gente sencilla

gente sencilla – Mateo 11,25-27

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“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.”

Miércoles de la 15ta Semana del T. Ordinario | 17 Julio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

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El Señor se hace cargo de nuestra historia. Es decir, que Él asume nuestros errores y corrige la senda, para salvarnos. El salvarnos no es mérito nuestro. No hay merecimiento alguno en ello y mucho menos es el resultado de nuestro empeño.

El Señor nos salva por amor. Cuesta mucho entenderlo porque estamos acostumbrados a obrar por interés, incluso en las relaciones interpersonales más íntimas, como las relaciones de amistad, familiares o de pareja.

Queremos entenderlo y explicarlo todo por nuestra razón, pero la verdad es que nunca podremos hacerlo, porque somos muy pequeños. Eso es lo primero que debemos asimilar y posiblemente lo que más cuesta a nuestra soberbia.

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Dios se revela a la gente sencilla

Es algo que intelectualmente estamos dispuestos a aceptar, pero no emocionalmente. La prueba está en los intrincados sistemas ideológicos que construimos, todo para justificar nuestros pensamientos, opiniones y gustos.

Con tal de justificarnos en nuestras pretensiones y deseos, elaboramos complejas teorías, difíciles de entender, sobre todo para quienes no tienen la base intelectual que nosotros. ¿Cuánta distancia con el proceder del Señor?

Hace tan solo unos días me retiré por casi una semana para hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y un amigo me prestó un libro de un gran teólogo con reflexiones sobre el tema. Debo ser muy bruto, pero cuando eché mano de él, tuve que dejarlo, porque no entendía nada.

Dilucidar a qué se refiere lo de gente sencilla

Le devolví a mi amigo el libro, no sin antes hacerle notar que había partes que simplemente me fueron imposibles de entender, pues me parecían verdaderos trabalenguas. Eran, seguramente, conceptos muy elevados e inalcanzables para mi pobre sabiduría.

En ese entonces recordé este evangelio y le di gracias a Dios por explicarnos las cosas de modo tan sencillo, porque si mi salvación hubiera dependido de este teólogo, me sería imposible alcanzarla, porque no hubiera podido llegar a entender que es ser cristiano.

Supongo que no hay mala intención, ni mucho menos en estos textos, pero no deja de cuestionarnos la gran dificultad que plantea el entenderlos. ¿Será porque las cosas son tan difíciles o porque al escribirlas quieren mostrar su erudición?

¿Cuál ha de ser nuestra posición?

Sin temor a equivocarnos, creemos que debemos esforzarnos por entender lo que nos revela Jesucristo. Toda Su vida, desde su nacimiento hasta su muerte ha tenido palabras, gestos y obras orientadas a la gente sencilla, es decir, al más común de los mortales.

Este debe ser un principio sobre el cual también debemos cimentar nuestras vidas. Desde todo punto de vista. No se trata de buscar privilegios. No se trata de formular preguntas o respuestas elaboradas. Se trata de tener una actitud minimalista.

Adoptar esa visión en la que menos es más. Expliquémonos. Dejémonos de dar rodeos, de adornar las cosas y de argumentar. Dios quiere ser el cetro y motor de nuestras vidas. ¿Es o no es? Respondamos simple y directamente esta pregunta.

¿Creemos o no creemos en Dios?

Esta es la pregunta que debemos responder con nuestras vidas. Dicho de otro modo, nuestras vidas deben ser un testimonio de nuestra fe. Ahora que la fe no es resultado de nuestra fuerza de voluntad o nuestra capacidad, sino Gracia que Dios concede.

Por lo tanto, nuestro papel ha de reducirse (si se puede expresar de este modo) a pedirla en oración constante, perseverante y permanente. Nuestra acción ha de distinguirse por el empeño en la vida de piedad, poniéndonos en manos de Dios, como un instrumento suyo.

Confiar plenamente en Él, aun cuando Su Voluntad y lo que hace, en muchos momentos nos sea incomprensible. Es entonces que debemos tener la humildad suficiente para acatar, viviendo en la verdad y el amor.

Tal vez este sea el mensaje

No somos nosotros la medida de la corrección y la verdad. Sin embargo también esta puede ser una forma de dejarse llevar por la senda del mal. La imposición del relativismo no puede ser la respuesta. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Este reconocimiento no puede significar otra cosa que orar profundamente, pidiendo al Espíritu Santo que nos guíe y conduzca, cumpliendo cada día lo que el Señor nos manda en los Evangelios: Amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a nosotros mismos.

Vivamos así, con sencillez, atendiendo el afán de cada día, y estaremos sembrando el ejemplo que mañana nos permitirá cosechar el resultado del esfuerzo cotidiano. Tengamos fe y no temamos, que Él está al mando.

Oración:

Padre Santo, perdona que a veces nos dejamos arrastrar por temores, por rumores y noticias que nos hace olvidar que estamos en el mismo barco que Tu conduces. Danos fe, paz y alegría y haznos capaces de transmitirla a nuestros hermanos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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