitud, ni cantidad. ¿Por qué? Porque estamos nada menos que ante el Hijo de Dios. Esto es lo que debemos reconocer y declarar, muy a pesar del Demonio y sus servidores.

“Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: Levántate y anda?”

Hemos de concluir en que las evidencias son suficientemente contundentes y si es así, debemos esforzarnos por comprender con esta misma lógica las revelaciones y promesas que nos hace Jesucristo, porque todos estos sucesos no hacen nada más que ratificar su Veracidad.

En este pasaje, los fariseos y todos sus detractores se quedan estupefactos, con la boca abierta y sin poder rechazar lo que el Señor nos enseña y revela, a no ser por supina necedad o estupidez, que es lo mismo.

Dudar de las Palabras del Señor luego de asistir a este evento, es una soberana estupidez. Hay que decirlo con todas sus letras y solo puede ser obra del orgullo, de la soberbia o de la vanidad, en definitiva, obra del Príncipe de este mundo, que lo que quiere es echarnos a perder.

Hay algunos que hemos caído atrapados fuertemente entre sus garras, que nos tiene prisioneros y engrilletados, sin poder ni movernos. Mucho menos podremos razonar y reconocer lo que es evidente. ¿O pondremos en duda los Evangelios?

Ya si llegamos a eso, quiere decir que estamos obsesionados con negar lo evidente, tal vez porque estamos atrapados en vicios, mentiras o pecados que nos avergüenzan, que no podemos ni queremos dejar, pero que nos están destruyendo y que no cejarán en sus esfuerzos hasta vernos por completo perdidos y hundidos.

“Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: Levántate y anda?”

Nada hay peor que la mentira, más aun cuando ella empieza por hacernos víctimas del engaño a nosotros mismos, que la hemos creado. Usar como argumento nuestra propia mentira es ya el colmo del cinismo, pero en eso caemos por ambición, orgullo, soberbia, vanidad o egoísmo.

Luego surge aquella tonta excusa, que no se la podemos admitir ni a un niño, que es “como todo el mundo lo hace, yo también lo hago”. ¡Qué pavada! ¡Qué idiotez! ¿A quién engañamos? Tal vez a alguno que otro inocente, pero desde luego no a nosotros mismos y mucho menos a Dios.

Si estamos viendo que un paralítico se incorpora y anda, llevando su propia camilla…¿Por qué no podemos creer que el Señor tiene el poder de perdonar los pecados? Y si Él perdona los pecados, cura a un paralitico y multiplica los panes, ¿por qué no puede dar este poder a los sacerdotes?

Pues es este poder extraordinario el que el Señor ha querido dejarnos en cada uno de los Sacramentos. Todos y cada uno nos sirven para fortalecer nuestra fe y hacer posible que caminemos a la Verdad a impulsos del Espíritu Santo.

¿Y a través de quienes se nos imparten los sacramentos? A través de los sacerdotes, siendo la única excepción el matrimonio, en que son los mismos contrayentes los celebrantes que se dispensan a sí mismos (uno al otro) esta gracia en presencia del Sacerdote y teniendo como testigos a la comunidad.

“Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: Levántate y anda?”

Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios, pero como signos, también tienen un fin pedagógico. No sólo suponen la fe, sino que a la vez la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y cosas; por esto se llaman sacramentos de la fe.

Jesucristo ha instituido y nos ha dejado no solo los Sacramentos, sino la fe y la Iglesia como depositaria y promotora de la misma. Además nos ha enviado al Espíritu Santo como guía y garantía de fidelidad a la Verdad, la cual nos va ayudando a descubrir, hasta alcanzar la plenitud.

Todo esto y mucho más ha hecho Jesucristo para que le creamos y creyéndole nos salvemos. Nos ha enseñado a orar de forma muy sencilla, pero con las palabras precisas del Padre Nuestro. Jesucristo quiere que creamos para que hagamos lo que nos manda.

Oración:

Padre Santo, danos la fe necesaria para hacer Tu Voluntad y de este modo salvarnos tal como es Tu mismísima Voluntad. Que nos abandonemos a ella. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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