Mateo 20,17-28 – el Hijo del hombre no ha venido a ser servido

febrero 28, 2018

el Hijo del hombre no ha venido a ser servido

“el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes, que sea su esclavo. De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos.”

Miércoles de la 2da Semana de Cuaresma | 28 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Jeremías 18,18-20
  • Salmo 30
  • Mateo 20,17-28

Reflexión sobre las lecturas

el Hijo del hombre no ha venido a ser servido

Ser servidor y servir, son palabras que se dicen muy fácilmente. Sin embargo este mundo no nos prepara para el servicio, sino para competir, desmarcarnos y estar sobre los demás, sirviéndonos de todo y de todos.

Precisamente una de las grandes dificultades que atraviesan nuestros países tiene que ver con la obsesión con que los políticos aspiran a cargos para servirse de ellos. La carrera política pareciera reducirse a enriquecerse a cualquier precio.

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El Perú, por ejemplo, está plagado de obras inconclusas, mal hechas o sobre dimensionadas. ¿Por qué puede ocurrir semejante cosa en un país en vías de desarrollo? Porque quienes lo dirigen son políticos y ellos están acostumbrados a velar por sus intereses.

El poder se ha transformado en un botín. Son muchos los que contienden por el poder, con el único propósito de enriquecerse. Todos quieren tener dinero, vivir cómodamente y contar con personal a su servicio. Vivir bien, tener una posición envidiable y despilfarrar dinero, sin trabajar, constituye el anhelo de muchos.

A tal extremo ambicionamos esta posición privilegiada, que somos capaces de cualquier cosa para logarlo. No de otro modo se explica que todos los presidentes del último cuarto de siglo merezcan estar en la cárcel, aun cuando algunos se libren en base a argucias legales.

Pero todo en la sociedad está “ordenado” de tal modo que la falta de escrúpulos está muy bien ponderada, cuando quien la evidencia, es lo suficientemente astuto para pasar desapercibido o hacer pasar por tontos a sus víctimas.

Para mucho, el problema no está en lo que se hace, sino en dejarse descubrir. Es tonto el que lo hace y ejemplar aquel que “sabe hacerlo”, de modo tal que no haya forma de atraparlo ni condenarlo.

Más allá de hablar y criticar tendríamos que fijarnos más en lo que hacemos nosotros por resolver los problemas, por poner orden, por dar ejemplo. Siempre será fácil mirar la paja en el ojo ajeno y culpar a los demás de cuanto sucede.

Ese modo de comportamiento por el cual buscamos siempre poner pesadas cargas sobre los hombros de los demás, en vez de ayudar a llevar la carga y lo que es peor, criticar a quienes se esfuerzan por cumplir a pesar de todo, en vez de darles una mano, es propio de los fariseos.

Y para aterrizar nuestra reflexión y no dejarla en abstracto, preguntémonos cuántas veces estamos dispuestos a pagar una coima para conseguir un beneficio que de otro modo nos sería imposible. ¿No es eso corrupción? Sin embargo somos los primeros en criticar y llamar corruptos a nuestros gobernantes.

Nos rasgamos las vestiduras cuando se trata de condenar la violencia contra la mujer, pero somos los primeros en aprovechar la primera ocasión que se nos presenta para fisgonear, para ver una película pornográfica o para sacar provecho de una situación en la que podemos ganar a costa del descuido de un tercero.

O se trata de ir buscando ventajas amparados en nuestra posición privilegiada, sino de comprender que todo lo que tenemos proviene de Dios y que no tendríamos nada si Él no lo dispone así. Que, por lo tanto, no hay mérito nuestro alguno para andar ufanándonos de lo que tenemos, ni de restregarlo en la cara a nuestros hermanos.

Todos somos igualmente hijos de Dios, Él es nuestro Padre y nuestro único Maestro. A Él le debemos todo lo que recibimos y nuestro deber de hermanos es compartirlo, empezando por aquellos que más necesitan.

Nuestra posición debe ser la de servidores de los demás. Habituémonos a poner todo lo que somos y tenemos al servicio de los demás. Hay primero entre nosotros. Los que ocupemos este lugar, debemos estar al servicio de los demás. ¡Esto es ser cristiano!

Oración:

Padre Santo, aparta de nuestro deseo y nuestra voluntad el buscar privilegios y notoriedad. Haznos capaces de compartir todo lo que somos y poseemos. Que aprendamos a desprendernos de nosotros mismos, al extremo de vivir para y por los demás. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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