el que se humilla será enaltecido

el que se humilla será enaltecido – Lucas 18,9-14

el que se humilla será enaltecido

Les digo que éste bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Sábado de la 3ra Semana de Cuaresma | 21 de Marzo de 2020 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

• Oseas 6,1-6
• Salmo 50,3-4.18-19.20-21ab
Lucas 18,9-14

Reflexión sobre las lecturas

el que se humilla será enaltecido

La lectura de Oseas que hoy meditamos comienza recordándonos algo que es fundamental: la decisión de persuadirnos mutuamente a volver al Señor. Primero porque este volver implica que de allí salimos. ¡Nada más cierto! De allí salimos y a Él hemos de volver.

La Casa de Dios, la Casa de nuestro Padre es nuestra casa. Por lo tanto, no es que vamos a Dios, sino que volvemos a Él. Hay una diferencia que para algunos puede ser sutil, pero que en el fondo es vital. Nosotros no vamos, sino que volvemos.

Saber que volvemos es importante, porque nos hace tomar conciencia de nuestro origen y pertenencia. ¡Somos ciudadanos del Cielo! ¡Somos hijos de Dios y como tales sus herederos! Compartimos con Él, que es nuestro Padre todo cuando es y posee.

el que se humilla

Dios es nuestro padre

¡Caramba! Detengámonos un momento a pensar en esto, que no es poca cosa. Dios es nuestro Padre y Creador. Tenemos como padre al mejor que pudiéramos querer, soñar o imaginar. ¡Teniendo a este Padre, qué otra cosa podríamos querer!

Nuestro bienestar, nuestra alegría y felicidad están asegurados. Porque, ¿qué otra cosa podría querer para nosotros el mejor de los padres? No hay motivos para la inquietud, la angustia, ni la preocupación. Porque, quien tiene a Dios, lo tiene todo.

Esto es lo que muchos santos han descubierto y que nosotros también podríamos llegar a entender si nos detenemos unos minutos a reflexionar. No siempre tenemos tiempo. Tal vez ahora sea el momento: Dios es nuestro Padre.

Nos toca ser el que se humilla

¿Por qué teniéndolo todo a su lado un día decidimos alejarnos? Por codicia, por avaricia, por lujuria, por ambición, por orgullo, por soberbia, por egoísmo, por desidia, por desamor, por aburrimiento. Por lo que fuere, sin duda fue un disparate.

No hay nada en el mundo comparable a lo que teníamos en el Cielo, que volveremos a tener si, arrepentidos, pedimos perdón por cualquiera de los motivos que hayan determinado nuestro alejamiento y volvemos.

¡Él nos perdonará, porque su misericordia es infinita! Todo lo que tenemos que hacer es reconocer nuestro error, pedir perdón y emprender el Camino de regreso, tal como Jesucristo nos lo ha enseñado. Eso es todo lo que quiere nuestro Padre.

Tomar el camino de la humildad

¿Qué haremos? ¿Lo despreciaremos? ¿Lo dejaremos esperando? No nos convendría ahora un poco de humildad. ¿Es que no hemos sido nosotros los artífices de cuantas barreras nos separan hoy de nuestro Padre?

¿Acaso no fuimos nosotros haciendo uso de nuestro libre albedrío los que decidimos darle la espalda, negándolo, repudiándolo y rechazándolo injustamente? ¿Qué hizo Él sino reprendernos para que volviéramos por el Camino correcto?

¿Es que ahora vamos a acusarlo y aun condenarlo por querernos tanto? Vamos, volvamos hoy a casa de nuestro Padre. ¡Él nos está esperando! Mientras estemos vivos, nunca será demasiado tarde. Empecemos hoy, ahora el Camino de retorno. Él sanará nuestras heridas.

Volvamos sin detenernos ni un momento

¿Qué haremos para no volver a caer en tentación, para no volver a desviarnos? ¡Olvídate de eso! Lo importante ahora es emprender el Camino de regreso. Allí esta nuestra felicidad. Allá está nuestro Padre amado y con Él nada nos falta!

La plenitud que añoramos la encontraremos en Su compañía. No le hagamos esperar más. Empecemos a caminar sin dejar de tener la mirada puesta en Él. No nos detengamos. Dejemos el resto en Sus manos, que Él sabrá darnos la perseverancia y la fortaleza necesarias.

Oración:

Padre amado, hace mucho tiempo que te tenía olvidado. Perdóname. Tú eres el primero y más importante en mi vida, sin embargo, como el niño majadero que no aprecia ni valora lo que tiene, te di las espaldas por seguir una deslumbrante pero engañosa quimera.

Pronto me di cuenta de mi error, pero por orgullo me resistí a volver; no quería pasar por la humillación de reconocer mi equivocación y pedirte perdón. Temí tu castigo y no estaba dispuesto a pasar por él. Te prejuzgue, anticipando en ti la actitud que yo creí que merecía.

Hoy caigo en cuenta que nadie me ha amado ni me amará jamás como Tú lo haces, de otro modo no hubieras enviado a Tú Hijo Jesucristo a salvarme y Él mismo no lo hubiera hecho costa de Su vida, sin pedir nada a cambio.

Tanto amor resulta imposible de corresponder, pero Tú te contentas con que yo sea feliz. ¡Dios mío perdóname! ¡Quiero volver contigo! Ayúdame a recorrer el Camino de regreso, sin detenerme. Te lo pido por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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