Las postrimerías

Lucas 21,5-11 las postrimerías

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Las postrimerías: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo»

Martes de la 34ta semana del T. Ordinario | 22 de noviembre del 2022 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Las postrimerías

No nos gusta pensar en la muerte, en las postrimerías. No queremos que nada ni nadie nos lo recuerde. Preferimos mirar a otro lado; hablar de otra cosa. Sin embargo, es un hecho natural que habrá de llegar nuestro propio fin y el de la vida en este mundo.

Jesucristo mismo nos lo anuncia en este pasaje. No sabemos ni el día ni la hora, pero es un hecho que a todo el mundo le llega la hora de presentarse a rendir cuentas a nuestro Creador. Esas son las postrimerías de las que nadie se salva.

Si estamos cerca del Juicio Final, en el que habrá de volver el Señor a juzgar a vivos y muertos, no lo podemos saber. Ya en el siglo V cuando los bárbaros invadieron Roma, muchos de nuestros hermanos en la fe creyeron que el tiempo había llegado. Sin embargo, han pasado 15 siglos y seguimos en pie.

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Que no nos sorprendan las postrimerías

Muchos creen que la crisis actual es más profunda y grave que la de aquel siglo. De cualquier modo, lo más sensato es estar siempre preparado y listo, pues el fin llegará en cualquier momento, como el ladrón, cuando menos lo esperemos. Que nos encuentre ocupados en nuestros deberes con nuestro Señor.

Nosotros por propia voluntad nos hemos hecho esclavos del Señor, porque sabemos, porque tenemos la convicción, la fe en que Él es Dios y como tal, infalible. Le entregamos nuestra voluntad para que Él nos guíe y lleve a alcanzar la plenitud. ¡Qué para eso vino! ¿Qué puede resultar más conveniente?

No somos tontos. Nos basta echar un vistazo a un cielo estrellado, a una célula, a un paisaje o al vientre de una madre para darnos cuenta que la vida es una maravilla creada por Dios y que en su infinita sabiduría ha querido compartirla con nosotros, porque así le pareció bien.

Hagamos Tu Voluntad

A quien nos ha dado tanto por su libérrima Voluntad y Amor, no podemos menos que bendecirlo y postrarnos a sus pies en señal de agradecimiento, reverencia y plena sumisión. Habla Señor que tu siervo escucha. Quien así vive, espera con alegría las postrimerías.

Qué más da si se trata de la muerte propia o la del fin de la historia y el Juicio Final. De ninguna de las dos podremos evadirnos y si hemos sido justos y obedientes a la Voluntad de Dios, sabemos que la alegría y felicidad que por fin alcanzaremos será plena.

No hay nada que se le pueda comparar en este mundo. Sabemos que la alegría o el gozo más grande en esta vida, no será nada comparada con aquella. Por lo tanto, ¡bien vale la pena aguardar! ¡bien vale la pena cualquier privación o sacrifico, por grande que este parezca!

Hacernos esclavos por amor

Esto es lo que estamos llamados a creer racionalmente. No se trata de una superstición o superchería. El demonio, nuestro principal enemigo, bien lo sabe. Es por envidia que trata de alejarnos de este Camino, el único que conduce a la Vida Eterna.

Por eso es bueno que ahora dediquemos un buen tiempo a reflexionar en las postrimerías. Así como debemos tener siempre a Dios en el centro de nuestras vidas, como el principio y fundamento de cuanto hacemos o dejamos de hacer, hemos de pensar en aquel gran salto que habrá de permitirnos contemplar a Dios por toda la Eternidad.

Pero solo llegaremos a aquel puerto si cogiendo con firmeza el timón, enfilamos nuestra nave a aquel punto, haciendo caso omiso a los cantos de sirenas y oponiéndonos con valor al oleaje y a los esbirros del demonio que quieren hundir nuestro barco, para hacerse de nuestras almas, el más preciado tesoro que Dios ha confiado en nuestras manos.

Para quien, como la Santísima Virgen María, declara abiertamente su disposición de servir como esclavo a la Voluntad del Señor, no existe poder en el universo capaz de doblegarlo. Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta.

Oración:

Padre Bueno, Creador nuestro, danos humildad, grandeza de corazón y amplitud de criterio para entender que solo la obediencia y sumisión absoluta a Tú Voluntad puede acarrearnos la Vida Eterna y con ella la plenitud y felicidad a la que estamos llamados. Que no nos dejemos llevar por el pesimismo, ni atraer por el dinero o el poder. No nos dejes, ni permitas que nos alejemos de Ti. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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