Mateo 23,1-12 – ellos no hacen lo que dicen

ellos no hacen lo que dicen

«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: hagan y cumplan todo lo que les digan; pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.»

Martes de la 2da Semana de Cuaresma | 27 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Isaías 1,10.16-20
  • Salmo 49
  • Mateo 23,1-12

Reflexión sobre las lecturas

Ellos no hacen lo que dicen

La gran diferencia entre los cristianos y los fariseos y escribas es la coherencia. Hay muchos entre nosotros que obramos como los fariseos y escribas. Nos gusta que nos adulen, que nos escuchen. Y somos siempre los primeros dispuestos a criticar y reprochar. Pero ¿qué hacemos?

Más allá de hablar y criticar tendríamos que fijarnos más en lo que hacemos nosotros por resolver los problemas, por poner orden, por dar ejemplo. Siempre será fácil mirar la paja en el ojo ajeno y culpar a los demás de cuanto sucede.

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Ese modo de comportamiento por el cual buscamos siempre poner pesadas cargas sobre los hombros de los demás, en vez de ayudar a llevar la carga y lo que es peor, criticar a quienes se esfuerzan por cumplir a pesar de todo, en vez de darles una mano, es propio de los fariseos.

Y para aterrizar nuestra reflexión y no dejarla en abstracto, preguntémonos cuántas veces estamos dispuestos a pagar una coima para conseguir un beneficio que de otro modo nos sería imposible. ¿No es eso corrupción? Sin embargo somos los primeros en criticar y llamar corruptos a nuestros gobernantes.

Nos rasgamos las vestiduras cuando se trata de condenar la violencia contra la mujer, pero somos los primeros en aprovechar la primera ocasión que se nos presenta para fisgonear, para ver una película pornográfica o para sacar provecho de una situación en la que podemos ganar a costa del descuido de un tercero.

O se trata de ir buscando ventajas amparados en nuestra posición privilegiada, sino de comprender que todo lo que tenemos proviene de Dios y que no tendríamos nada si Él no lo dispone así. Que, por lo tanto, no hay mérito nuestro alguno para andar ufanándonos de lo que tenemos, ni de restregarlo en la cara a nuestros hermanos.

Todos somos igualmente hijos de Dios, Él es nuestro Padre y nuestro único Maestro. A Él le debemos todo lo que recibimos y nuestro deber de hermanos es compartirlo, empezando por aquellos que más necesitan.

Nuestra posición debe ser la de servidores de los demás. Habituémonos a poner todo lo que somos y tenemos al servicio de los demás. Hay primero entre nosotros. Los que ocupemos este lugar, debemos estar al servicio de los demás. ¡Esto es ser cristiano!

Oración:

Padre Santo, aparta de nuestro deseo y nuestra voluntad el buscar privilegios y notoriedad. Haznos capaces de compartir todo lo que somos y poseemos. Que aprendamos a desprendernos de nosotros mismos, al extremo de vivir para y por los demás. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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