Lucas 6,36-38 – Den, y se les dará

Den, y se les dará

«perdonen y será perdonados; den, y se les dará; recibirán sobre el regazo una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.”

Lunes de la 2da Semana de Cuaresma | 26 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Daniel 9,4-10
  • Salmo 78
  • Lucas 6,36-38

Reflexión sobre las lecturas

Den, y se les dará

El Señor nos invita a tratar a nuestro prójimo como queremos que nos traten. A ser desprendidos y a no llevar cuenta de cuanto damos. No juzgar, no condenar, perdonar y ser compasivos, tal como quisiéramos que los demás fueran con nosotros.

Somos muy prestos a la maledicencia a juzgar los demás. Debemos esforzarnos por mordernos la lengua antes de hablar mal de nuestros hermanos. Cortemos toda conversación que gire en torno a lo que hacen o dejan de hacer nuestros hermanos.

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Cuantas veces somos nosotros los que debemos pedir perdón por un mal comportamiento, por un papelón cometido contra nuestros hermanos, por ligereza, por apresuramiento. Por dar rienda suelta a nuestra lengua.

Antes de hablar mal de cualquiera de nuestros hermanos detengámonos un momento y pongámonos en sus zapatos. Seamos empáticos. Tal vez ellos tengan las mismas buenas intenciones que tú, pero por un momento de flaqueza o descuido han fallado.

¿Es que tú nunca fallas? ¿Es que tú nunca te equivocas? Tal y como tu tuviste que ser comprendido y perdonado, tal vez tu hermano necesite de tu perdón y comprensión. Ten paciencia. Recuerda que con la misma medida que tú juzgues serás juzgado.

No nos precipitemos a llevar las cosas hasta las últimas consecuencias. Recordemos que todos podemos caer alguna vez y que es de hombres no solo errar, sino también perdonar. Confiemos en los buenos propósitos de nuestros hermanos, que mientras hay vida hay esperanza.

No hagamos una tormenta en un vaso de agua, que muchas veces las cosas pueden arreglarse con tino y discreción. Antes que culpar y hacer cargar con el error y la vergueta a nuestro prójimo, busquemos la forma de enmendar y corregir con amor.

Recordemos que todos somos hijos de un mismo Padre, que nos ama, corrige y perdona cada vez que es necesario. ¿Qué sería de nosotros si Dios nos juzgara como nosotros juzgamos a nuestros hermanos?

Que esta reflexión nos sirva para ser compasivos, pacientes y generosos con todos siempre. No seamos selectivos. De cualquier modo, si hemos de dar trato preferente, que sea a los más humildes, a los menos favorecidos, a los más alejados de Dios.

Tratemos a nuestros hermanos del mismo modo en que queremos que nos traten ellos, recordando que nuestros Padre nos amó desde siempre, sin mediar merecimiento alguno. Esforcémonos por obrar como Cristo.

Oración:

Padre Santo, te pedimos que nos des la Gracia de amar a nuestros hermanos del mismo modo que tú nos amas a nosotros, sin condiciones, sin esperar nada a cambio. Esforzándonos siempre por complacerles, por darles lo que necesitan y por comprenderles y perdonarles cuantas veces sea necesario. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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