El espíritu es el que da vida – Juan 6,60-69

agosto 26, 2018

El espíritu es el que da vida

«El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y son vida. «Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»

Domingo 21ro del T. Ordinario | 26 de Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Josué 24,1-2a.15-17.18b
  • Salmo 33
  • Efesios 5,21-32
  • Juan 6,60-69

Reflexión sobre las lecturas

El espíritu es el que da vida

El Evangelio de hoy nos propone conceptos fundamentales sobre los cuales meditar. Son algunas palabras del Señor sobre las cuales debemos reflexionar profundamente, porque como todo lo que el Señor nos enseña, son Verdad y Vida.

Lo primero, el Espíritu es el que da la vida y, por lo tanto, sin Espíritu no hay vida. Pero ¿quién es el Espíritu entonces? Es aquel por quién todas las cosas fueron hechas, al mismo tiempo que el soporte y la amalgama de todo. Más o menos como el esqueleto es al cuerpo.

El espíritu es el que da vida

Decimos más o menos, porque no podemos reducirlo a nada que nos imaginemos, puesto que se trata en realidad del mismísimo Dios, al que no podemos llegar a abarcar, describir, ni delimitar. Solo podemos intuir. Por eso el Señor nos habla con parábolas, para aproximarnos a conceptos que de otro modo serían inabarcables.

“La carne no sirve para nada” hace referencia a algo sobre lo cual no debemos andar tan preocupados, porque es efímero, como todo lo que es de este mundo. Y esto, en este momento, me parece fundamental.

Y es que al empezar la noche estuve observando las estrellas, sobre un cielo completamente despejado y quedé realmente deslumbrado, pensando que este mismo cielo vieron seguramente nuestro más remotos antepasados y sigue allí, fijo e inamovible, como si nada hubiera pasado.

«El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y son vida. «Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»

Bien, ahora sabemos que todo está en realidad en movimiento y a velocidades de vértigo, pero las distancias y los períodos son tan largos, que desde el punto de vista del observador resulta como si todo estuviera estático o se moviera como un gran telón de fondo, todo junto y poco a poco.

Las distancias entre uno y otro cuerpo, desde nuestra perspectiva, pequeñez y capacidad de remontarlas se me ocurrían casi infinitas. Y sin embargo, parodiando las palabras que el Señor nos revela hoy podríamos decir que no son nada.

¿Cómo decir que no sirve para nada la inmensidad del Universo que observamos? Porque si la carne la podemos despreciar de este modo, otro tanto podríamos decir de cuanto vemos a nuestro alrededor, no es lógico?

Todo es temporal y se desvanece con la muerte, menos el espíritu que es el que da la vida. Es el espíritu el inmortal. Es por tanto el espíritu el que debemos cuidar. Espíritu, vida y carne son tres conceptos que debemos distinguir.

Podríamos decir que la carne es la forma temporal que toma la vida insuflada por el espíritu. El espíritu vive temporalmente en la carne. Pero un día sale de ella, esta se descompone y con el tiempo se desvanece por completo. ¿Qué ocurre entonces con el espíritu y la vida?

«El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y son vida. «Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»

Continúan. Solo que ingresan a un estado diferente, próximo a aquél en el que Dios Es, en que según Sus promesas pasaremos a la plenitud de la vida, a la vida eterna junto con Dios Padre o seremos desterrados al Infierno, donde será el rechinar de dientes y las lamentaciones.

Sabemos que lo deseable, lo que quiere Dios Padre para nosotros es que entremos al Cielo. Para eso envió a Su Hijo Jesucristo, para salvarnos. Para que no nos perdamos de manera irremediable y para siempre. Eso no lo quiere Dios para nosotros, porque nos ama como hijos.

Sin embargo nosotros somos libres de escoger y hacer lo que Dios quiere, es decir lo que verdaderamente nos conviene o erradamente, confundidos por el demonio y fundados en soberbia, orgullo, avaricia o falta de fe, escoger cualquier otra cosa, con lo que estaremos cerrándonos las puertas del Cielo.

Así, somos nosotros mismos los que nos salvamos o condenamos. Depende de nuestra decisión. El Señor no se cansa de decirnos que solo hay un Camino, el del amor. Y que si seguimos el Dinero, nos perderemos, porque este es contrario al amor.

Dios y el Dinero son irreconciliables. Lo dice el mismo Señor Jesucristo, así que no le busquemos más pies al gato. O nos disponemos a amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos o nos perderemos.

«El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y son vida. «Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»

Creamos y confiemos en el Señor, y tendremos vida eterna, en plenitud. ¡Esto es vida! Aquella sostenida por el Espíritu. Lo contrario es oscuridad, mentira, destrucción y muerte. El espíritu que no alcanza la plenitud de la vida, queda condenado al fuego eterno.

Finalmente reparemos en que solo podremos ir a Dios, por el Camino a la Vida Eterna, si Dios nos concede esta Gracia. Por lo tanto, debemos pedirla siempre en nuestras oraciones. La oración es fundamental si queremos alcanzar esta Gracia.

Hay que pedirla con fe. ¡Solo Él puede atraernos a la Vida plena que nos ha sido prometida!

Oración:

Padre Santo, ayúdanos a comprender que no debemos tener ningún apego a la carne, al igual que a nada en este mundo, porque todo es efímero. Que entendamos que lo que debemos cuidar es nuestro espíritu que es finalmente el que da la vida. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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