los que crean

Juan 20,24-29 – Dichosos los que crean

Dichosos los que crean

“Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Sábado de la 13ra semana del T. Ordinario – Santo Tomás| 03 de Julio del 2021 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Dichosos los que crean

¿Por qué somos escépticos? Hay cosas que nos resultan prácticamente imposibles de creer. Esto pasa aquí con Tomás. ¿Cómo creer que Cristo ha resucitado? Hay algo en la cabeza de Tomas que le impide creer. No puede ser, aunque todos lo afirmen. Hay algo extraño.

Tomas acompañó en sus correrías a Jesús. Debió ver más de uno de los milagros portentosos de Jesús. Sin embargo se resiste a creer que haya resucitado, tal como lo había anticipado. ¿Es que lo anterior había sido posible, más no que resucite? ¿Por qué?

Nos atrevemos a insinuar que Tomás está decepcionado, como seguramente la mayoría de los que siguieron a Jesús. Es que él, como muchos, incluso Judas, esperaba otra cosa de Jesús. Esperaban que se defienda. Esperaban la instauración del Reino de Dios.

los que crean

Presten atención y crean en el Evangelio

Esperaban ver a Jesús triunfante. Sin embargo, lo que acababan de vivir, no era precisamente la imagen de triunfo que ellos habían alimentado en su cabeza. No acababan de entender el Camino que había tomado el Señor. Lo estaban juzgando.

¿Con qué criterio nos sentimos capaces de poner en tela de juicio el accionar de Jesús? Definitivamente nos faltan elementos para juzgarlo. Nos resulta imposible tener su perspectiva. Sin embargo casi sin darnos ni cuenta caemos en esta postura soberbia.

La única respuesta atinada y lógica frente al proceder de Jesús es la fe. Es a ello que nos invita: a creerle. ¿Por qué habríamos de creerle? Porque es Dios y nos ha dado pruebas suficientes de ello. Él mismo nos dice que ha venido cumpliendo la Voluntad de Dios Padre.

Crean en el testimonio de sus padres

Nuevamente, todo lo que nos cabe a nosotros es creerle. ¡Bendito el que crea sin haber visto! Tal como nos toca a nosotros hacerlo. ¿Por qué creemos? Porque nuestros padres nos lo han enseñado así. Porque nosotros creeremos del mismo modo que ellos han creído.

Sin embargo hay mucho más razones para creer. Tanto a nuestros padres, como a nosotros a lo largo de nuestras vidas, el Señor nos da generosamente motivos para creer. Son motivos suficientemente razonables para creer.

Ello es más frecuente de lo que creemos. Basta entablar una conversación sincera con cualquier persona para establecerlo. Más pronto, cuanto más humilde es la persona a la que interrogamos. Dios nos da motivos íntimos para creer.

Crean en Dios y en el Evangelio

Él sale al encuentro de quien sinceramente lo busca. Nos provee las razones para creer más allá de los Evangelios. Así, para quien no le basta la Palabra escrita, leída o proclamada, está la voz del Espíritu Santo que nos habla en el silencio de nuestros corazones o en los acontecimientos de nuestra vida cotidiana.

Dios es evidente para quien razonablemente quiere verlo o encontrarlo. Solo tenemos que estar atentos. Es por eso precisamente que el Demonio genera tanto ruido en la vida moderna. No quiere dejarnos espacio para la meditación y el discernimiento.

Nosotros, lamentablemente, en esta cultura del ruido, de la bulla, del “rock”, de los celulares, andamos absortos con el oído y la vista siempre ocupados, distraídos, con toda clase de temas, muchas veces intrascendentes, pasajeros.

Así, con tanto ruido, nos resulta cada vez más difícil encontrarnos con Dios. Es más difícil, pero no es imposible.

Oración:

Padre Santo, hoy te pedimos que nos ayudes a encontrarnos contigo y con Cristo, Tú Hijo. Queremos creer, pero cómo hacerlo si no te conocemos y tenemos muy poco tiempo libre de ruidos para encontrarte y oírte. Sacúdenos de la esclavitud de la tecnología y permítenos encontrarnos a solas contigo un momento cada día. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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