queda limpio

Mateo 8,1-4 – queda limpio

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“«Señor, si quieres, puedes limpiarme.» Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.» Y en seguida quedó limpio de la lepra.”

Viernes de la 12da semana del T. Ordinario| 25 de junio del 2021 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Génesis 17,1.9-10.15-22
  • Salmo 127,1-2.3.4-5
  • Mateo 8,1-4

Reflexión sobre las lecturas

queda limpio

El Señor es Todo Poderoso. Solo Él es capaz de decir “queda limpio” y con estas palabras curar cualquier enfermedad, enderezar o restaurar lo que sea. Nada es imposible para Dios. Aquí lo vemos. De aquí la convicción pregonada por todos los santos.

Estas palabras pronunciadas atendiendo el pedido de un leproso, están destinadas a hacer eco en la mente y corazón de todos los que nos acerquemos a Él con la misma fe y determinación. Para Dios no hay imposibles. Lo que hace con el cuerpo lo puede hacer con el alma.

Cristo es pues la respuesta a todas nuestras aflicciones. Él lo transformará todo para darnos lo más grande, lo más preciado a lo que podemos aspirar: a reconciliarnos con nuestro Padre Creador y por lo tanto, a la vida eterna.

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Es por Voluntad de Dios que queda limpio

Es Él mismo que por Su Bendita Voluntad Divina le dio a Abraham el hijo, Isaac, no tuvo sino hasta cuando tenía 100 años y 90 Sara, su mujer. Con él sello una alianza que se transmite de generación en generación, por cuya fidelidad alcanzamos la salvación.

Jesucristo y la Buena Nueva del Reino que Él nos revela son parte de esta promesa cumplida. Dios no falla nunca. Él es la esperanza, nunca defraudada, en la que hemos puesto nuestra confianza de generación en generación.

Para que nuestros hijos no vivan perdidos como oveja sin pastor es obligación nuestra educarlos en la fe. Eso hicieron nuestros padres y los padres de nuestros padres. Por eso somos cristianos. Hay que repetirlo porque parece que lo hemos olvidado.

El hombre de hoy cree que puede prescindir de Dios

El hombre moderno ha llegado a un grado de comodidad y bienestar que siente que todo lo puede y que nada le impide lograr hacer lo que quiere y con ello encontrar la felicidad. Se ha olvidado de esta promesa porque ha llegado a creer que Dios ni existe, ni lo necesita.

Paralelamente ha ido adoptando ideologías contrarias a la fe, en la creencia que no hay nada que la ciencia no pueda resolver o explicar. La humanidad entera, alejándose de Dios, se ha vuelto a dejar seducir por el demonio, creyendo que puede prescindir de Dios.

Es esta falta de fe la que lo viene llevando al extravío, sepultando los principios éticos y morales que antes rigieron su conducta. Poco a poco va perdiendo los escrúpulos que le obligaban a un comportamiento más juiciosos y moderado.

La mentira ha sido entronizada

Ya no recocemos una verdad, con lo que cada quien encuentra la forma de justificar lo que hace, incluso lo que antes se hubiera considerado descabellado. Cada quién se ocupa de sus cosas y no se mete en la vida de los demás.

La promesa de Dios sigue en pie, como todos lo podemos constatar, pero solo algunos lo reconocen. Por el mismo poder con que Jesucristo decreta “queda limpio” se sigue sosteniendo el Universo creado por Dios para hacer de este nuestro hogar.

Que haya muchos que no lo reconocen, no cambia sus promesas. Él nos amó desde la eternidad y nos llamó a la vida. No hay nada que hubiéramos hecho para merecerlo y nada más que su Santísima Voluntad en el Génesis de cuanto existe, incluyéndonos a nosotros.

El que nosotros lo aceptemos y reconozcamos como el comienzo y el fin, no modifica esta realidad, ni tampoco Su Alianza. Porque Dios, nuestro Padre, es Amor. Él es fiel; cumple sus promesas. Las puertas de cielo han sido abiertas por Jesucristo. Sin embargo, ¿entraremos? Eso sí depende de nosotros.

Oración

Padre Santo, límpianos de toda soberbia, de toda maldad. Aparta de nosotros el egoísmo y ayúdanos a encontrar la fe perdida, para que sepamos reconocer y hacer Tu Voluntad, solo entonces será posible alcanzar Tus promesas. Te lo pedimos por Tú Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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