El granos de mostaza

el grano brota y crece – Marcos 4,26-34

el grano brota y crece

“El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.”

Viernes 3ro del Tiempo Ordinario | 01 de febrero del 2019 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

• Hebreos 10,32-39
• Salmo 36
Marcos 4,26-34

Reflexión sobre las lecturas

el grano brota y crece

Hemos de mantener nuestra confianza en el Señor. Él nos explica las Escrituras y nos da a conocer cada día lo que necesitamos para vivir. Su mensaje es concreto y está dirigido a cada uno de nosotros del modo y con el matiz que cada quién necesita oír.

¿Por qué es así? Porque es Palabra de Dios. No se trata de hacer grandes disertaciones al respecto, sino de reconocer que Él es Dios y como tal tiene poder sobre nosotros, pues todo es obra de Sus manos. Su Palabra es pues como el bisturí que va directamente al punto, con la precisión y docilidad requerida hoy, ahora y por cada quien en su circunstancia.

Para vivir, para sostenernos en nuestra rutina, para desarrollarnos y actuar hoy cristianamente, no necesitamos nada más que empezar el día entrando en sintonía con Él y no hay mejor forma que hacerlo a través de Su Palabra.

Su Palabra es vida y vida eterna. Esto quiere decir que Su Palabra es el Camino que Él ha puesto con el poder y la capacidad para conducirnos hasta alcanzar Sus promesas, sí y solo sí nos dejamos conducir. Ello requiere poner en práctica nuestra fe.

“El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.”

Si creemos en Dios también en Su Palabra

¿Creemos o no creemos en Dios? ¿Creemos o no creemos en Su Palabra? Hasta ayer lo hacíamos. Hoy, ¿por qué no? No podemos cambiar así, sin más, de un día para otro, a no ser que estemos locos o en el ínterin haya ocurrido algo tan determinante y poderoso para lograrlo.

Si solo separa nuestra fe de anoche a la de hoy por la mañana un sueño reparador, todo lo que tendríamos que hacer es empezar agradeciendo a Dios por velar por nosotros mientras nos entregábamos totalmente al descanso en cuerpo y alma.

Poder hacerlo de este modo, ¿no es ya una Bendición? Desde luego, no todos hemos tenido esta misma Bendición. Habrá algunos que no pudieron pegar un ojo a causa de un dolor intenso, por un mal físico o por falta de alguien o de algo, como comida, techo o cobija.

Después de agradecer, bendecir y alabar a Dios por este nuevo día, vayan para aquellos que no la pasaron tan bien nuestras primeras oraciones. Pidamos al Dueño de la Vida que se apiade y sea misericordioso con ellos, pues sin importar quienes sean, todos somos hijos Suyos.

“El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.”

Sintamos ahora como en nuestro pecho, en nuestro corazón, desde anoche, aún tenemos esa gran semilla de la que habla el evangelio. Una semilla viva, que crece cada día, tanto en nosotros como en nuestros hermanos, aunque no en todos, ni siempre de modo perceptible.

Seamos agradecidos

Agradezcamos por haberla recibido y por haberla podido conservar fuerte y sana hasta hoy. Pidamos que siga creciendo así, robusta y fuerte mientras tengamos vida, que siempre vaya abarcándolo todo, sin detenerse, pues todo lo purifica y santifica.

Que tome nuestras manos, nuestros pies, nuestros ojos, nuestros oídos, nuestro estómago, nuestros intestinos, nuestro corazón, nuestra mente. Que sea Su Voluntad y no la nuestra la que se manifieste en cada uno de nuestros actos, palabras y pensamientos el día de hoy.

Porque esta semilla, que es el Reino de Dios, no es otra cosa que Él mismo viviendo en nosotros y haciendo que cada minuto, cada segundo vivamos poniendo primero, antes que nada, aquello que Él quiere de nosotros.

“El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.”

El Reino de Dios no es pues otra cosa que aquél en el que todo está dirigido y orientado hacia Él, en todos los aspectos que abarca esta totalidad que conocemos como nuestro ser y que no es otra cosa que nuestra realización en el tiempo.

Perseveremos en el bien

Esta realización nuestra en el tiempo, que llamamos vida, nos llevará a la plenitud si está permanentemente, perseverantemente orientada a hacer la Voluntad de Dios. Es solo así que se va edificando el Reino. Pero no es nuestra voluntad, ni nuestro deseo y ni si quiera nuestra diligencia la que lo hace crecer, sino Dios mismo.

Es Su Voluntad la que se manifiesta inexorable avanzando a la plenitud y lo hace con nuestra anuencia o sin ella, porque esta es la Voluntad de Dios, porque Él ha querido sembrar esta semilla y lo ha hecho por medio de Jesucristo, Su Hijo.

¿Quiere decir que indefectiblemente seremos salvados? ¡No! No hay fatalismo, ni determinismo en Su Voluntad, tan solo Misericordia y Amor. Está en nosotros aceptarlo, por sobre todas las cosas o rechazarlo y perdernos para siempre.

Somos libres. Totalmente libres. Pero adicionalmente hemos sido dotados de inteligencia y voluntad, por lo tanto, seremos unos necios si viendo, sintiendo y conociendo el tesoro que nos ofrece, lo rechazamos a cambio de cualquier banalidad material o espiritual, porque nada ni nadie lo supera.

“El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.”

No nos dejemos engañar entonces por cantos de sirena. Oigamos HOY como cada día la Palabra de Dios y hagamos Su Voluntad, que con eso basta. La decisión es nuestra. Pero solamente eso: la decisión. Porque alcanzarlo es Gracia que Él concede a quien se la pide.

Hagamos la Voluntad de Dios

Por lo tanto, luego de decidir libremente, aplicando nuestra inteligencia y voluntad, pongámonos en Sus manos, orando para que se haga Su Voluntad y no la nuestra. ¡Que sea Él, que sea Su fuerza, Su amor el que empuje cada uno de nuestros pasos, palabras y pensamientos!

¡Que no sea yo quien viva, sino que sea Él quien viva en mí! ¿Entendemos? Que seamos sus ojos, su boca, sus manos, sus pies, su palabra para el mundo entero. Que seamos un instrumento Suyo, desde ahora y hasta el último segundo de nuestras vidas.

¡Qué se haga Su Voluntad! Después de leer y meditar Su Palabra, la que nos ha indicado el Magisterio de la Iglesia (Su Iglesia) a través del Calendario Litúrgico, recemos pausadamente el Padre Nuestro y pidamos de todo corazón “hacer Su Voluntad”.

Cada día, todo el día, desde que abrimos los ojos hasta que los volvemos a cerrar, que solo hagamos Su Voluntad. Si erramos, que tengamos el valor de enmendarnos inmediatamente, pidiendo perdón y subsanando cualquier daño que pudiéramos haber hecho, para seguir siempre adelante cumpliendo Su Voluntad.

“El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.”

No dejemos de orar ni un solo instante, hasta que el sueño nos venza. No dejemos la oración, porque esta es la mano de Dios que nos guía. Cuando no es Él mismo, es a través de nuestra Madre María, de algún ángel, de algún santo o de alguno de nuestros hermanos.

No, no somos seres espirituales. Somos una totalidad que incluye nuestros cuerpos y nuestra vida física aquí en este mundo, pero tenemos un espíritu que nos permite oír a Dios, nuestro Creador y comunicarnos con Él.

El Espíritu Santo nos guía

¡Es más! Contamos con la fuerza y la luz del Espíritu Santo, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, que Jesucristo nos dejó para que nos guíe hasta la Verdad completa. Y Él lo va haciendo día a día, hasta que lleguemos a la plenitud, una vez que hayamos resucitado a la Vida Eterna.

No, no todos lo haremos. Depende en gran medida de nuestra decisión. Cualquier contingencia circunstancial Él sabrá evaluarla con Misericordia. Pero no podemos engañarle, porque ese día se verán todos nuestros actos y sus razones, como quien ve al medio día. Nada quedará oculto, desde el comienzo de la Creación.

¡Hagamos Su Voluntad, que no es otra cosa que oír Su Palabra y ponerla en práctica! ¡Dejémonos de pavadas, que todo lo que va más allá viene del demonio! No nos dejemos arrastrar por disquisiciones ideológicas sin sentido, ni embustes que pretenden “crear un dios” para estos tiempos.

Dios es el mismo hoy y siempre. Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, que, llegado el tiempo irrumpió en nuestra historia para salvarnos y lo hizo, venciendo al demonio y resucitando entre los muertos, tal como nos lo había prometido. ¡En Él creemos! ¡En Él confiamos!

“El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.”

Como dice la aclamación de hoy antes del Evangelio: Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla (Mateo 11,25). Cuidémonos de los seudo científicos que pretenden abolir esta gran Verdad Revelada por Jesucristo.

La fe no depende de la ciencia o del mucho saber

No es la ciencia, ni son los estudiosos y eruditos, que a cada nada inventan nuevas interpretaciones, ideologías, religiones y concepciones los que nos van a conducir a Dios y con Él a nuestra Salvación. Solo Jesucristo, el Hijo de Dios, por Voluntad del Padre, tiene el poder para hacerlo, guiándonos hasta la Verdad completa por medio del Espíritu Santo.

Por lo tanto, no prestes oídos a la Nueva Era (New Age) ni a ninguna de sus variaciones que tiene su origen en herejías y mentiras que el demonio esparce con el propósito de alejarnos de Dios y la Verdad, a través de connotados filósofos e incluso teólogos como Teilhard de Chardin que solo buscan nuestra perdición.

Todos ellos está prohibido por la Iglesia. Si crees en Jesucristo, aprende a confiar también en nuestra Santa Madre Iglesia, que puede cometer muchos errores, es verdad, pero en lo sustancial se mantiene fiel a los Evangelios. ¡No te dejes enredar, que ello es propio del demonio!

Oración:

Padre Santo, no permitas que caigamos en la arrogancia y la soberbia de creernos superiores, peor aún, de llegar a convencernos que son los estudios y nuestros esfuerzos los que nos han llevado a descubrirte o a encontrarte. Si tu no das el primer paso, somos nada. Sin Ti, nada somos. Danos humildad y fe. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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Un comentario sobre “el grano brota y crece – Marcos 4,26-34”

  1. La eucaristía es sacrificio, es memorial y también es banquete

    Cuando decimos que la eucaristía es un sacrificio es porque el sacrificio de cristo en la cruz y el sacrificio de la sagrada eucaristía son un mismo sacrificio que se lleva a cabo en la celebración de la santa misa

    Es la misma entrega de Jesús en la cruz la que celebramos en cada misa, la víctima que se ofrece es la misma JESÚS. Solo es diferente el modo en que se ofrece.

    Por eso decimos que en la misa celebramos el mismo sacrificio de la cruz pero de manera incruenta, ya que no se derrama la sangre; pues por el mismo sacrificio del cristo en la santa eucaristía, nosotros estamos llamados a ofrecer nuestra vida, alabanzas, sufrimientos, oraciones y trabajos.
    Comunidad catolica sembradores,eucaristia y santa misa

    Y así nos unimos al sacrificio y la ofrenda a Jesús a su padre; de esa manera hacemos con cristo un solo sacrificio al padre. Ese es el centro y el significado de la eucaristía

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