Marcos 9,2-10 – Se transfiguró delante de ellos

Se transfiguró delante de ellos

«En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió únicamente con ellos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de una blancura deslumbrante, como nadie en el mundo podría blanquearlos.»

Domingo de la 2da Semana de Cuaresma | 25 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Génesis 22,1-2.9-13.15-18
  • Salmo 115
  • Romanos 8,31-34
  • Marcos 9,2-10

Reflexión sobre las lecturas

Se transfiguró delante de ellos

Hace tan solo algunos días en el Evangelio de Lucas 11,29-32 el Señor nos dice que esta generación perversa no recibiría más signos que el de Jonás, sin embargo aquí selecciona a tres de sus principales discípulos para hacerles vivir un episodio único, en el que serán testigos de Su Divinidad.

Jesucristo se transfigura y tal como podemos leer, en este proceso sus vestimentas cambian a un color blanquísimo, como nada ni nadie podrían lograr en el mundo. Todo el suceso al que asisten está plagado de señales que solo podrían provenir de Dios.

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Primero se reúne con Moisés y Elías, distantes cientos de años uno de otro y del mismo Jesucristo. Sus vestimentas se tornan de un blanco inimitable. Finalmente de una nube, como un trueno, brota la voz de Dios Padre reconociendo a Jesucristo como Su Hijo, mandando que lo escuchen.

¿Qué más podemos pedir? ¿Qué más queremos? ¿Por qué el Señor habría de tomarse tantas molestias? Porque es vital que le conozcamos, que le oigamos y creamos en Él. Porque solo si hacemos lo que nos manda podremos salvarnos.

Pero, ¿cómo podremos hacer lo que nos manda si no creemos en Él? Es pues, la pura misericordia de Dios la que nos permite conocerlo, oírle y seguirle. Él ha venido a nuestro encuentro. Él ha tomado la iniciativa. Vayamos nosotros en pos de Él, haciendo lo que nos manda.

Nada es más conveniente para nosotros que hacer Su Voluntad. Él quiere que nos salvemos. Pongámonos en Sus manos. ¿Cómo alcanzar esta privilegiada posición? Pidiéndola incansablemente en nuestras oraciones. Podemos decir categóricamente y sin temor a equivocarnos que a nosotros nos toca en primer lugar y ante todo, orar.

Orar y confiar en Él. Esta ha de ser nuestra primera acción y nuestra más clara disposición. Orar para que nos de fe. Fe para vivir ciegamente según sus mandatos, a ejemplo de Abram, nuestro padre en la fe, que estuvo dispuesto a sacrificar a su único hijo, testimoniando su confianza plena en Dios.

Por eso Jesucristo nos enseña en el Padre nuestro a pedir a Dios Padre que se haga Su Voluntad, porque esta es la que más nos conviene. Él conoce lo que necesitamos aún antes que se lo pidamos. No perdamos el tiempo pidiéndoselo. Pidamos tan solo que se haga Su Voluntad.

Que nos dé la disponibilidad, el coraje y la confianza para fiarnos ciegamente en Él. Como el niño aquel que se lanza a los brazos de su padre sabiendo que jamás lo esquivarán y que su vida no podrá estar más segura que en ellos.

Con cuanta mayor razón nosotros debemos confiar plenamente en lo que Dios dispone para nuestras vidas, convirtiéndonos en cauce para Su Voluntad. ¿Qué más podemos pedir? En todo tiempo y lugar, que se haga Tu Voluntad.

Que si de nosotros dependiera, que sepamos discernirla, distinguirla de nuestros caprichos egoístas y que no tengamos temor a entregarnos confiadamente a Tus brazos. Pero si no está en nuestra capacidad el oírla, discernirla y comprenderla, que igualmente nos fuerces a darle cumplimiento.

Oración

Padre Santo, danos permite que la fe en Dios crezca en nosotros como una constante. Que nunca se estanque y que sea la fuente de todas nuestras decisiones, de modo tal se hagamos siempre Tu Voluntad confiando que esta será siempre la mejor opción en nuestras vidas. Que cuando nos invada la duda siempre podamos recuperarla recordando Tus prodigios. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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