al partir el pan

Lucas 24,13-35 – al partir el pan

al partir el pan

“«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.”

Miércoles de la Octava de Pascua| 07 de Abril del 2021 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Hechos de los apóstoles 3,1-10
  • Salmo 104,1-2.3-4.6-7.8-9
  • Lucas 24,13-35

Reflexión sobre las lecturas

al partir el pan

Nuevamente podemos ver desconcertados, apesadumbrados y tristes a los discípulos. Aquellos que conocían a Jesús, que lo habían seguido de cerca, no habían comprendido lo que había pasado, a pesar que el Señor se los advirtió en varias oportunidades.

Esto prueba que en el fondo oían, pero no escuchaban, no razonaban, no procesaban lo que el Señor les venía diciendo. Nos puede pasar así, que el Señor nos anuncia lo que nos viene ocurriendo y nosotros, a pesar de oír los Evangelios, no los hacemos carne en nuestras vidas.

Olvidamos que la Palabra del Señor no se proclama como algo histórico, que ocurrió en el pasado y que nada o poco tiene que hacer con nuestras vidas. Lo oímos, sin poder identificar lo que dice en nuestras propias vidas. Entendemos lo que queremos; lo que nos parece.

al partir el pan

Sus discípulos no lo reconocen

Los discípulos esperaban que Jesucristo liberara a Israel, sin embargo ya hacían tres días que lo habían muerto crucificándolo en la cruz. No hilaban estos sucesos con las Escrituras, ni con lo que Jesús mismos les había advertido que tenía que pasar.

Es como si hubieran estado distraídos y absortos en sus sueños, en lo que ellos analizando con su lógica habían concluido que ocurriría. No habían prestado atención ni habían retenido lo que Jesús decía, ni tampoco lo que estaba anunciado por los profetas.

¿No es esto lo que nos pasa cuando estamos absortos en nuestros problemas y esperamos que el Señor nos dé una mano para salir de ellos? Lo que esperamos es algo muy concreto y por eso no prestamos atención a lo que el Señor resuelve, a lo que Él nos da.

Sin el no somos nada

Esta lectura debe invitarnos a discernir en nuestras vidas, los signos de los tiempos. Tratemos de prescindir de nuestros prejuicios e ideas pre concebidas. Incluso de aquello que queremos o que nos parece lógico. No somos nosotros los que llevamos las riendas, por más que así nos parezca.

Tenemos que tener la humildad para reconocer que sin Él no somos nada. Que Él tiene una Voluntad para nuestras vidas, que puede ser distinta a lo que queremos o esperamos. Hagámonos disponibles y dejemos que Él nos guíe.

¿Qué significaba la muerte de Jesús para estos discípulos? ¿Una decepción? ¿Las esperanzas habían sido vanas? Dejemos esto, que ya no vale la pena. El final fue inesperado. No hay nada más que hacer. Vamos a otra cosa. Marquemos distancia. Ya nada nos detiene. Vámonos de aquí a ver qué hacemos. ¿Empezar de nuevo?

¿El que las cosas no fueran como esperábamos implica que no valen la pena? ¿Es nuestra percepción la que da sentido a las cosas? Parece natural que si no logramos nuestras expectativas o que ocurra aquello que esperábamos, perdamos la esperanza y abandonemos.

Cristo debe ser el centro

¿Qué lección debemos aprender? Que las cosas no son siempre como queremos o esperamos. Pero, sobre todo, debemos estar atentos a lo que dice, hace y propone el Señor. Él y no nosotros debe ocupar el centro. Habrá momentos, circunstancias o situaciones que no comprendemos.

Pero el sentido no está dado por nuestra comprensión o deseos. Debemos tener la humildad suficiente para desprendernos de nuestras expectativas, para acatar la Voluntad de Dios. La suficiente fe para abandonaros a ella.

Reconozcámolos al partir el pan

Por otro lado, hay una realidad que no podemos desconocer. Que Él está entre nosotros. Él ha querido quedarse como alimento nuestro en la fracción del pan. Es cuando le compartimos de este modo que Él se hace presente de una forma única y misteriosa, solo posible para Él.

¿Por qué? Porque Él así lo quiso, instituyendo el Sacramento de la Comunión. Mientras Él esté entre nosotros, no tenemos nada que temer y eso sí, mucho que esperar. Él se nos da como alimento de vida eterna. Él se nos ha dado una sola vez y para siempre.

“Pues, cada vez que comemos este pan y bebemos de esta copa, anunciamos la muerte del Señor hasta que él vuelva. Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.” (1 Corintios 11,26-27)

Oración:

Padre Santo, danos la Gracia y sabiduría para entender el milagro de la Eucaristía y tu presencia real, divina y viva en ella. Que comprendamos que esta la forma en que has querido quedarte entre nosotros. . . Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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