Marcos 16,15-20 – en mi nombre expulsarán demonios

en mi nombre expulsarán demonios

“Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.”

Sábado de la 14ta Semana de T. Ordinario | 14 de Julio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

en mi nombre expulsarán demonios

Estamos reflexionando los últimos versículos del Evangelio de San Marcos: la ascensión al cielo. Antes nos dijo a través de los discípulos lo que tenemos que hacer. Este pasaje también se le conoce como el envío.

Lo hemos escuchado muchas veces en nuestra vida, sin embargo, en vez de hacer lo que nos dicen, nos dedicamos a interpretar lo que nos dice, adecuándolo a nuestros gusto, a lo que queremos o estamos en realidad dispuestos a hacer.

El Señor hablan muy claramente. Su mandato es prístino y claro. Tenemos que salir por todo el mundo a proclamar el Evangelio. Eso es lo que tenemos que hacer. Es lo que tenemos que estar haciendo como nuestra primera prioridad. No hay nada más importante.

Jesucristo ha venido y nos ha revelado a nuestro Padre, que nos ha creado por amor para que seamos felices. Nuestro deber es proclamar que Jesucristo ha venido a salvarnos y, luego, bautizar al que crea. El que no lo acepte se perderá.

Los hombres estamos en libertad de aceptar o rechazar el Kerigma, la proclamación de la salvación. Pero nosotros los cristianos tenemos la obligación de proclamar el Evangelio. Tenemos que acogerla y llevarla con alegría, esperanza y fe.

Si realmente hemos acogido al Señor, con nuestra propia vida proclamaremos el Evangelio y esta proclamación irá acompañada de señales inconfundibles. Si no se dan estas señales, tal vez debíamos preguntarnos si tenemos fe y si estamos cumpliendo nuestra Misión.

Si no estamos contagiando fe, esperanza, amor, alegría y cambio de vida, tal vez estamos siendo por el contrario una vacuna, porque no creemos y si no tenemos fe, ¿cómo podremos contagiarla? Si somos tibios, ¿cómo podremos cumplir la misión encomendada?

Tengamos cuidado con no condenarnos. Porque oigamos al Señor: el que no crea, se condenará. Y, si nosotros hemos recibido la Buena Nueva y no hemos cambiado de vida, ¿qué quiere decir? ¿No quiere decir que en realidad no hemos creído?

Si no vivimos el evangelio, si no damos testimonio de nuestra fe, ¿no quiere decir que en realidad no creemos? ¿Es que basta que hagamos una declaración privada de fe? ¿Es eso fe?¿Es esta la fe que nos pide el Señor? ¡Si no tenemos fe, lo primero que tenemos que hacer es pedirla!

Tenemos que llegar a la madurez en nuestra fe y eso solo se logra con mucha oración. El Señor nos ha dejado la Iglesia y los Sacramentos para eso. Hagámonos el propósito de orar perseverantemente y participar con frecuencia en los sacramentos, especialmente en el de la Eucaristía.

Jesucristo nos ha dejado el Espíritu Santo de Dios para que nos guie y nos conduzca poco a poco hasta la verdad completa. Entreguémonos a Él con absoluta confianza. Acudamos constantemente a la Eucaristía que es verdadera comida y bebida para alcanzar la Vida Eterna.

Jesucristo ha querido quedarse entre nosotros en la santísima comunión. Hagámonos el propósito de frecuentarlo todo cuanto nos sea posible. Porque la fidelidad al Evangelio y la fe, es Gracia de Dios. No es resultados de nuestro voluntarismo.

Este evangelio debe remecernos de pies a cabeza, pues nos ofrece parámetros objetivos contra los cuales debemos compararnos. Si no los estamos cumpliendo es por falta de fe, porque vivimos tibiamente nuestro cristianismo, porque no queremos abandonar nuestra comodidad.

No queremos comprometernos a entregar el evangelio fielmente y mucho menos estamos dispuestos a vivirlo. No se trata de escoger un deseo, sino de cumplir un deber. Ser cristianos demanda cumplir con obligaciones que den testimonio de nuestra fe.

¿Cuáles son estas obligaciones? Todas las que está contenidas en las bienaventuranzas: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, consolar al que sufre, llevar la paz, no codiciar bienes ajenos, vivir austeramente, se solidario, compartir, tener misericordia…

 

Oración:

Padre Santo, te pedimos que nos ayudes y nos des la fortaleza y fe necesarias para llevar fielmente el mensaje de Jesucristo a nuestros hermanos. Que podamos poner fuego en sus corazones. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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