Marcos 12,1-12 – Será nuestra la herencia

Será nuestra la herencia

“Pero aquellos labradores dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.” Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña?”

Lunes de la 9na Semana del T. Ordinario | 04 de Junio de 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Será nuestra la herencia

Al Señor no pierde la ocasión de poner al descubierto el comportamiento de los sumos sacerdotes, escribas y ancianos. Nada menos que las mayores autoridades en aquel momento dentro de su auditorio. No se escondía, ni se callaba, ni les pasaba la mano.

Jesucristo, como el mismo dirá, ha venido a prender fuego al mundo y cuando desearía que ya estuviera ardiendo. Ciertamente es un lenguaje muy duro, como sus mismos discípulos le observarán, pero es que el cambio que busca lograr es radical.

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¿Qué quiere decir esto? ¡Qué hay que nacer de nuevo! ¿Cómo? ¿Quién puede nacer de nuevo? ¿Es que vamos a volver a entrar al seno de nuestras madres para volver a nacer? ¡Eso es imposible! Todo esto se lo preguntaron y observaron sus interlocutores en cuanto pudieron.

Y, ¿cuál fue la respuesta del Señor? Hay que nacer de lo alto. Hay que nacer de agua y Espíritu, es decir, ¡tenemos que ser bautizados! ¿Cómo? ¿Es que una ceremonia puede cambiarnos? ¡Es que no se trata de una ceremonia, sino de un Sacramento en el que se manifiesta el Poder de Dios!

¡Así es, como se oye! Que lo hayamos desnaturalizado, que algunos no lo comprendamos y que creamos que se trata de una celebración social y superflua, es obra del demonio, que donde mete su cola lo arruina todo.

El Bautismo es la primera y principal Gracia que recibimos por nuestra fe. El Bautismo nos hace cristianos, al recibir la fuerza del Espíritu Santo en nuestras vidas. El Espíritu Santo no es ni más ni menos que el Espíritu de Dios, que aleteaba sobre las olas al momento de la Creación.

El Espíritu Santo es la fuerza poderosa y creadora de Dios, que Jesucristo nos deja en el Sacramento del Bautismo. Jesucristo no nos dejó librados a nuestra suerte para que enfrentemos solos al enemigo de nuestra salvación y enemigo de Dios.

Jesucristo, a través de la Iglesia, nos deja al Espíritu Santo como nuestro defensor, inspirador y guía hasta la Verdad completa. Es en ella que alcanzaremos la plenitud para la cual fuimos creados por Dios.

Dios ha dejado en nuestras manos en cautela la Creación y Jesucristo ha venido a enseñarnos con Su Palabra cómo debemos vivir y tratar esta herencia, porque de ello depende nuestra vida. Estas enseñanzas están en los Evangelios, que debemos propagar por el Mundo entero.

¿Por qué? Porque en los Evangelios el Señor nos muestra el Camino de la Salvación, la cual Él ha hecho posible que alcancemos, si nos amamos como Él nos ama. Para llegar a este grado de amor, tenemos que cambiar radicalmente.

Este cambio en el trato que nos dispensamos, terminará por cambiar el mundo. Exige valor, perseverancia, amor y sacrificio. Es imposible lograrlo sin la ayuda del Espíritu Santo. La vida de piedad, la oración, y los sacramentos juegan un papel fundamental, especialmente el de la Eucaristía.

Esta es la noticia que debe incendiar el mundo viejo, para dar lugar a un nuevo nacimiento, a un nuevo mundo, a una nueva vida que habrá de conducirnos, si perseveramos, a la Vida Eterna, para la cual fuimos creados.

Este es el tesoro, la herencia que el Señor ha puesto en nuestras manos. La tomamos y agradecemos o renegamos de los mensajeros y nos confabulamos para matarlos, oyendo a quien nos dice que de este modo será nuestra la herencia.

Es que al que ejerce poder político o económico, al que goza de privilegios, le resulta siempre difícil desprenderse de ellos para ponerse a órdenes del Señor. No queremos ceder un milímetro de la herencia que usufructuamos como si fuera nuestra.

Nos hemos acostumbrado a obtener provecho egoísta de todo y aspiramos a mantener así las cosas hasta el fin de nuestros días. Silenciemos y matemos a todo aquel que se oponga y será nuestra la herencia.

Que se opone Jesucristo, el heredero del Creador. Pues acabemos con Él de una buena vez y dejemos de atormentarnos. Esta es la prédica contra Cristo que sus enemigos, los discípulos de Baal repiten una y otra vez, con diversos matices a través de la historia.

Hoy es la Ideología de Género, la Nueva Era, como hace un siglo fue el marxismo y antes la masonería, los cismas y otras herejías. Hay, por supuesto, infinidad de filosofías, con diferentes matices que se resisten al cambio que Jesús manda, y proponen: matémosle y será nuestra la herencia.

Enemigos de todo calibre que no han dejado de oponerse desde entonces a la difusión de los evangelios y la instauración del Reino de Dios. Enemigos internos y externos, que no creen en Dios, que tergiversan su mensaje, para seguir aprovechándose del prójimo.

Matando a Jesucristo y despareciendo Su mensaje, como si pudieran, pretenden evitar su difusión y con ello mantener el poder, las propiedades, fortunas y privilegios como suyas para siempre, aun cuando tan solo les hayan sido entregadas en custodia.

Oración:

Padre Santo, envía Tú Espíritu Santo y danos fortaleza para resistir, aun en los peores momentos, cuando todo parece ponerse cuesta arriba y en nuestra contra. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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