Mateo 5,27-32 – ya cometió adulterio

ya cometió adulterio

“Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo les digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.”

Sábado de la 10ma Semana del T. Ordinario | 15 Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

ya cometió adulterio

En general queremos siempre más permisividad y comprensión con nuestras debilidades. Queremos hacer lo que nos place, lo que nos da la gana. Y a esto alguien ha motejado como libertad y nosotros hemos querido creerlo: libertad igual hacer lo que te viene en gana.

De este modo, una vez que hemos renunciado a razonar y partiendo de esta base, estamos dispuestos a seguir a un Dios que sea laxo y no nos exija limitación alguna. Si esta condición no se cumple y con la complacencia del Príncipe de este mundo, muchos nos revelamos.

ya cometió adulterio

No cuesta mucho esfuerzo encontrar otros dispuestos a secundar nuestra decisión. Y es que en realidad pocos estamos dispuestos a postergar y aun sacrificar nuestros deseos. No está en nosotros encausarlos y mucho menos cohibirlos.

En eso somos tan testarudos. No nos detenemos a reflexionar un momento qué ocurriría si a todos se nos antojara dar rienda suelta a nuestros deseos, sin contemplación alguna. Tal vez ha llegado el momento de hacer un ejercicio especulativo. Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

¿Crees sinceramente que es libertad hacer lo que te da la gana y que todos debíamos tenerla para hacer lo que se nos antoja? Tal vez ocurre que no te has detenido a reflexionar en las consecuencias. Veamos algunos de miles de diferentes escenarios posibles.

Eres un adolescente de 16 años de edad y llegas un día a tu casa con una hermosa chica que conociste hace algunos días y de la que has caído enamorado. Aprovechando que la dejas por un momento a solas, viene tu padre, la seduce y cuando retornas los encuentras fornicando. A nombre de la libertad, ¿estaría bien? ¿cómo te sientes?

Cambiemos un poco la escena. ¿Qué ocurre si encuentras a tu padre forzándola y tratando de aprovecharse de ella, y cuando le increpas te contesta que no pudo resistirse a los atractivos de tan monumental muchacha? ¿estaría bien? ¿cómo te sentirías?

Tal vez, en ese momento, en un arranque de celos y de locura, además de legítima defensa de aquella niña, de la que además estás enamorado, tomas cualquier objeto y le revientas la cabeza, matándolo en el acto. ¿Estaría bien? ¿cómo te sentirías?

Como no hay otro testigo del crimen que tu enamorada se ponen de acuerdo lo descuartizan y entierran sus partes por diferentes lugares. ¿Exagero? ¿No leemos varias veces al año este tipo de noticias en los diarios? ¿No las vemos en televisión? ¿Estaría bien? ¿cómo te sentirías? Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Es verdad, otras veces no es por sexo, sino por dinero, por la herencia, por la empresa o la fortuna familiar. ¿Eso hace el crimen más benigno, como para algunos es más grave cuando matan a una mujer que cuando matan a un recién concebido?

Podemos seguir ensayando otras variables sobre el mismo tema. Un día encuentras a tu madre acostada con tu mejor amigo o que tu primo, aprovechando que no hay nadie en casa está violando a tu hermana menor, quien aterrorizada no dice palabra. ¿Estaría bien? ¿cómo te sentirías?

A estas alturas, ¿no crees que es necesario mantener ciertas reglas mínimas para hacer posible la convivencia pacífica en una sociedad? ¿Es que está bien que cada quien haga lo que le da la gana? ¿Qué hay si viene alguien más poderoso y somete al más débil y lo obliga a hacer lo que quiere, contra su voluntad? ¿Estaría bien? ¿cómo te sentirías si fueras tú el débil?

Es pues una soberana mentira, una tremenda hipocresía y una gran estupidez decir que hacer lo que a uno le da la gana es libertad. Puede ser prepotencia, puede ser irresponsabilidad, incluso idiotez, pero jamás será ejercicio de la libertad. Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

La libertad nos ha sido dada para escoger entre dos bienes, el que mejor nos conduce al propósito para el cual fuimos creados. Como seres inteligentes, dotados de voluntad, debemos preferir siempre lo mejor, lo que no haga daño a nadie, lo que no perjudique y convenga con vista a nuestra realización personal.

Todo en este mundo tiene un propósito. Todo ha sido creado por Dios para algo. Y nosotros, humanos, hemos sido creados para ser felices y vivir eternamente. Es en función de este propósito que debemos acercarnos o alejarnos de cuanto tenemos a nuestro alance.

Es en función de este propósito supremo al que todos hemos sido llamados por Voluntad de Dios, que debemos normar y regir nuestras vidas y, haciendo uso de nuestra libertad, tomar buenas decisiones. Las leyes Divinas nos han sido comunicadas para hacer posible este propósito.

Las leyes humanas, allí donde sean necesarias, deben tener en cuenta este principio fundamental. Estas nos deben llevar a tener en cuenta el bienestar y las necesidades de los demás, antes que la satisfacción y el placer personal. Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Si fuimos creados para alcanzar la plenitud, y si plenitud es desarrollar al 100% nuestras facultades, conociendo la Verdad completa, cualquier cosa que coacte, atente o limite este propósito constituirá un delito o desde la perspectiva del Plan de Dios, constituirá un pecado.

Desde el punto de vista de Dios, revelado por Jesucristo, no es el deseo ni la efímera satisfacción personal la que nos conducirá a la plenitud, sino el amor. Por ello, hemos de amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, para alcanzar el propósito para el cual fuimos creados.

Los Mandamientos de Dios y las leyes naturales están encaminados a hacer posible el logro de este propósito. Estaremos ejerciendo mayor libertad en tanto podamos sacudirnos de cuanto nos ata y restringe a vivir en el error, impidiéndonos alcanzar el propósito para el cual fuimos creados.

Hacer lo que nos da la gana, sin tener en cuenta el propósito para el cual fuimos creados no es libertad, sino necedad, estupidez, que nos conduce a la oscuridad, la destrucción y la muerte. En tanto que, sacudirse de estas cadenas para caminar a la luz, nos hace libres. Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Oración:

Padre Santo, no permitas que caigamos en la tentación de seguir al Príncipe de las tinieblas, que nos promete libertad y felicidad y a cambio nos trae mentira, oscuridad y muerte. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

(64) vistas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *