Alégrense y regocíjense

Mateo 5,1-12 – Alégrense y regocíjense

Alégrense y regocíjense

“Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes.”

Lunes de la 10ma semana del T. Ordinario | 07 de Junio del 2021 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Alégrense y regocíjense

Así habla el Señor con los que sufren. Ve al frente una gran multitud de gente que lo sigue, atentos, expectantes, ansiosos. Esperando consuelo de sus labios. El Señor se conmueve y lanza posiblemente el sermón más hermoso que hombre alguno podría pronunciar.

Consuela a todos, con palabras precisas, capaces de llegar a cada uno de los corazones, sacando a la luz las causas de su sufrimiento y haciéndole saber que este sufrimiento no sería en vano, sino que recibiría su compensación allá en el cielo.

El Señor ofrece Su simpatía a cada quien en su angustia, su dolencia y su necesidad. Es propio del hombre el sufrir. El que no lo hace por un motivo, lo hace por otro. Todos tienen seguramente algo que contar, algo por lo cual quejarse o sentirse dolidos o tristes.

Alégrense y regocíjense

Alégrense y regocíjense no parece posible

El Señor no cura a nadie en esta ocasión. Son dolores o sufrimientos del alma que sobrevienen por alguna incapacidad o una imposibilidad, que nos recuerda que somos limitados, que no está en nuestra naturaleza vivir plenamente satisfechos.

El Señor invita a recapacitar en que nada, ninguna de estas situaciones pasa para Él inadvertidas. Quede todas lleva cuentas y que podemos estar seguros que serán compensadas en el cielo. Cada una de ellas está siendo contabilizada y todas tendrán su justa recompensa.

Es, después de todo, una invitación a la resignación, a vivir con estoicismo estas pruebas que no serán pasadas por alto llegado su tiempo. Es claro que ningún sufrimiento pasa inadvertido para Dios, ni quedará sin compensar.

Alégrense y regocíjense será posible con fe

Es a este consuelo venidero al que debe volcarse el alma y el corazón. Es el conocimiento que el Señor ofrece por anticipado de la recompensa que habremos de recibir en el cielo, la que debe darnos el valor de resistir con resignación.

Nuestra esperanza y nuestra alegría están allá en el cielo. Es en el anticipo que el Señor nos hace de estas Gracias que debemos confiar. Nada quedará impune. Nada pasará inadvertido para Dios. Es en el cultivo de las virtudes que están tras estas actitudes, que debemos empeñarnos.

Saber que no estamos sufriendo en vano es sin duda un gran consuelo. Caer en cuenta que tenemos un Padre que lo ve y observa todo, que está al tanto de cuánto nos sucede para el que nada pasa desapercibido y que sabrá compensarnos constituye una esperanza.

Finalmente, son estas palabras llenas de divina sabiduría, y todos los milagros que obró Jesús, incluyendo Su Resurrección los que nos mueven a la fe. La fe es un Don de Dios que debemos pedir incansablemente en nuestras oraciones.

Oración:

Padre Santo, danos fe abundante y sólida para vivir centrados en las promesas de Jesucristo, haciendo de Su Palabra el centro de nuestras vidas y viviendo para el amor…Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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