Marcos 6,7-13 – y comenzó a enviarlos de dos en dos

julio 15, 2018

y comenzó a enviarlos de dos en dos

“Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja”

Domingo de la 15ta Semana del T. Ordinario | 15 Julio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

y comenzó a enviarlos de dos en dos

Algo que siempre nos llama la atención es el envío de dos en dos que hace el Señor. Nos parece que no es una trivialidad o un dato sin importancia. Se trata de una estrategia que por algún motivo emplea el Señor.

El envío es a Evangelizar, pero de dos en dos. Suponemos que podrían ser tres o cuatro, pero siempre un grupo pequeño por razones de economía. Pero no solos, porque de este modo los obstáculos se agrandan. “Donde dos o más se reúnan en mi nombre, allí estoy Yo”.

La experiencia que hemos adquirido a través de los años nos permite constatar que esta estrategia es adecuada y por lo tanto fue mencionada por Jesucristo intencionalmente. Se trata de una instrucción estratégica de nuestro Maestro.

Evangelizar es nuestra Misión, la Misión de todo cristiano, de todo bautizado, no solo de religiosos consagrados o de sacerdotes. Evangelizar no es otra cosa que llevar la Buena Nueva a los que no conocen a Jesucristo. Todos los pueblos deben tener oportunidad de conocerlo. Depende de nosotros. ¡Es nuestro Deber!

Desde el momento que hemos sido bautizados, tenemos todos los poderes necesarios para desarrollar nuestra tarea de evangelizadores. Todo lo que necesitamos es la Gracia del Señor. Y ya la tenemos, puesto que tenemos el Espíritu Santo. No necesitamos nada más.

El problema es que no lo creemos. Es decir, nos falta fe. Primero, no tomamos conciencia que esta es nuestra Misión; lo más importante que tenemos que hacer. La prioridad número uno. Y segundo, que contamos para ello con todo lo necesario.

Creemos que evangelizar es tarea de otros, de los sacerdotes o de otra gente especialmente preparada para tal efecto. ¡Ese es nuestro error! Creer, quien sabe por qué, que no nos corresponde esta tarea, que no es nuestra, que corresponde a otros.

Luego, también es nuestra mejor excusa para no hacerlo. Claro como es tarea de otros, por qué tendríamos que hacerla nosotros. Nosotros tenemos otras cosas que hacer. Tendríamos que preguntarnos en este momento: ¿qué cosas?

Y, luego tendríamos que preguntarnos con toda honestidad: ¿consideras alguna de las cosas que has mencionado más importantes que tu DEBER de evangelizar? ¿En qué fundas esta idea? ¿Cuáles son los argumentos que según tú respaldan esta posición?

Examinemos. ¿Qué entendemos por evangelizar? Habrá más de uno de nosotros que se imagine en las esquinas leyendo los evangelios a quienes lo escuchen, como hacen algunos hermanos “evangélicos”. ¿Será eso lo que nos pide el Señor?

Puede ser que en algunos casos sí, pero esa no es la única forma de evangelizar, ni la única. Nosotros, todos, debemos evangelizar en primer lugar con nuestras propias vidas. ¿Cómo? Viviendo cristianamente.

Es decir, que todos los que se relacionen de uno u otro modo con nosotros, vean y se pregunten ¿por qué actuamos así? ¿Por qué obramos de esta manera tan rara y distinta que el común denominador de la gente que nos rodea?

Que, luego de considerar varias hipótesis, finalmente lleguen a la conclusión que somos así, distintos, porque somos real y auténticamente cristianos. No faltarán los que nos consideren tontos y quieran aprovecharse de nosotros.

Sin embargo, si perseveramos, a la larga sabrán que somos distintos, que en algunos aspectos somos muy rígidos, que no tranzamos con el engaño, ni la mentira. Que no llevamos doble vida y que parecemos felices, tanto nosotros como nuestras familias.

Poco a poco nos irán aceptando y se irán acostumbrarnos a vernos como “harina de otro costal”. Finalmente llegará el momento que nos pedirán consejos, porque estarán seguros que no nos faltará buen criterio para tratar asuntos delicados e incluso muy íntimos y personales.

De eso se trata. Eso es evangelizar y todos los bautizados podremos hacerlo si levamos una vida coherente, en Gracia de Dios y guiada por el Espíritu Santo. No se trata de habilidades nuestras, sino de Fe en Jesucristo y en Su Espíritu que nos guía a la Verdad completa.

Se trata de asumir un modo de vida único fundado en el cumplimiento de los dos mandamientos que el Señor nos ha enseñado: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Quien es fiel a este mandato, vive cristianamente y cumple con la Misión encomendada.

No tenemos que llevar nada, ni prepararnos de ningún modo. Si estamos con Dios, tenemos todo lo que necesitamos. ¿Y cómo sabemos que estamos con Dios? Porque le estamos pidiendo constantemente esta Gracia, la de ser conducidos siempre por Él y hacia Él.

Es Él que lo hace todo posible. Es Él quien actúa en nosotros y nos hace “pan” para nuestros hermanos. Nos convierte en el “alimento” que ellos necesitan. Este es el milagro de la Eucaristía. Él se nos da, para que nosotros os demos y dándonos, lo demos a Él.

¿Es un asunto de fe? ¡Así es! También es un asunto de Amor. Es así, porque así lo ha querido Dios. Porque Él nos amó primero. Porque Él no ama desde siempre y nos ha destinado a ser felices, a vivir en plenitud, a vivir eternamente.

Esforcémonos por devolver este amor, amando a nuestros hermanos, amando a nuestras familias, a nuestras esposas y esposos, a nuestros hijos, a nuestros padres. Con la ayuda de Dios podemos sobreponernos a toda dificultad, a todo obstáculo. Es SOLO con Él que todo lo podemos.

De lo único que no podemos prescindir es de Dios. Por eso, no nos cansemos de pedir su auxilio a tiempo y a destiempo. Siempre. ¡Vivamos en Santidad! ¡Esta es la forma de mantenernos en Gracia de Dios!

Solo entonces nos convertiremos en los instrumentos de salvación que vuestros hermanos necesitan. Solo entonces estaremos evangelizando y cumpliendo con la Misión a la que el Señor nos envía. Este es el Camino por el que el Señor nos manda transitar para alcanzar la Vida Eterna.

Oración:

Padre Santo, danos Tu Gracia para persevera por siempre en el Camino que nos manda seguir Jesucristo, viviendo cristianamente todo cuanto nos toque enfrentar, siendo testigos de Tu Amor… Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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