Mateo 8,5-17 – vendrán muchos de oriente

vendrán muchos de oriente

“Y les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”

Sábado de la 12da Semana de T. Ordinario | 30 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

vendrán muchos de oriente

Hay dos cosas que nos asombran en esta lectura: primero, obviamente la fe del centurión, precisamente un gentil, un pagano. Y en segundo lugar, la frase de Jesucristo que a propósito de la fe del centurión nos lanza a muchos de nosotros, cual advertencia:

…vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera…

No faltará quien tome estas palabras como amenaza y para justificar su rechazo a un supuesto Dios castigador. Somos muy propensos a encontrar excusas para justificarnos, sobre todo cuando por alguna razón no hacemos lo que debíamos.

vendrán muchos de oriente

Siempre hay otro que tiene la culpa y en esta ocasión no tendremos ningún reparo en culpar al Señor. Claro, interpretando estas palabras como amenaza, argumentaremos que no las oímos ni aceptamos porque no creemos en un Dios castigador, que nos trata al miedo.

Como buenos hijos de este tiempo, signado por el relativismo, tal vez diremos que el Cristo en el que creemos es un hombre, como nosotros, que nos comprende mejor que nadie y que no se solaza castigándonos, sino que busca nuestra corrección.

Si lo decimos en público, en una red social, lograremos muchos “me gusta” y gran respaldo, lo que nos hará sentir muy bien, al comprobar que además logramos un cierto consenso entre nuestros interlocutores.

Sin embargo, hemos de preguntarnos si es correcto tomar de Dios o Su Palabra solo aquello que nos gusta, que comprendemos o que nos resulta más afín, descartando lo que nos incomoda. Si hemos de suponer que estamos en lo correcto, dado el consenso que parece alcanzar nuestra opinión.

“Y les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”

De esto precisamente nos habla Dios hoy. Los que debíamos dar testimonio de fe, somos indiferentes o sometemos todo a nuestro juicio crítico, de donde sale aprobado tan solo aquello que a nuestros ojos y según nuestros criterios es correcto.

Nosotros decidimos qué se puede aceptar y qué no. En qué podemos creer y en qué no, de tal modo que la Imagen de cristo se ajuste a los criterios y características que a nosotros nos parecen aceptables, lógicas y coherentes.

Lo que no se ajusta, zas, lo descartamos y se acabó. Creemos en lo que nos parece y hasta donde nos parece. ¿Quién puede decirnos qué es lo correcto? De tanto usar este lenguaje y razonamiento relativista, no encontramos otro manera de describir a Jesucristo que a nuestro modo, aprobando que cada quien lo haga de la misma manera.

O sea que Jesucristo, el Hijo de Dios, no tiene cualidades intrínsecas, sino que “depende”. Para algunos será una cosa, para otros otra y mejor ni hablar de ello, porque nunca acabaremos de entendernos, y todos tenemos “derecho” a creer lo que queramos en nuestro “fuero interno”.

Esto es lo que nos vende este mundo y lo que la mayoría compramos, así que, si hay consenso, ha de estar bien. ¿Qué nos dice el Señor en esta lectura? ¿Tiene la fe algo que ver con el consenso? ¿A quiénes se refiere cuando dice que vendrán de oriente y occidente?

“Y les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”

¿Nos está amenazando? ¡No! Nos hace notar que no sabemos apreciar lo que tenemos, lo que hemos recibido. Jesucristo ha venido a nosotros y muchos de nosotros no hemos querido entender quién es, qué quiere, que nos pide y por qué.

Viendo al centurión, tenemos que ejercitarnos en la fe verdadera, de quien no duda ni por un solo instante que aquello que está pidiendo, por ser justo y necesario, le será concedido. El Centurión es un oficial del ejército invasor, enemigo de Israel.

Por lo tanto, no es preciso haberse formado en una escuela teológica, sino tan solo sentido común. No se requieren conocimientos extraordinarios de ninguna clase, ni riquezas, ni privilegios. Solo tener muy claro quién es Dios y creer en Él.

Porque, se es Dios o no se es Dios. No puede ser un dios a medias o un dios a mi imagen y agrado. Dios Es. Ya lo hemos dicho antes. Es preciso que meditemos en esta idea, para que no sigamos sosteniendo absurdos, haciéndole el juego al demonio.

Porque en esto también hay que ser enfático. O estamos con Dios o estamos contra Él, porque el que no recoge, desparrama. No podemos ser tremendos hombres y mujeres, hechos y derechos y seguir sosteniendo actitudes e imágenes infantiles.

“Y les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”

Ese “yo creo en Dios” que manifiestan muchos seudo católicos, que acto seguido sueltan una retahíla de cosas en las que han escogido no creer, quién sabe con qué autoridad y criterio, es posiblemente una de las posturas más extendidas y la que más daño hace, porque corresponde a la gruesa rama de los incoherentes e indiferentes.

Es conociéndolos y amparándose en ellos precisamente que los enemigos de la Iglesia osan atacarla, pues son los primeros que pican el anzuelo y difunden sus mentiras, promoviendo con su actitud el rechazo, potenciando la indiferencia.

Estos “católicos” rara vez van a Misa, no acuden a procesiones y son indiferentes a todo llamado y convocatoria de la Iglesia. No conocen sus documentos, no oran, no meditan la Palabra de Dios, ni frecuentan los Sacramentos.

Contribuyen con el número en las encuestas, pero casi nada más. Es a estos a los que el Señor dirige su advertencia hoy y a los que dirigimos nuestra reflexión, porque, de no cambiar de actitud, a pesar de todo, serán cristianos procedentes de oriente y occidente los que ocuparán sus lugares en el Reino de los Cielos.

Qué triste será para algunos de nosotros comprobar aquél día que estábamos tan cerca y que sin embargo perdimos nuestra oportunidad, por desidia, por indiferencia, por comodidad. ¡Despertemos de nuestro letargo! ¡Somos nosotros a los que el Señor ha convocado!

Oración:

Padre Santo, te pedimos que no permitas que desfallezcamos en la oración constante, perseverante, permanente, pidiendo la luz y el impulso de Tú Espíritu Santo en cada paso que damos en nuestra vida cotidiana. Que no hagamos nada sin antes haberle invocado. Que rompamos con la comodidad y la indiferencia. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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