la Ley entera y los profetas

la Ley entera – Mateo 20,20-28

la Ley entera

«”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Domingo 30ro del Tiempo Ordinario – Ciclo A | 25 de Octubre del 2019 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Éxodo 22,20-26
  • Salmo 17,2-3a.3bc-4.47.51ab
  • I Tesalonicenses 1,5c-10
  • Mateo 22,34-40

Reflexión sobre las lecturas

la Ley entera

Estamos en el centro de la Palabra del Señor. Si tuviéramos que escoger cuál es el núcleo de las Escrituras tendríamos que decir que son estos versículos de Mateo. Quien logra captar en su debida dimensión este mensaje, ha comprendido la Misión de Jesucristo y con ella la suya propia. Estamos ante los mandamientos que sostienen la ley entera.

Diríamos que esta es la “semilla del Reino”. O si se quiere, la clave. Tal como nos da a entender Pablo en su carta, el amor se transmite con el ejemplo. Y como lo muestra el Éxodo, el amor se traduce en obras. El amor que se queda en palabras y buenas intenciones, no es amor.

No se trata entonces de entender con el intelecto. Este ejercicio solo es inútil si no va acompañado por una forma de afrontar y vivir la vida. El Evangelio es, precisamente eso antes que nada: vida. El Señor nos dice ha venido para que tengamos vida plena. Esta es imposible sin el amor.

la Ley entera y los profetas

Dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas

Así de esencial ha de ser el amor para la humanidad entera y particularmente para todo cristiano. Es el amor el que debía expandirse por todo el planeta como un virus. Esta debe ser la única y verdadera Pandemia. El amor a Dios y a nuestros hermanos. Es a lo que temen los enemigos del Señor.

Por eso han decretado con tanta urgencia y fuerza una pandemia que busca contrarrestar y eliminar el amor. ¿Qué otra cosa es el Corona Virus? ¿Qué es eso del distanciamiento social? Es un plan siniestro urdido por el poder que se mantiene en las sombras, en las tinieblas para terminar con el amor.

Y es que para estas fuerzas poderosas y ocultas el enemigo a batir es Cristo. De allí la quema de Iglesias. El retiro y destrucción de imágenes y crucifijos, la profanación de templos, no tiene nada más que este objetivo. Acabar con el amor y aterrorizar a quienes no asumen sus disposiciones con determinación.

Ataque al corazón del Hombre

Todo es un montaje destinado a socavar el Evangelio que ha anidado en los corazones de buena parte de la humanidad. El demonio se retuerce de envidia, de ira. De allí su ataque virulento, mediado por sus representantes en la tierra.

La corrupción, la falta de ética y moral, la avaricia, la falta de escrúpulos, la soberbia, el orgullo, la sodomía, la lujuria, la prepotencia, el sadismo, la prepotencia, la mentira, la propaganda y el poder político mundialista se han puesto de acuerdo con este solo propósito: erradicar a Cristo y con Él al amor del planeta.

Un manto de penumbra se ha extendido sobre la humanidad entera, agitado por espíritus inmundos. Es una ofensiva descomunal. Es cierto. Pero no menos cierta es la respuesta que el Santo de Dios está dando en todas partes y a todo nivel.

Batalla por erradicar la ley del amor

Nos encontramos posiblemente al medio día. Es decir, en el zenit de la batalla. Pero no nos dejemos engañar. Cuando todo puede parecer y presagiar la victoria del poder de las tinieblas, es cuando más cerca se encuentra su derrota definitiva.

Son los estertores de muerte que estremecen a esta monstruosa bestia los que vemos agitarse. Pero no nos engañemos. La pradera está ardiendo por dentro. El fuego del amor jamás se apagará, porque la llama ardiente de la cruz de Jesucristo la sostiene. Esta es la ley entera y los profetas.

La victoria definitiva del amor está ahora más cerca que nunca. Pidamos al Señor de la Gloria que así sea. Que aplaque la ira de Satanás y todos sus ejércitos y emprendan la retirada, vencidos por el Arcángel Miguel.

Contagiemos el rezo del Rosario

Sigamos orando a la Santa Madre de Dios, a la Santísima Virgen María, para que aplaste la cabeza de esta fiera, arrancando a la humanidad de sus garras. La oscuridad, la muerte, la mentira y el engaño no prevalecerán, porque el fuego del amor ha sido regado con la Santísima Sangre del Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo.

Estamos a punto de ver Su esplendor. Preparémonos en cuerpo y alma. Oremos hoy más que nunca. No dejemos de amar. Por el contrario, esforcémonos en amar más y mejor a cuantos nos rodean cada día. A nuestros familiares y amigos.

Que nuestros gestos, que nuestras palabras, que nuestras acciones estén dirigidas y encaminadas al amor. Demos ejemplo en eso. No esperemos que nadie lo haga por nosotros. Y si hemos comprendido el amor, no nos dejemos doblegar por alguna respuesta negativa. El que ama se da sin condiciones a ejemplo de Cristo.

Jerusalén celeste, allá vamos

Esto es todo cuanto tenemos que saber de los Evangelios y de las Escrituras. Si hacemos de ello nuestra forma de vida, estaremos sumándonos al ejército de ángeles en esta lucha silenciosa que habrá de terminar con la Victoria definitiva de Cristo, sellada con Su muerte y resurrección.

No temamos. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si al final pierde el alma? No temamos a quien puede dañar el cuerpo. Cuidemos nuestra alma cuya vida la sostiene el amor. Quien así se conduce vivirá eternamente. Esa es la Patria a la que vamos: la Patria Celestial. El Reino del Amor.

Oración

Padre Santo, arde, quema nuestros corazones con la llama de Tu amor. Que sea esta tan fuerte en nosotros, que nos impulse a contagiarla a nuestros hermanos, empezando por nuestras familias. Te lo pedimos por Tú Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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