curar a su hijo

curar a su hijo – Juan 4,43-54

curar a su hijo

Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis».

Lunes de la 4ta Semana de Cuaresma | 23 de Marzo del 2020 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

• Isaías 65,17-21
• Salmo 29,2.4.5-6.11-12a.13b
Juan 4,43-54

Reflexión sobre las lecturas

curar a su hijo

El Señor no permanece ajeno a nuestras inquietudes y necesidades. ¡Confiemos en Él! Si nosotros somos capaces de acudir en ayuda de un amigo cuando se encuentra en graves dificultades, cuanto más lo hará nuestro Padre.

La primera lectura es totalmente aplicable a lo que estamos viviendo. Si bien es cierto que nosotros no alcanzamos a comprender cómo se ha gestado esta crisis o de dónde proviene, Él sabe los estragos que está causando y nos pide confiar pues estamos en sus manos.

De aquí parece venir aquel adagio: no hay mal que por bien no venga. Tomando sus Palabras como una profecía podemos ver que desde la perspectiva en que Dios ve las cosas, debemos confiar en que todo pasará y será restaurado incluso mejor de lo que es ahora.

curar a su hijo

Curar a su hijo pequeño

Este ofrecimiento debe serenarnos, puesto que es evidente que conoce las dificultades por las que atravesamos, sin embargo, bien vale aguantar con firmeza para alcanzar lo que vendrá después dado que será infinitamente superior.

Es extremadamente profética la referencia que hace a los dos extremos: los niños pequeños, que duraban pocos días entonces, sin duda por las condiciones de salubridad y los ancianos, que vivirán más de cien años. Justamente los extremos más amenazados hoy por el aborto y la eutanasia, para no mencionar el virus.

El salmo es un canto a la esperanza y confianza en el Señor, el único capaz de hacer verdaderamente prodigios inimaginables para sacarnos del abismo más profundo o la noche más negra. Es a Él que tenemos que acudir, en la seguridad que jamás seremos defraudados.

¿Cuánto hace un padre por curar a su hijo?

Precisamente en el Evangelio vemos como un funcionario que había escuchado de Jesús, teniendo a su hijo muy enfermo, se ve obligado a acudir a Él, seguramente como la última carta que ningún padre en su lugar descartaría.

Primero, volvamos a tener en cuenta que si un padre común y corriente, como cualquiera de nosotros, es capaz de silenciar su orgullo y disponerse a hacer lo que sea necesario con tal de salvar a su hijo, ¿de cuánto más será capaz Dios Padre por salvarnos?

En segundo lugar, notemos como Jesucristo no se resiste por el hecho que sea funcionario, seguramente romano y odiado por el pueblo, sino porque en principio para Cristo era evidente que este lo estaba poniendo a prueba. Recordemos que Él es capaz de ver nuestros corazones.

Para Dios no hay nada imposible

Es una vez descubierto y después de haber expiado esta razón espuria que el Señor, Infinitamente Misericordioso concede al funcionario lo que pedía, quien responde esta vez con fe, evidenciada en su inmediata puesta en camino de retorno a casa, para encontrar a su hijo vivo, tal como le dijo el Señor.

No hay pues limitaciones de ningún tipo a la Voluntad del Señor. Ello salta a la luz en esa ocasión, como puede serlo en cualquiera que muchos hemos experimentado y particularmente en la que la humanidad entera está viviendo hoy con el Corona Virus.

Para Dios no hay nada imposible. Nos toca a nosotros discernir qué es lo que en realidad está pasando y qué es lo que queremos que haga. ¿Queremos como comunidad humana que nos cure del Corona Virus o queremos que elimine el Corona Virus?

El funcionario quiere curar a su hijo

¿Qué queremos? Porque cabe la posibilidad, como ha sido mencionado, que hayamos sido nosotros mismos, como resultado de una manipulación científica, los que hayamos dado origen a este virus, con fines inconfesables.

¿Queremos que no se infecte la gente, que no mueran niños ni ancianos, que no se paralice la economía ni caigan en bancarrota decenas de miles de empresas, que no cunda el pánico financiero que luego termine con mayor pobreza y sufrimiento para los más vulnerables?

¿Qué es lo que queremos? ¿Estamos todos de acuerdo? Porque hay algunos que insisten en crear este tipo de virus con propósitos realmente inhumanos y repugnantes. ¿Queremos o no queremos niños? Entonces ¿por qué los abortamos?

¿Queremos hacer la Voluntad de Dios?

¿Queremos o no queremos ancianos? Ahora que nos acercamos a aquella promesa ofrecida en la primera lectura, resulta que nos disponemos a aprobar en todo el mundo leyes que favorezcan la eliminación de los ancianos.

¿Qué es lo que queremos en realidad? ¿Queremos hacer la Voluntad de Dios, que nos ha creado por amor para vivir eternamente? ¿O queremos que se haga la voluntad de los que tienen el poder y control político o económico?

¿Cómo queremos vivir? ¿Siguiendo los patrones de conducta impuestos por los líderes de los gobiernos y las organizaciones planetarias que han apostatado y nos llevan por la senda del hedonismo, la soberbia, la lujuria, la mentira, la oscuridad y la muerte?

¿Qué estás dispuesto a hacer para salvar a tu hijo?

¿O queremos que el Señor venga a salvarnos de este abismo, lo que estamos dispuestos a evidenciar en un cambio de actitud, haciendo un acto de fe, que ponga en el centro de nuestras vidas hacer la Voluntad de Dios?

El Señor está dispuesto a salvarnos, pero nosotros ¿queremos que Él nos salve? ¿Cómo lo evidenciamos? ¿Tenemos fe como el funcionario que una vez corregido se pone en camino al reencuentro con su hijo vivo?

Dios ha hecho mucho por cada uno de nosotros desde antes que naciéramos. Que no lo sepamos o no llevemos cuenta de ello es muy distinto. Él ha hecho siempre lo necesario para encaminarnos, cuando reconociéndolo como Dios se lo hemos pedido.

Repitiendo el drama de nuestros padres

Muchas veces ha hecho cosas por nosotros porque alguien se lo ha pedido; tal vez nuestros padres, hermanos, abuelos o amigos. Pero ha llegado un momento único de inflexión para toda la humanidad.

Los avances tecnológicos y la globalización lo han hecho posible. Estamos repitiendo, como humanidad, el drama de nuestros primeros padres. Hemos vuelto a la soberbia, tentados por el Demonio y hemos dado las espaldas a Dios, decididos a hacer lo que nos viene en gana.

A esto nos ha conducido un mundo, una sociedad, un gobierno, un mercado, una cultura, unas ciencias y una civilización sin Dios. Hemos pasado revoluciones, muchas guerras, incluso dos mundiales, genocidios innumerables y ahora hemos desatado un virus, que traerá bancarrota, destrucción, oscuridad y muerte.

¡Volvamos a Dios!

Nos engañamos si creemos que tenemos alguna forma de detener lo que hemos desatado. ¡No la hay, para nadie! ¡No somos dioses! ¡Solo será posible si juntos, con el mismo énfasis que estamos luchando contra el virus volvemos a Dios.

Cualquier otra postura soberbia, cualquier otra actitud solo traerá más muerte y sufrimiento a la humanidad. Tal vez nuestros testarudos líderes solo lo pongan en consideración y lo entiendan cuando el virus los alcance.

Mientras tanto, tú y yo, que no somos los líderes globales de este mundo, empecemos a cambiar decididamente, contagiando más que este virus el cambio de actitud necesario. ¡Volvamos al Señor! ¡Es tiempo de orar a nuestro Padre Creador!

Oración

Padre amado, ¡perdónanos! ¡Contra Ti hemos pecado! Siendo pobres creaturas, poco más que minúsculos insectos en el Cosmos, nos hemos envanecido, creyéndonos dioses, echando por la borda nuestra inigualable condición de hijos de Dios, la condición más preciada de cuanta creatura existe, que nos da el suficiente protagonismo en la historia y la dignidad más elevada después de Dios. Hemos pecado nuevamente tentados por el Príncipe de este mundo. ¡Perdónanos! Verdaderamente arrepentidos volvemos los ojos a Ti, no nos desampares Padre Santo. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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