Marcos 10,32-45 – El que quiera llegar a ser grande

mayo 30, 2018

El que quiera llegar a ser grande

“Pero no ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será esclavo de todos”

Miércoles de la 8va Semana de Tiempo Ordinario | 30 de Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

El que quiera llegar a ser grande

El Señor, aquí, nos está dando una formula a todos aquellos que ocupamos un puesto, un lugar jerárquico en cualquier organización o institución de la Iglesia. Estamos allí para servir. Pero no se trata tan solo de un juego de palabras, sino que así debemos evidenciarlo con nuestra propia vida.

Hay algunos, entre nosotros, que nos gusta entornillarnos en los cargos, como si fuéramos los únicos que podemos desempeñarlos con el grado de exigencia y calidad requerido. No debía ser así. En cualquier caso debíamos revisar lo que hacemos, para que otros también puedan hacerlo.

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Es que no llegamos a entender esto del servicio. Decimos que servimos, pero seguimos mandando y no podemos dejar de jugar un papel protagónico en cuanta ocasión se nos presenta. Difícilmente somos lo suficientemente generosos para promover a otros.

Cuanto menos seremos capaces de permitir que otro u otra se lleve las palmas por aquello que tal vez fue nuestra idea. Nos falta modestia y nos cuesta demasiado que sean otros los que vayan destacado con nuestro trabajo.

Nos gusta hacer sentir que somos imprescindibles, que cuando no estamos, las cosas no caminan igual. Nos halaga cuando nos lo hacen notar y cuando no, buscamos crear la situación que permita que se nos destaque y reconozca.

Nos gusta decir “Yo hice” o “nosotros hicimos” y que todo el mundo asienta en son de aprobación. Nos falta simpleza y modestia para preguntarnos si tal vez es nuestra responsabilidad que otros no hayan llegado a hacer lo que hacíamos. Tal vez no supimos prepararlos.

Tal vez no supimos enseñarlo como corresponde, ir desapareciendo para que el otro aparezca. Eso también es amar. Eso también es dar de nosotros, desprendernos de nuestro amor propio, de nuestro orgullo, de nuestra pretensión. Eso es ser cristiano.

Que alguien esté 10, 15, 20 o más años en el cargo, debe llamarnos a reflexión. ¿Será que hay otras razones, tal vez inconfesables, que nos impiden dejar el paso a los demás? Al Señor y al prójimo les podemos servir de muchos frentes y de diversas maneras.

¿Queremos ser grandes? Sirvamos con sencillez, con modestia, con desapego. Seamos generosos no solo en la tarea, sino enseñando y ayudando a otros a cumplirla. No se trata de falsa modestia, sino de sincera convicción y confianza en el prójimo.

Tenemos que ser los últimos. Esa es la receta. Esto pasa por ceder el paso, por dejar que los otros se sirvan primero, por no buscar puestos ni situaciones preferenciales. Es una actitud inversa, distinta a la que el mundo promueve entre sus dirigentes.

Y es que nosotros no somos de este mundo. El Señor nos ha comprado con su preciosísima sangre, para hacernos merecedores de la Vida Eterna. Para ello es preciso vivir, actuar y servir como si fuéramos el mismísimo Jesucristo.

¿Es difícil? ¡Claro que lo es! No solo es difícil, es imposible. Sí: es imposible. Para nosotros, pero no para el Señor. Por lo tanto nuestra oración constante debe ser pedir el auxilio del Espíritu Santo para obrar de este modo. ¡Él lo hará posible!

Nada ha sido librado a nuestras propias fuerzas. Si así fuera, ¿qué sentido hubiera tenido la vida, muerte y resurrección de Jesucristo? Él ha tenido que pasar por todo ello, para que nosotros no tengamos que hacerlo. ¡Él es nuestro Salvador!

Oración:

Padre Santo, te pedimos que no permitas que desfallezcamos en la oración constante, perseverante, permanente, pidiendo la luz y el impulso de Tú Espíritu Santo en cada paso que damos en nuestra vida cotidiana. Que no hagamos nada sin antes haberle invocado. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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