de los que son como éstos – Mateo 19,13-15

agosto 18, 2018

de los que son como éstos

“Mas Jesús les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.»”

Sábado de la 19na Semana del T. Ordinario | 18 de Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

de los que son como éstos

Con nuestro deseo de justificarnos y salir con la nuestra siempre, resultan, a primera vista, algo ambiguas estas palabras. Como muchos pasajes del evangelio, resultan maleables y adaptables al punto de vista de quien las lee, sobre todo si se sacan de contexto.

Parece poco creíble, pero no falta quien ve en estas palabras la justificación para actuar en forma irresponsable, ajeno, desconectado e indiferente a la realidad. Este comportamiento que sería aceptable en un niño inocente e irresponsable, no puede pasar en un adulto.

de los que son como éstos

El sentido común nos lo dicta. Sin embargo, hemos sido tan bombardeados en nuestra lógica y principios, que algunos ya no sabemos lo que está bien y lo que está mal. Nos cuesta diferenciarlo, pensando que lo que a cada uno le parece bien, ha de estar bien.

Esto, evidentemente, es un disparate, porque si cada uno procura hacer lo que le parece bien y lo impone, porque así le parece, terminamos viviendo en una anarquía o lo que puede ser peor, imponiendo los criterios de los más fuertes, que no siempre son los mejores, como ocurre en TODAS las dictaduras.

Por lo tanto, que el Reino de los Cielos sea de aquellos que son como niños, no puede referirse al capricho o la irresponsabilidad, por falta de madurez y conocimiento, que puede tener un niño. No se trata de palabras que hemos de tomar por donde nos conviene y fuera de contexto.

“Mas Jesús les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.»”

El Señor lo que obviamente está ponderando en los niños son todas aquellas virtudes que son visibles para cualquiera que los aprecia con amplitud y sobre todo con sentido común. Podemos enumerar estas virtudes como: inocencia, veracidad, ingenuidad, lealtad, amor, entrega, confianza, alegría, obediencia…y muchas más, seguramente.

Responder como un niño a unos buenos padres, es el modelo que debíamos seguir los cristianos frente a Dios Padre. Actuar con todos con inocencia, es decir sin malicia, sin prejuicios, dando el beneficio de la duda, antes que condenando sin esperanza, por ejemplo.

Decir francamente y sin temor la verdad, sin tratar de ocultar nada, ni engañar a nadie por ningún motivo. Poder ser transparentes de tal modo que si nos elevaran desnudos y al medio día, no tuviéramos que ocultar nada a nadie. No tener dobles…eso es ser como niños…

Aceptar lo que se nos da de buena voluntad, sin pensar que “debe haber gato encerrado”, sin dudas, ni temores. Darnos íntegramente y así también recibir sin prejuicios y con toda generosidad y gratitud aquello que se nos da, especialmente lo que viene de nuestro Padre.

“Mas Jesús les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.»”

Estar dispuestos a compartir con alegría lo que tenemos, con cualquiera que se nos presente, sin medir apariencias, conveniencias o grado de amistad o conocimiento. Tal como un niño se saca un caramelo de la boca para dárselo a su madre, hermano, amigo o compañero ocasional.

Tener tal confianza en nuestro Padre, que no tengamos temor en lanzarnos ciegamente a sus brazos cuantas veces nos lo pida. Que nos abandonemos confiadamente a Él, sabiendo que no nos abandonará, que llegado el momento Él proveerá.

Que hagamos de la obediencia ciega a nuestro Padre una cuestión de sentido común, como a su escasa edad hace un niño, porque sabe que él nunca le mandará algo que podría dañarlo o hacerle mal. ¡Cuánto más hará nuestro Padre que está en los cielos!

A eso se refiere el Señor, cuando dice que de los que son como estos es el Reino de los cielos. Jamás querría implicar que seamos unos tontones irresponsables a los veintiantos, treintitantos o cuarentitantos…que sigamos actuando como bebés. No está ponderando la indiferencia ni la irresponsabilidad.

No hay, pues, ambigüedad en estas palabras, ni pueden ser tomadas según el marchante. ¡Lejos del Señor el relativismo que hoy impera en nuestra sociedad! No olvidemos que el Señor proclama que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Nadie va al Cielo, nadie alcanza la Vida Eterna, si no es por Él. Esto no quiere decir necesariamente, como los relativistas pretenden manipular, que Jesucristo es excluyente y que no da la misma opción a quienes no lo conocen o no lo han conocido. ¡No!

“Mas Jesús les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos.»”

Lo que nos está diciendo es que HAY UNA SOLA VERDAD y que, por lo tanto, solo quien se empeña en descubrirla y hacer que esta reine en su vida y en el mundo, alcanzará la vida eterna. Evidentemente quien no llegó a conocer a Jesucristo, pero a pesar de todo se aproximó a la Verdad, recibirá la Misericordia de Dios, qué duda cabe.

Pero Jesucristo es el Camino a la Verdad y el Espíritu Santo nos defiende del maligno y nos guía a ella. De allí la necesidad de Evangelizar, es decir, de anunciar la Buena Nueva y Bautizar, de hacer conocer a Cristo a todo el mundo, porque Él es el Camino. Todo será más fácil si le conocemos y confiamos en Él.

Contrariamente a lo que promueve el maligno, a través de espíritus esclavizados y almas en cautiverio, el ser humano, por su naturaleza, porque así ha sido creado por Dios, tiende a la Verdad, busca la Belleza y lo Bueno. ¡Esa es la impronta de Dios!

El hombre quiere romper las cadenas que lo atan a la muerte, a la mentira, al engaño y a la maldad. Para ayudarnos en este propósito ha venido Jesucristo. Él lo ha hecho. Nos toca a nosotros, sus discípulos, los cristianos, propagar esta noticia a todo el mundo.

Esta es nuestra responsabilidad. Se trata de un deber que debemos de cumplir, si somos coherentes con el amor que estamos obligados a profesar, por convicción, quienes nos proclamamos cristianos. Entregarnos como niños obedientes y alegres a esta Misión, sí. No rehuirla majadera e irresponsablemente, queriendo tapar el sol con un dedo.

Oración:

Padre Santo, santifícanos, purifícanos, ayúdanos a ser como niños, cristalinos, puros, diáfanos, alegres y entregados confiadamente a Tu Voluntad, para conducir, amparados en Jesucristo y el Espíritu Santo, a la humanidad entera al Reino de los Cielos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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