¿Cuánto vales?

¿Cuánto vales? ¿En qué fundas tu valor?

Muy buena pregunta. Dependiendo de quién venga y del contexto en que sea formulada esta pregunta puede tener diferentes significados y podría ser lanzada incluso en plan ofensivo. Sin embargo, en el fondo, es una pregunta por la fe.

¿Cuánto vales? ¿Cuál es tu precio? Por más dolorosa y ofensiva que pueda parecer en cierto momento esta interrogante, da en el mero centro de aquello que es crucial en nuestras vidas discernir y que el Señor nos plantea como la disyuntiva entre Dios o el Dinero (Mateo 6,24-34).

¿Cuánto vales?

Ante una grosera suma de dinero e incluso ante una cantidad mucho menor de lo que imaginamos, ¿podríamos estar dispuestos a tranzar con algunos principios? ¿Cuántos, cuáles y hasta qué punto? Me avergüenza decir que podría ser, porque me reconozco débil, frágil y temeroso.

He de acudir a Dios permanentemente, rogando Su auxilio, para evitar caer en la tentación.

¿No es este finalmente el drama que se narra en el Libro de Génesis? ¿No es esta la tentación en la que cayó Eva, luego Adán…en definitiva nuestros primeros padres? “Pues Dios sabe que el día que de él coman, serán abiertos sus ojos y serán como Dios, conociendo el bien y el mal.” (Génesis 3,5) ¡Serán como Dios! Fue el argumento de la serpiente.

Ante esa tentación, ¿quién puede negarse? ¿De dónde sacar la convicción para aferrarse al mandato Divino? “De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás.” (Génesis 2,16-17)

En el fondo la pregunta es: ¿Quién es Dios para tí? ¿Qué lugar ocupa en tu vida? ¿Crees en Él? ¿Hasta qué punto? ¿Cuánto vale tu creencia? ¿Por cuánto serías capaz de renunciar a ella? Veamos por dónde nos viene esta pregunta.

De los dilemas del Pensamiento Único, de una Prensa prostituida, rendida al poder económico surge la pregunta ¿cuánto vales tú? ¿Hablas por envidia? ¿No te callarías y mirarías para otro lado si te dieran lo que vales?

Y no podemos evitar que nos asalte una pregunta más terrorífica aún ¿sabes o imaginas, tal vez, cuánto dinero sería necesario para sacarte del medio? ¡Escalofriante! Tal vez solo hagan falta unos cuanto centavos…Pero ese ya es otro asunto.

¿Cuánto valgo? ¿Cuánto valemos en realidad? Pues la respuesta que nos da la fe, la respuesta que nos da Dios Padre, Creador es suficiente para contrarrestar cualquier propuesta: INFINITO. Mi vida, tu vida, la vida de la humanidad entera ha sido comprada al precio de la Preciosísima Sangre de Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador nuestro. Así, no hay nada, ni nadie que pueda pagar lo que vale.

Cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles. El amor de Dios nos ha elevado y puesto en este sitial. Aquello que por el Pecado Original, el Pecado de Soberbia, habíamos perdido, ha sido restaurado por Jesucristo con Su muerte en la cruz, Su resurrección y posterior ascensión al Cielo. Él es la Única garantía que tenemos que viviremos para siempre, y nada, ni nadie podrá contra nosotros, porque quien tiene a Dios, nada le falta.

Oración:

Padre Santo, te pedimos que no permitas por ningún motivo que caigamos en tentación tan grave que nos lleve a poner en juego la Vida Eterna y si lo hacemos, danos Tu Gracia para saber responder con decisión y valor de la única manera posible: ¡Apártate de mí Satanás!

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

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