Comieron todos

Comieron todos – Mateo 14,13-21

Comieron todos

“…partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras.”

Lunes de la 18va Semana del T. Ordinario | 05 de Agosto del 2019 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Comieron todos

El Señor no es indiferente a las necesidades de quienes lo siguen. Él las atiende de modo inmediato, a través nuestro. Para eso estamos. Solo tenemos que hacer Su Voluntad. Él saciará el hambre, e incluso sobrará. Es preciso hacer lo que Él nos dice.

Aquí nos está anunciando lo que requiere de nosotros, sus colaboradores más cercanos. Debemos disponernos a hacer lo que nos manda, con fe ciega. Él se encargará de multiplicar los recursos puestos en juego hasta que todos queden satisfechos.

Es extraordinaria la suma que hace el Señor. Nosotros no debemos preocuparnos de cómo habrá de saciarse el hambre de nuestros hermanos, sino de hacer lo que nos manda, que Él da todo lo que necesitan sus amigos mientras duermen.

Comieron todos

Hacer lo que nos manda

Todo lo que debemos disponernos a hacer cada día es lo que Él nos manda, sin pesar de donde saldrán los recursos necesarios, porque llegado el caso, con lo poco que tengamos alcanzará y sobrará. Esta fe ciega es la que debemos pedir.

Es preciso tener a Dios en el centro de nuestras vidas siempre. Él debe ser el principio y el fin. Todo cuanto tenemos es suficiente. Empeñémonos en obtener el mayor provecho de cuanto hemos recibido. Pongámoslo todo en juego.

No debemos vivir atados a nada, dependientes de nada, porque quien tiene a Dios, nada le falta. Solo Él basta. Reflexionar y actuar de este modo requiere un aprendizaje que nos eleve por encima de nuestras limitaciones, depositando nuestra confianza solo en Dios.

No es fácil obrar de este modo. Requiere un aprendizaje y mucha fe. Ambas se consiguen paulatinamente. La oración, las rodillas, nos proveen la Gracia necesaria y esta, a su vez, la fe para entregarnos sin reservas a la Voluntad de Dios.

El desierto

Habrá momentos de aridez. Entonces debemos detenernos a reflexionar y discernir lo que estamos haciendo. Tal vez allí esté el problema. Si no damos los frutos esperados a pesar del empeño puesto, puede ser que no estemos yendo por el camino correcto.

Efectivamente, el asunto no es tan simple y fácil como cumplir con una receta culinaria o médica. Nos exige discernimiento y oración. Sin darnos ni cuenta, podemos caer en motivos personales y mezquinos. Es preciso purificar nuestras intenciones mediante la meditación, la oración y la participación frecuente en la Eucaristía.

Existe la tentación de encarar los proyectos de Dios con las mismas exigencias que los proyectos mundanos. Si persistimos en ello, es muy posible que nos encaminemos al fracaso. Si nos preguntamos ¿por qué? Tal vez este sea el motivo. Las cosas de Dios deben hacerse como Él nos manda.

Oración:

Padre Santo, danos perseverancia en la oración y en la frecuencia a los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía, con el propósito de purificar nuestras intenciones en todo lo que hacemos, exigiéndonos el discernimiento necesario para asegurarnos que solo buscamos Tu mayor Gloria. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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