ha resucitado de entre los muertos – Mateo 14,1-12

agosto 4, 2018

ha resucitado de entre los muertos

“En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»”

Sábado de la 17ma Semana del T. Ordinario | 04 de Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

ha resucitado de entre los muertos

No dejan de ser extrañas estas palabras en boca de Herodes. ¿Qué nos revea el Señor a través de esta expresión? Herodes sabía muy bien que el mismo había enviado a ejecutar por un miserable capricho a Juan el Bautista, ¿Cómo podía ser él?

¿Cuánta consideración le guardaba Herodes a Juan? ¿En qué sitial lo tenía? Lo admiraba. Le había costado mandarlo matar y lo había hecho por una razón tan nimia. ¡Qué desorden ético y moral evidencia este individuo en su comportamiento!

ha resucitado de entre los muertos

¡Qué sangre fría! ¡Qué falta de escrúpulos! ¡Qué poca humanidad! Lo admiraba; lo temía y sin embargo no tuvo ningún reparo en mandarlo matar. ¡Qué soberbia para tomar una decisión tan trascendente con tanto desenfado!

Manda matar a un hombre que respetaba y admiraba, porque le intrigaba y lo sorprendía tal vez. Tenía un aura de misterio para él. Sin embargo nada de esto fue suficiente para que desistiera de complacer el capricho de esta niña que le había gustado tanto.

¿Qué gobierna a Herodes? Las bajas pasiones, sin duda. El deseo, la obsesión y el empecinamiento de tener a cualquier costo satisfecho su capricho. Podía hacerlo y quería hacerlo. Esto era más fuerte que cualquier reparo.

No había nada suficientemente poderoso para detenerlo. ¡Qué concepto tenía de sí mismo! No le venían ni a su mente ni a su corazón motivos suficientemente sólidos que le hicieran desistir de su propósito. Él quería, él podía. Nada más importaba.

“En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»”

¿Si esta no es una actitud salvaje, cruel, descorazonada y demoniaca, entonces qué es? ¡Ese es Herodes! Capaz de considerar que podría tratarse de Juan, al que había mandado asesinar, que podía haber resucitado. ¡Qué ligereza otra vez!

Matar, tomar la vida de quien quisiera, estaba dentro de sus potestades. Ni él ni nadie le pedirían más razones, que aquella que quisiera dar, si así le parecía bien. ¡Un déspota! ¡Un arbitrario! ¡Un semi dios!

Admite sin más que bien podría tratarse de Juan que había resucitado. ¿Y si era él? ¿Había algún asomo de arrepentimiento en Herodes? Sabía que no había mandado matar a cualquiera. Incluso tenía una explicación para los milagros que se le atribuían a Jesús. Debían ser Juan que ha resucitado de entre los muertos.

¿Y esto, no debía ser suficiente acontecimiento como para enmendarse, para arrepentirse y cambiar? ¿Qué nos revela esta actitud del ser humano? ¿Hasta dónde puede llegar nuestra necedad? ¿Qué tiene que pasar para que cambiemos?

No cualquiera de nosotros puede llegar a ser como Herodes, seguramente ¿o, si? Obstinado, cerrado, duro de corazón, ciego. ¿Qué podía atraerle más, sino él mismo? ¡Un egocéntrico! ¿Cómo librarnos de tal proceder?

Cuando caemos y es verdad que muchos caemos y caemos muchas veces, no hay forma de salir de esta profundidad por nuestros propios medios. Necesitamos de la fuerza poderosa de Dios. ¡Solo Él puede rescatarnos!

“En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»”

Por lo tanto, debemos pedirle todo el tiempo, incansablemente, que no nos deje caer en la tentación y que si lo hacemos, nos ayude a salir. ¡No dejemos de hacerlo, ni aun cuando estamos en el fondo! ¡No dejemos de orar! ¡Mucho más cuanto más lejos nos sentimos!

¡Más aun! Diríamos que cuando más cerca nos creemos, tal vez sea cuando más debemos orar, porque podríamos estar viviendo una ilusión, una mentira, como seguramente lo hacía Herodes. ¡Solo Dios puede salvarnos! ¡Solo Él es garantía de salvación!

Perseveremos en la oración y en la Eucaristía. Quien tiene a Dios, lo tiene todo. ¡Solo Dios basta!

Oración:

Padre Santo, no permitas que nos alejemos de Tí. Que no se endurezca nuestro corazón. Que no caigamos en la soberbia de creernos santos y salvos y empecemos a ver por sobre el hombro nuestros hermanos. Haznos sensibles, solidarios, amorosos. Sácanos del pozo del egoísmo. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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