Fariseo ciego – Mateo 23,23-26

agosto 28, 2018

Fariseo ciego

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que purifican por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia! ¡ Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!

Martes de la 21ra Semana de T. Ordinario | 28 de Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Fariseo ciego

Pocas cosas le molestan más al Señor que la hipocresía. Aquél que se hace el desentendido, el que no se dio cuenta del daño que hacía, cuando es a todas luces evidente que sabía. Aquél que pretende lavarse las manos haciéndose el tonto.

Y es que el mentiroso, el cínico, tal vez engañe a algunos de nosotros por un tiempo, pero nunca jamás podrá engañar a Dios. Él ve todo, nuestras almas y corazones, como a la luz del medio día. No hay detalle que se le escape.

Fariseo ciego

Por lo tanto, pretender engañarlo, es de tontos, de necios que se figuran que porque nadie se ha dado cuenta, también han engañado a Dios. La verdad tarde o temprano, SIEMPRE, se sabrá. Pero Dios la sabe desde que estuvimos maquinando el engaño y aun antes.

¡No le hagamos sangrar el corazón! ¡El Señor sufre con nuestras mentiras, porque nos ha hecho para la verdad y el amor! Vernos en la mentira es como vernos nadando en el estiércol. Peor si encima nos ufanamos de ello, como si fuera una proeza.

Quitar a nuestros hermanos lo que les corresponde, con engaños y mentiras es una afrenta para Dios. ¡No la tolera! Como no tolera el abuso o el crimen perpetrado contra los más débiles e inocentes. Por eso no habrá jamás peor pecado que el aborto.

No podremos argumentar que no sabíamos, que no podíamos evitar el embarazo. Peor aún, jamás podremos justificar el matar a aquel niño como si fuera una mosca, o una alimaña molesta. ¡Es tu propio hijo! ¡Dalo en adopción si no lo quieres, pero jamás lo mates!

¡Ese no puede ser el mal menor como sostiene increíblemente el Nobel de la literatura universal, Mario Vargas Llosa! ¡Qué vergüenza! ¡Hasta dónde hemos caído en el engaño, en la mentira! ¡Si desde la cátedra nos dicen que esto es correcto, que se puede esperar del pueblo humilde!

¡Este es el pecado que hoy señala el Señor! El de la hipocresía. ¡Gente ciega que pretende dirigir a otros! Lo peor es que no son ciegos por naturaleza o por accidente, sino que se han hecho ciegos para no ver la podredumbre que con sus palabras fomentan y avalan.

¡Qué fácil es después echar la culpa a los demás, de los problemas del mundo, cuando no hemos sido capaces de afrontar la realidad con honestidad y veracidad! ¡Hemos degradado nuestro hábitat llenándolo de inmundicias y queremos que los demás también lo hagan para no sentirnos menos!

Con tal de no perdernos y no reconocer nuestro error, con tal de no bajar la cabeza y pedir perdón, por soberbia y orgullo, no contentos con haber hecho de nuestro mundo una pocilga, no tenemos ningún reparo en arrastrar a los demás con nosotros, incluyendo a nuestros familiares, amigos y vecinos.

Realmente, los fariseos revuelven el estómago al Señor, como lo hacen a muchos de nosotros. Por algo dice que vomitará a los tibios. ¿Qué otra cosa se puede hacer con quien trama con sangre fría un crimen a un inocente que no le ha hecho daño alguno? ¡Cómo podemos aceptar, sin retorcernos, semejante crimen!

¿Qué se puede sentir por alguien que, por justificarse, por no rectificarse, por no estar solo en tan despreciable falta, sin ningún escrúpulo, induce a otros a participar en tan abominable acción? ¡Dios nos libre de caer tan bajo! ¡Solo la oración puede salvarnos!

Oración:

Padre Santo, perdónanos por ser tan tolerantes y contemplativos con este abuso. Por permitir que delante nuestro se violente de la manera más vil y abusiva la vida de los más pequeños. Danos el valor y la fortaleza para enfrentar al Demonio y todas sus huestes perversas, para erradicarlos de nuestras familias y del mundo entero. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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