el reino

el reino – Lucas 13,18-21

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«¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.»

Martes de la 30ra semana del T. Ordinario| 27 de Octubre de 2020 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

el reino

El Señor nos invita hoy a reflexionar en el Reino de Dios, aquél en el cual gobernará Su Palabra y no se hará nada que no sea para Bendecir y Alabar Su Nombre. Es a este que ha dado origen con Su Palabra y que no dejará de crecer hasta el fin de los tiempos.

Es la Voluntad de Dios Padre la que Jesucristo ha venido a cumplir, y lo hará hasta la última coma, sin saltarse una línea. Es lo mismo que espera que hagamos sus seguidores. ¿Por qué? Porque es lo único correcto.

Hay entonces un solo Camino y tal como nos lo revela Jesucristo, Él es el Camino. No es opcional. No es uno de tantos de los que podemos escoger. Es el único. Esto es posiblemente lo que más nos cuesta comprender en estos tiempos en los que domina el relativismo.

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La plaga del relativismo

Pero el relativismo es mucho más que una palabra que podemos definir y por lo tanto “aparentemente” comprender. El relativismo es un fenómeno cultural de una época que nos domina, y en el cual estamos sumergidos totalmente y de modo imperceptible.

Es decir, no nos damos cuenta hasta qué punto el relativismo domina nuestro proceder, nuestros pensamientos y razonamientos. Nos hemos acostumbrado a este modo de ver el mundo, a tal punto que ni si quiera nos percatamos de ello.

En contraste ello se pone de manifiesto el Reino de Dios. ¿Por qué? Porque Dios es Único y no acepta matices, pues no es solamente el Camino, sino la Verdad. Lo que nos revela Es, sin medias tintas. El Reino de Dios es y Su ser lo abarca todo.

El Reino es el dominio de la Verdad absoluta

Lejos de los juicios del converso van quedado aquellas expresiones hoy tan usuales: “me parece”, “creo”, “yo pienso”, “yo opino”, con las que describimos nuestras creencias, dejando en libertad a que otros disientan, como si se tratara de un asunto de preferencias personales.

Dios no es así, porque Él no está definido o determinado por nuestras opiniones o preferencias: ¡Él es la Verdad! Esta es única. Estamos obligados a esforzarnos por hacer que sea ella la que brille en todos nuestros actos. La que gobierne todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida.

Es a la Verdad que veneramos, porque ella es Dios. Por lo tanto ninguna mentira está permitida, ni como excusa, ni como atajo, ni mucho menos como sucedáneo. Si no es Verdad, es mentira y la mentira es contraria a Dios, porque proviene del Demonio.

El Camino, la Verdad y la Vida

Culto a la Verdad es lo que se espera de un buen cristiano. Antes la vida que mentir, porque la vida solo encuentra sentido unida a la Verdad. No en vano Jesucristo se declara también como la Vida. No una vida, sino La Vida.

Solo es Vida la que va por el Camino, inmersa, sumergida en la Verdad. El Camino nos conduce a la Verdad, porque es la Verdad, nunca el engaño, la patraña o la mentira el fin del Camino. Y el que Camina en la Verdad alcanza la Vida verdadera, que es la Vida Eterna.

Por lo tanto, podemos notar que existe una grave incompatibilidad entre el relativismo y la Verdad. O te sumerges en una o te sumerges en la otra. Ambas son irreconciliables. ¿Y cómo determinas cual es la Verdad? Conociendo a Cristo. De allí la necesidad de Evangelizar.

La Voluntad de Dios y el Reino

¿Qué es lo primordial en el conocimiento de Cristo? Que Cristo ha venido al mundo a hacer la Voluntad del Padre. Por lo tanto si unidos a Cristo le seguimos, estaremos cumpliendo la Voluntad de Dios, la única que da sentido a la Vida de Cristo y por lo tanto a la nuestra.

De allí que lo más sensato, si queremos alcanzar la plenitud, sea que hagamos la Voluntad de Dios. Si queremos verlo de otro modo, Dios, siendo nuestro Padre Creador, solo quiere lo mejor para nosotros. Esta es Su Voluntad. Si la cumplimos, alcanzaremos la plenitud.

Para concluir, entonces, somos nosotros los que tenemos que ajustarnos a la Voluntad de Dios y no a la inversa. El relativismo, en cambio, pretende que cada quien tiene su propia verdad y que por lo tanto, lo que es bueno para uno no necesariamente es bueno para otro. Es creación del Demonio para sacarnos del Camino

El Reino de Dios no se detiene

En el Reino de Dios, la Verdad y la Vida crecen en forma inexorable, hasta abarcarlo todo. Este es el único Camino, porque esta es la Voluntad de Dios. Una vez liberada y sembrada la semilla, no dejará de crecer hasta alcanzar su propósito.

El Reino es como la piedra que cae en medio de una laguna, empezando a generar ondas que se van expandiendo hasta abarcar la laguna entera. Una vez desatado este movimiento será imposible detenerlo por fuerza alguna que no sea la de Dios.

Es eso estamos. Por eso no hay nada que temer. El Espíritu de Dios habrá de abarcarlo todo y esto será lo mejor que podría suceder. En eso consiste la Misericordia Divina. Dejémonos arrastrar y abatir por ella. No pongamos resistencia.

Oración:

Padre Santo, danos la sabiduría y perseverancia necesarias para no dejarnos doblegar por el temor y la mentira. Que lleguemos a comprender que es solo en el Reino de Dios que alcanzaremos la plenitud a la que aspiramos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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