Lucas 15,1-3.11-32 – Esta es mi sangre

Esta es mi sangre

“Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomen, este es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos.”.

Domingo de la 9na Semana del Tiempo Ordinario | 03 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Esta es mi sangre

El Señor Jesucristo es Dios. Lo repetimos, porque Él mismo nos lo hace notar. No quiere que estemos confundidos, ni nos dejemos enredar, ni engañar. Es verdad, es el Hijo de Dios, por lo tanto, exactamente como tal, es Dios, junto con el Padre y el Espíritu Santo. Tres persona distintas, un solo Dios Verdadero.

La Trinidad, es una relación que para nosotros se hace un tanto misteriosa, es verdad. Sin embargo ella se aclara lo suficiente como para que creamos en esta realidad Sobrenatural, en los Evangelios y en la Biblia en general, aunque no alcancemos a comprenderla plenamente.

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Nos encontramos con este texto muchas veces y pasa desapercibido aquel detalle tan importante del envío que hace a sus discípulos. Es algo que podría parecer trivial, pero sin embargo tiene un significado fundamental. Todo lo encuentran y sucede tal como Él se los había dicho.

Esta es una forma de decirles, y a través de ellos a nosotros, que Él está al tanto de todo lo que acontece y acontecerá. Todo está planeado al mínimo detalle y sucederá tal como Él lo ha visto y sabe. Él puede ver en un instante toda la historia para adelante y para atrás, sin límites. ¿Por qué? Porque es Dios. ¿Es que necesitamos otro argumento?

No perdamos de vista esta constatación de la Verdad que Él nos revela. Por eso, cuando Él diga este es mi cuerpo y esta es mi sangre, estará realmente entregando su cuerpo y su sangre a sus discípulos y a través de ellos a la humanidad de todos los tiempos, donde, por supuesto, estamos incluidos.

Cada vez que participamos en la Celebración Eucarística estamos comiendo su cuerpo y bebiendo su sangre, ni más ni menos. ¿Es un misterio? ¿Es un milagro? Llamémoslo como queramos, pero esto es tan cierto como que el sol sale cada día por el este y se oculta por el oeste.

Él ha querido quedarse entre nosotros para siempre en estas formas, que son verdadera comida y verdadera bebida para quienes las aceptan y las toman. Estos son alimentos de Vida Eterna. El mismo nos lo dice, que el que come su carne y bebe su sangre, vivirá para siempre.

Entonces, no es solo que ha muerto por nosotros, dándonos la muestra más grande de amor que alguien nos haya dado jamás, para que vivamos eternamente, sino que se ha quedado entre nosotros como alimento cotidiano y permanente para asegurarse precisamente que alcancemos este fin. ¡Qué más podemos pedir!

Es de esta forma que Él ha cumplido con la Voluntad del Padre. No ha dejado ningún cabo suelto, asegurándose de enviarnos adicionalmente al Espíritu Santo para que nos defienda del Maligno y nos conduzca hasta la Verdad completa, donde nuestra la Alegría llegará a su plenitud.

Por si fuera poco se hizo hombre, como nosotros y vivió del mismo modo que nosotros, naciendo de una mujer y viviendo en una familia. Comió, bebió, durmió, y padeció el dolor y hasta la muerte, como nosotros. Pero Él, como ninguno de nosotros aún, resucitó al tercer día y ascendió al cielo, al lado del Padre, de donde vino.

Mientras estuvo entre nosotros, pasó haciendo el Bien. Nos dio un ejemplo de vida tal, que se convirtió en el Camino, tal como Él mismo lo dice. Hemos de vivir y amar como Él. ¡Él es el Único modelo a seguir! Por eso es preciso conocerlo.

Él, con sus palabras, nos enseñó la Verdad y nos reveló todos los misterios desde la Creación hasta la Vida Eterna. ¿Cómo podemos conocerlos? A través de la lectura, meditación y oración de Su Palabra contenida en los Evangelios.

Si adquirimos Su visión y seguimos Su ejemplo, haciendo lo que nos manda, alcanzaremos la Vida Eterna. Es por eso que Él mismo se nos da a conocer como la Vida. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. ¡Sigámoslo con fe!

¿Por qué ha hecho todo esto? ¡Por amor! Porque Dios Padre nos ama tanto que no tuvo reparo en enviar a Su Hijo Jesucristo para salvarnos y Él en cumplimiento de Su Voluntad hizo todo lo que fuera necesario para asegurarse que le diéramos a Dios Padre la Alegría de conducirnos a esta misma Alegría, para fundirnos eternamente en una misma Alegría. ¿No es esta la mejor noticia?

¡Qué necios, qué soberbios, que ciegos tenemos que ser para dejarnos engañar por el Demonio, despreciando este amor y la promesa de la Vida Eterna! ¡Qué torpeza! ¡Qué error! ¡Qué engaño! ¡Qué tristeza, que teniéndolo todo, lo echemos por la ventana, para seguir regodeándonos entre cadáveres putrefactos!

Oración:

Padre Santo, no permitas que caigamos en la insensatez de la tentación. No dejes que nos extraviemos siguiendo cantos de sirenas. ¡Danos fe! Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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