estoy de pie a la puerta y llamo – Lucas 19,1-10

noviembre 20, 2018

Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

Apocalipsis 3,20

estoy de pie a la puerta y llamo

Martes 33ra Semana del T. Ordinario | 20 de Noviembre de 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Apocalipsis 3,1-6.14-22
  • Salmo 14,2-3ab.3cd-4ab.5
  • Lucas 19,1-10

Reflexión de las lecturas

Todos tenemos una oportunidad. A todos nos espera el Señor. Es más, Él sale al encuentro de cada uno de nosotros. Él toma la iniciativa, va hasta nuestra puerta, llama y espera en pie que le abramos. Él ha hecho lo suyo. La respuesta está en nuestras manos. ¿Qué haremos?

¿Haremos los que no oímos sus golpes?¿Le dejaremos esperando? ¿Nos esconderemos? ¿Bajaremos la voz para que no nos escuche, crea que no estamos y se vaya? ¿Nos negaremos? ¿Enviaremos a alguien a decir que no estamos, que hemos salido? ¿Saldremos por la ventana? ¿O le gritaremos desde adentro que no moleste?

La respuesta es nuestra. Él ha venido por nosotros. No, no es el cobrador de impuestos. Tampoco el verdugo que viene a pedirnos cuentas. No viene a sorprendernos y a darnos nuestro merecido. No es un ladrón. No viene a quitarte nada. No viene porque te necesita.

Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

Apocalipsis 3,20

Jesucristo viene por ti, viene por mí, viene por todos y cada uno de nosotros, porque nos ama. Es el amigo, el hermano, el que viene en nombre de nuestro Padre, a sentarse con nosotros a cenar. Viene a nuestra mesa, viene a nuestra vida a compartir con nosotros aquello que es nuestro alimento.

Él viene a nosotros, tal y como estamos, ahora, hoy, en este momento. Está ahí de pie, esperando que le abras.¿Será que  tienes vergüenza de abrirle?¿Será que consideras indigno lo que tienes? ¿Será que no tienes nada que ofrecerle? ¿Será que te incomoda Su presencia?

¿Por qué? Tal vez llegó el momento de preguntarte por qué le huyes, por qué te escondes. ¿Qué es lo que no quieres que vea? ¿Crees que haya algo que Él no sepa de ti? ¿Por qué crees que vino,entonces? ¿Para hacerte sufrir?

Todos tenemos la oportunidad de abrirle en nuestras vidas; depende de nosotros. Él viene de parte de quien tedio la vida. No tendrías nada, ni serías nada si no fuera por Él. Él te creó y te trajo a la vida, dándote todo lo que has necesitado para llegar a este momento.

Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

Apocalipsis 3,20

Él es el mismo que está ahora en tu puerta. Él esquíen está llamando. No tendrías que abrirle, recibirle afectuosamente y ofrecerle todo lo que está a tu alcance. Él ha venido. Ni lo has invitado, ni lo has llamado, ni te ha puesto ninguna condición. Él está ahí.

Tú sabes quién es. No puedes negarlo. Puedes tratar de escapar, de ocultarte o de negarte, pero eso no cambia el hecho que Él está ahí. ¡Ábrele! ¡Mírale a los ojos, como Él hace contigo!¡Abrázalo! ¡Siéntelo! ¡Atiéndelo! ¡Comparte con Él lo que tengas! ¡Él está contigo!

Que Él esté ahora contigo, porque le has abierto, porque le has dejado pasar ¿no es esto lo más importante? ¡Olvida todo! Nada, absolutamente nada importa más que este momento, que esta situación. ¡Eso es lo mismo que sucede con Zaqueo!

Si tú le abres la puerta al Señor, el Espíritu de Dios moverá todo tu corazón y todo tu ser para hacer lo que tengas que hacer con tal de tenerlo contigo, con tal de agradarle y halagarlo. Él no necesita ni de tus halagos, ni de lo que tienes. Él te ama a ti. Ha venido por ti.

Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

Apocalipsis 3,20

¿Qué puede importar más que la infinita alegría que Él trae a tú corazón? ¿Es que habrá algo que te pueda llenar y satisfacer más que su sola presencia y compañía? El Hijo de Dios ha venido por ti. ¿Qué más puedes querer? ¡No lo dejes esperar! Y, una vez contigo, ¡no lo dejes marchar!

Siéntelo, óyelo. ¡Pídele que no se aparte de ti! ¡Que no te deje! ¡Que harás cuanto sea necesario para retenerle! ¡Lo que sea Su Voluntad! ¡Que lo seguirá a donde vaya! ¡Que te guíe! ¡Que te ayude! ¡Pero que no se aparte de ti!

Eso es todo lo que precisamos comprender. Que sin Él no somos nada. Que con Él, lo tenemos todo. Que con Él habremos vencido y nos sentaremos con Él en su trono. Que para eso solo tenemos que abrirle y amarle como Él nos ha amado, aun mucho antes que hubiéramos nacido.

Que con Él llega la salvación a nuestras vidas. Que la Salvación, la Luz, la Verdad, el Camino y la Vida vienen con Él…y que Él está a la puerta, tocando, cargado de todos estos tesoros que quiere hoy, ahora, compartir con nosotros. ¿Lo dejaremos entrar?

Oración:

Padre Santo, si llegáramos a comprender que en la historia de la Salvación ha sido siempre Tú iniciativa el llevarnos y conducirnos contigo. Que nos trajiste por amor a la existencia y es por Tú iniciativa que estamos aquí. Que nada quieres más, por lo tanto, que nuestra felicidad y plenitud, y que por eso vienes a nuestra puerta, la tocas y espera de pie que te abramos…No te tendríamos esperando ni un segundo. Danos la Gracia de entender y aceptar este amor infinito. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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