Lucas 1,57-66.80 – Invadió el temor a todos sus vecinos

Invadió el temor a todos sus vecinos

«Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón…”

Domingo 12do del T. Ordinario | 24 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Invadió el temor a todos sus vecinos

Nosotros, con tantas películas fantásticas, pasamos por alto algunos acontecimientos asombrosos como los que se relatan en este Evangelio. Acostumbrados a ver en cine, televisión y toda clase de dispositivos digitales las escenas más increíbles, poco nos llama la atención.

Junto con todas las bondades de las comunicaciones y el procesamiento de imágenes, hemos de reconocer que nuestra capacidad de asombro ha ido menguando paulatinamente. ¿Cuánta sangre y cuántos asesinatos vemos a diario?

Invadió el temor a todos sus vecinos

Con crudo realismo estamos expuestos a toda clase de escenas, desde muy pequeños, a tal extremo que ya poco nos sorprende. Poco, si algo, queda ya para la imaginación. Los maestros de la segunda mitad del siglo XX lo empezaron a notar.

¿Qué consecuencias ha acarreado sobre la mente y el espíritu de la humanidad esta “ventana” que ha tomado por asalto familias y hogares? ¿Qué criterios han primado para entregar su programación cotidiana? ¿Qué mentes la elaboran?

¿En manos de quienes hemos caído? ¿De un mercado inescrupuloso que entrega cualquier producto con tal de generar rentabilidad? Masificados los medios y la información de toda clase que se transmite a través de ellos ¿cómo se regulan? ¿Quién los regula?

«Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón…”

¿El mercado? ¿La oferta y la demanda? ¿Tienen estas entidades capacidad para decirnos lo que está bien para nosotros, para nuestros hijos, para nuestras familias? ¿Será que lo que dice el consenso ha de ser lo correcto, sin más argumento que la aceptación o rechazo mayoritario?

¿No es verdad que mientras más vemos ciertas escenas, más inocuos nos hacemos a las mismas? ¿No tienen estas un efecto sicológico y emocional sobre nosotros? ¿De dónde proviene la mayor producción de películas y videos? ¿Quiénes los producen?

¿No se nos introducen estilos de vida, costumbres e incluso principios éticos y morales a través de estos medios? ¿Tenemos la capacidad para abstraernos de su influencia? ¿No estamos todos uniformizando nuestras conductas conforme a ciertos patrones dominantes?

¿Las modas y los movimientos sociales que de pronto se extienden por todo el planeta, no están siendo promovidos a voluntad por ciertos individuos o grupos de poder? ¿Más allá de la caída de fronteras, que otras consecuencias ha traído la globalización?

«Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón…”

¿Por qué parece que los intereses contra la vida, contra el matrimonio, contra la familia y contra el cristianismo se van imponiendo inexorablemente de país en país, a partir de Estados Unidos y Europa? ¿Tiene algo que ver esta “ventana” intrusa?

¿Estamos de algún modo determinados y parametrados por las ideologías dominantes en nuestro planeta? ¿Hay alguien o algo que le hace el suficiente contrapeso a este “agujero negro” que pareciera destinado a engullirlo todo?

Pues sí. La respuesta es sí. Aquellos pueblos en las montañas de Judea fueron testigos de ello. Nosotros, acostumbrados a todo y educados por Broadway para negarlo todo, conforme a la mejor conveniencia de quienes viven inmersos en la farándula, no nos hubiéramos inmutado.

Ellos sí. Esta gente sencilla, rústica, realista y conocedores de sus necesidades y limitaciones, quedaron profundamente sorprendidos por lo que allí estaba ocurriendo. Una mujer estéril y anciana había parido un niño y su marido que había perdido la voz, de pronto la recuperó.

«Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón…”

Algo extraño estaba pasando, que los llenaba de temor. Eran creyentes y conocían las profecías. ¿Sería Elías? ¿Sería el Mesías? ¿Será ahora que vendrá a restaurar el Reino de Dios? ¿Será que llega el momento de la liberación? ¿Cómo será?

Y desde entonces, primero con Juan el Bautista y luego con Jesucristo, su primo, Hijo de Dios y Salvador nuestro, aquel rumor se ha ido extendiendo por el mundo entero, suscitado diversas reacciones, desde la fe, la alegría y la esperanza, hasta el odio más descarnado.

Aquel al que Juan precedió, dirá un día: he venido a traer fuego al mundo y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo. Muy fuertes palabras que sus enemigos durante más de dos mil años han tratado de opacar, contra restar y borrar de las mentes de la humanidad.

No han podido, ni podrán, porque quien las pronunció es nada menos que Jesucristo, Hijo de Dios, quien vino por Voluntad de nuestro Padre a Salvarnos de este Maligno enemigo, que lucha por mantenernos encadenados al vicio, a la mentira, a la oscuridad y la muerte.

«Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón…”

Muchas tretas ha empleado el Demonio y las seguirá empleando para alejarnos del amor de Dios, del destino para el cual fuimos creados, pero jamás podrá contra el Creador de lo visible y lo invisible, contra el dueño de la Verdad y la Vida.

Se viene valiendo del cine, la televisión y los celulares inteligentes, así como de las redes sociales para tratar de imponer su cultura de muerte, alentando el hedonismo, el egoísmo, la mentira, la soberbia, la lujuria, el terror, el asesinato y la muerte. Pero, ¡jamás podrá contra Dios!

Jesucristo ha vencido a la muerte. Las puertas del infierno no han podido contra Él. Mantengámonos firmes y atentos a Su Palabra. ¡Rompamos las cadenas de la esclavitud! ¡No permitamos que la “caja boba” nos robe la Vida Eterna.

Juan el Bautista, así como Jesucristo, constituyen el cumplimiento de las promesas anunciadas por Dios a través de los profetas, muchos siglos antes de sus nacimientos. ¡No tenemos nada que temer! ¡Por el contrario, alegrémonos porque Dios se ha acordado de nosotros!

Y como dice el Salmo 125, Dios nos solo se ha acordado, sino que ha estado grande con nosotros. Esto es lo que detesta el Demonio y todos los que han caído en sus redes y han quedado esclavizados a sus vicios, al egoísmo, la mentira y la muerte.

«Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón…”

Oración:

Padre Santo, te damos gracias por enviarnos a Juan el Bautista, a quien hoy recordamos, como precursor de Tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Danos el coraje de anunciarlo al mundo entero, con perseverancia y tenacidad, como hizo Juan en el desierto. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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