Mateo 10,16-23 – Entregará a la muerte hermano a hermano

julio 13, 2018

Entregará a la muerte hermano a hermano

“Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y serán odiados de todos por causa de mi nombre”

Viernes de la 14ta Semana del T. Ordinario | 13 de Julio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Entregará a la muerte hermano a hermano

El evangelio de hoy nos confronta con la realidad que nos espera a todos los cristianos que queremos vivir santamente muestra vida, aquellos que queremos dar testimonio de la Palabra del Señor. La Palabra de Dios es como una espada que divide a la sociedad de arriba a abajo.

La Palabra nos pone unos contra otros, según el mismo Señor Jesucristo nos lo revela. ¿Por qué? Porque las ideologías dominantes han querido hacer de este mundo nuestra meta; del “vivir bien”, nuestra finalidad. Por esa vía hemos llegado a negar a Dios y todo aquello que tiene que ver con el Reino de Dios y la trascendencia.

Nosotros somos hijos de Dios. Hemos sido creados por Él para alcanzar la plenitud, para ser felices y vivir eternamente. Pero para alcanzar este propósito debemos pasar brevemente por esta vida terrenal. ¿Por qué tenemos que pasar por este “valle de lágrimas”?

¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser tan duro, tan difícil? Porque para llegar a este propósito es preciso que tomemos una decisión, que optemos por una forma de vida. Es preciso que nosotros libremente optemos por esta forma de vida.

Solo este Camino nos llevará a alcanzar este propósito. Dios nos ha creado libres. Él ha querido que seamos libres. Nos ha dado todas las cualidades y habilidades necesarias para que seamos capaces de tomar esta decisión. Pero esta depende de nosotros.

No hay determinismo ni fatalidad en la vida que Dios nos ha entregado como Don, como Gracia, como Regalo. Nosotros tenemos que querer alcanzar la plenitud. La razón nos indica que eso es lo mejor, pero depende de nuestra libre elección.

Tenemos que elegir entre “Dos ciudades”, entre “dos banderas”, entre Dios o el Dinero. ¿Qué tomaremos? ¿Las riquezas efímeras o ampliando nuestros horizontes, elegimos ser como Cristo y vivir eternamente? ¿Estamos con Dios o con el Demonio?

¿Dónde está Satanás? En la mentira, el orgullo, la soberbia, la codicia, el egoísmo…todo aquellos que nos ata y esclaviza a esta vida donde todo es efímero, aunque parezca rutilante. Todo terminará con la muerte. ¿Estamos con Dios y la Vida Eterna o con el Demonio, la oscuridad y la muerte?

Nosotros hemos sido creados con un propósito: ser felices y vivir eternamente, y el único Camino para alcanzar este fin es el Amor tal como nos lo enseña Jesucristo en la Cruz. Él dio Su vida por nosotros. De cada uno de nosotros depende que este sacrificio no haya sido en vano.

Jesucristo ha venido y se ha sacrificado para que le sigamos; para enseñarnos el Camino. La decisión depende de nosotros. Mientras más nos afanamos por ajustarnos y vivir conforme a las leyes y normas de este mundo, más lejos estamos del propósito para el cual fuimos creados.

Estamos con Dios o con el Dinero, no hay más opciones. La felicidad está en el amor, tal como lo enseña Jesús. El dio Su vida por nosotros, por amor. Ese es el Camino que debemos escoger, que genera tanto odio, tanta discordia, tanto rechazo, porque es contrario a los planes del Príncipe de este mundo.

Cuando dejamos que el Demonio nos guie, surgen los enfrentamientos, las diferencias, el odio, la envidia, la codicia, la soberbia, el egoísmo, la mentira, el engaño, la maldad, la oscuridad y finalmente la destrucción y la muerte.

Este es el origen de la corrupción, del hedonismo, de las guerras y enfrentamientos que estamos viviendo. Por querer egoístamente ser felices en este micro segundo de vida que tenemos en este mundo, ponemos en riesgo la vida eterna para la que fuimos creados.

Oración:

Padre Santo, te pedimos que nos ayudes a perseverar, a ser coherentes y vivir según nos manda Cristo. Permite que cuando flaqueemos, acudamos a la oración y a los sacramentos, especialmente a la Eucaristía. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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