Mateo 8,5-17 – vendrán muchos de oriente

vendrán muchos de oriente

“Y les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”

Sábado de la 12da Semana de T. Ordinario | 30 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

vendrán muchos de oriente

Hay dos cosas que nos asombran en esta lectura: primero, obviamente la fe del centurión, precisamente un gentil, un pagano. Y en segundo lugar, la frase de Jesucristo que a propósito de la fe del centurión nos lanza a muchos de nosotros, cual advertencia:

…vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera…

No faltará quien tome estas palabras como amenaza y para justificar su rechazo a un supuesto Dios castigador. Somos muy propensos a encontrar excusas para justificarnos, sobre todo cuando por alguna razón no hacemos lo que debíamos.

vendrán muchos de oriente

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Mateo 16,13-19 – el Hijo de Dios vivo

el Hijo de Dios vivo

“Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”

Viernes de la 12da Semana de Tiempo Ordinario | 29 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

el Hijo de Dios vivo

Ghandi se asombraba de la forma en que los cristianos tratamos a Cristo. Tiene una frase que es realmente lapidaria. Dice algo así: Me gusta su Cristo, lo que no me gusta son los cristianos. No se parecen en nada a su Cristo.

No todos, seguramente, pero muchos de nosotros somos irreverentes con Cristo, los santos, los sacramentos y la Iglesia en general. Quizás por haber crecido a su amparo, porque nos fue dada tan fácilmente, no apreciamos lo que tenemos. Y no solemos defenderlo.

el Hijo de Dios vivo

La criticamos deslealmente y somos sus principales enemigos, pretendiendo que somos lo que evidentemente no somos, es decir: cristianos. Obviamente de eso se dio cuenta Ghandi, dejándonos esta crítica que debía llevarnos a la reflexión.

Como siempre ocurre en estos casos, señalaremos a otros. Vendrán a nuestra cabeza el comportamiento de otros, fijándonos en la brizna que tienen ellos en sus ojos, para no reparar en el tronco que tenemos en el nuestro.

Sumergidos en el relativismo imperante, hemos hecho de nuestros juicios y nuestro parecer la norma con la cual contrastamos todo, formulando nuestros juicios respecto a cualquier cosa, como si fueran dogmas de fe y menospreciando las enseñanzas de la Iglesia, sin la menor reflexión, tan solo porque está de moda.

No nos damos cuenta hasta qué punto el modo de razonar que hemos adoptado es el resultado de una Ingeniería Social que viene aplicándose en occidente desde el siglo XVIII, que se ha ido perfeccionando y que persigue varios objetivos “liberales”, entre ellos, el más preciado y constante: acabar con la Iglesia Católica.

Para algunos esto delata paranoia en algunos creyentes, a los que descalifican como fundamentalistas…Incluso generar este argumento está dentro de los cálculos de estos enemigos que van penetrando muy sutilmente con un lenguaje políticamente correcto, pero que poco a poco va mellando la moral cristiana.

Claros ejemplos de esto que venimos sosteniendo lo constituyen, el divorcio, que poco a poco se ha id extendiendo por el mundo entero. De allí la convivencia, que paralelamente se fue generalizando. La reducción de las familias y finalmente la lucha de sexos encubierta de feminismo.

Son muchas y variadas las estrategias que este plan concertado ha ido tomando en el mundo. Una secta hereje, conocida como masones es la que lidera, habiendo copado los gobiernos de las más poderosas supranacionales y con ellos, las burocracias de la mayor parte de países del mundo.

Comunistas (soviéticos o ex soviéticos) y liberales (brutal e inhumanamente capitalista) se han dado la mano, convergiendo finalmente en algunas ideas centrales como son: ateísmo, totalitarismo, genocidio y por supuesto anti catolicismo.

Por eso no han escatimado esfuerzos en promover sectas de toda clase alrededor del mundo, atacando especialmente a la Iglesia Católica ¿Por qué? Porque es el bastión sobre el cual se edificó occidente. Ellos tienen la pretensión de crear un “Nuevo Orden Mundial”.

Pretenden instaurar un nuevo código de ética universal, que no responda a la ley natural, como el cristianismo, occidental y universal, sino al “consenso democrático”, formulado por hombres, de espaldas a Dios.

Sin ningún escrúpulo viene implementando una estrategia maquiavélica, que consiste en promover el multiculturalismo, a fin de rescatar desaparecidas creencias religiosas para darles cabida en una religión panteísta consensuada universalmente.

Obviamente su interés no está en las religiones en sí, sino en la atomización de espíritu religioso de la humanidad, desapareciendo cualquier tipo de manifestación religiosa pública, circunscribiendo la misma al ámbito privado en “igualdad de derechos”.

Lo que se busca por esta vía nuevamente es debilitar la presencia de la Iglesia Católica en la sociedad planetaria, para dar paso a la “Carta de la Tierra”, elevando a estas supranacionales a la categoría de rectoras del comportamiento social, económico, cultural y religioso del planeta.

Por eso hoy, especialmente HOY, las palabras de Pedro deben llamarnos a la reflexión. Pensemos por un momento que es lo que está diciendo. ¿Cuál es el significado y la trascendencia que tiene la contundente afirmación de Pedro?

«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» ¿Creemos nosotros como Pedro que Cristo es el Hijo de Dios vivo? ¿Quién es ese Dios del que habla Pedro? ¿Hablamos nosotros de ese mismo Dios? Mejor aún, ¿creemos nosotros en ese mismo Dios?

¿Es que nosotros somos capaces de admitir que hay Un solo Dios verdadero? ¿Creemos en Dios? ¿Es nuestro Dios el mismo Dios de Pedro? ¿Compartimos con algunas personas la creencia en este Dios? ¿Con quiénes?

¿Qué significado tiene Dios en nuestras vidas? ¿Somos leales y fieles a Él como lo fue Pedro? ¿Qué seríamos capaces de hacer por él? ¿De qué modo evidenciamos el lugar que ocupa en nuestras vidas? ¿Vas a Misa los domingos y fiestas de guardar?

¿Cuántas veces al año participas del Sacramento de la Reconciliación? ¿Cuántas veces al año participas del Sacramento de la Comunión? ¿Cada cuánto tiempo lees las Escrituras? ¿Cada cuánto tiempo oras, practicas el ayuno y haces alguna obre de caridad?

¿Sabes cuál es tu Parroquia? ¿Acudes a las celebraciones Eucarísticas de tu Parroquia? ¿Colaboras con tu Parroquia? ¿Conoces al Párroco? ¿Te conoce Él? ¿Haces algo por tu Parroquia? ¿Haces algo por la Iglesia?

Detengámonos nuevamente a meditar en el alcance de las palabras de Pedro. Tengamos en cuenta que las dijo aun antes de la muerte y resurrección de Cristo. Tal como dice Jesús, es evidente que no hubiera sido capaz de reconocerlo si Dios mismo no se lo revela.

¿Qué quiere decir esto? Pues que la Verdad plena no está al alcance de nosotros. Que no podemos llegar a conocerla, si Dios mismo no lo permite, como en el caso de Pedro. Dios tiene que quererlo. Dios tiene que permitirlo, de otro modo no llegaremos a conocer la Verdad.

Soberbios, como somos, nos cuesta tener que reconocer que nada, ABSOLUTAMENTE NADA podemos hacer si Dios no lo permite. Nos dueles, porque nos creemos autosuficientes, al extremo que renegamos de Dios y queremos formar una “religión” sin Él, donde daremos cabida a todas las religiones, sin que ninguna prevalezca sobre las demás. Donde se habrá de imponer el consenso.

Es decir, nos damos el lujo de formular nuestra propia religión y nuestro propio dios, conformado por el colectivo de los dioses de todas las religiones conocidas y por conocer, todo normado y regulado por una autoridad supranacional.

La pregunta, es pues más vigente que nunca: ¿Quién es para nosotros Cristo? ¿Es el Hijo de Dios vivo? ¿Puede este Hijo de Dios vivo ser parte de una colectividad de dioses? ¿Es que su Divinidad la determinamos nosotros? ¿Es que su Divinidad depende de nuestra percepción?

¿Somos nosotros los que hacemos de Cristo Dios? ¿Es que Dios es una entelequia creada por los hombres, cuyas características dependen de los hombres que lo definan? ¿Es ese el Dios en el que creemos? Tenemos que responder de modo categórico estas pregunta. ¿Quién es Cristo para nosotros?

Oración:

Padre Santo, danos tu luz y el discernimiento necesario para llegar a conocerte y responder con firmeza y convicción quién es Cristo para nosotros. Si llegamos a reconocerlo como Hijo Tuyo y por lo tanto como Dios, danos el valor, la coherencia y la fortaleza para así evidenciarlo en cada segundo de nuestras vidas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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Mateo 7,21-29 – entrará en el Reino de los Cielos

entrará en el Reino de los Cielos

“No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.”

Jueves de la 12da Semana de T. Ordinario | 28 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

entrará en el Reino de los Cielos

El Señor nos explica muy claramente quienes tendremos entrada en el Reino de los Cielos. Hay una sola condición, un solo requisito: hacer la Voluntad de nuestro Padre Celestial. Quiere decir que si queremos entrar al Cielo, debemos conocer la Voluntad de Dios.

No hay otra forma de cumplir Su Voluntad que conociéndola. ¿Y cómo la sabremos? Por Su Palabra. ¿Dónde encontramos Su Palabra? En las Escrituras. ¿O sea que es obligatorio, forzoso leer la Biblia? Sí, salvo que el Señor te dé a conocer Su Voluntad de otro modo. ¿Cómo?

Reino de los Cielos

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Mateo 7,15-20 – falsos profetas

falsos profetas

“Guárdense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán.”

Miércoles de la 12da Semana del T. Ordinario | 27 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

falsos profetas

Si nosotros escucháramos y diéramos la importancia debida a la Palabra del Señor, no nos dejaríamos sorprender tan fácilmente. Pero ocurre que defendemos a capa y espada lo que sabemos y creemos, sin haberlo estudiado ni reflexionado debidamente.

No queremos decir que la Palabra de Dios requiera estudios y mucho menos que sea indescifrable o que haya si quiera un lenguaje o codificación especial para entenderla. Eso no es cierto. Tal afirmación pertenece a la Gnosis que sostiene que existen ciertos secretos solo revelados a los iniciados.

falsos profetas

Pues esto es totalmente falso y corresponde a una de tantas herejías, como la de los Rosacruces, a la Masonería o a la New Age. El Señor mismo lo aclara cuando da gracias a Dios Padre por haber revelado todo esto a la gente sencilla, porque así le ha parecido bien.

No es cierto que la Palabra de Dios tenga un significado enigmático y difícil de comprender, ni que requiera estudios especiales para entenderla. No olvidemos que el Señor escogió nacer entre los más pobres y humildes, precisamente porque es a ellos a los que habrá de predicar preferencialmente el Reino de los Cielos.

No lo hace por resentimiento o porque tenga odio ni mucho menos a los ricos. Dios nos ama a todos por igual, pero sabe, como Jesucristo mismo nos enseña, que siempre será más difícil para los ricos seguir al Señor, porque teniendo mucho, no quieren dejarlo por seguir a Jesús.

El problema, entonces, no está en la prédica del Señor, sino en nuestra convicción para creerla, disponiéndonos a dejarlo todo por Él. ¡Eso es lo que nos pide a todos! Pero al que más tiene se le hace más difícil desprenderse de su riqueza.

Amamos tanto la riqueza y todo lo que tenemos, a pesar de ser nada frente a la Vida Eterna, que nos aferramos a ello, como si fuera imprescindible e irrecuperable, peor aún, como si fuera mucho mejor y conveniente que el Reino de los Cielos.

No es que no entendamos lo que nos pide el Señor, no es que su lenguaje sea difícil, sino que NO quisiéramos oírle decir lo que nos expresa muy claramente. Queremos interpretarlo para que se acomode a nuestro gusto y conveniencia. ¡Ese es el problema!

¡Identifiquémoslo con honestidad! Lo que ocurre es que la doctrina de Jesucristo expresada en los Evangelios, no se ajusta a lo que nos gustaría. Encontramos muchos aspectos que nos gustaría que fueran distintos y que con todo gusto cambiaríamos, de poderlo hacer.

En buena cuenta, aunque no lo reconozcamos, tenemos la pretensión de corregir los Evangelios, ajustándolos a nuestros gustos y preferencias, para lo cual buscamos cualquier excusa. Y esto es lo que hacemos, tomando de aquí y de allí lo que nos conviene y descartando lo que no.

Incluso llegamos a manipular ciertos hechos reales con tal de justificarnos. Como por ejemplo que los Evangelios fueron escritos en una lengua distinta a la de Jesús o que fueron escritos años después, cuando ya no estaba entre nosotros.

Es posible que tratándose de una persona común y corriente, tener ciertos reparos pudiera ser recomendable, pero no en el caso de Jesucristo, porque es Dios y Él mismo nos dejó al Espíritu Santo para que nos aclare estas cosas, guiándonos a la Verdad completa.

No podemos tratar a Jesucristo como si se tratara de un personaje cualquiera, ni como un profeta más, porque no lo es. No podemos prescindir de Su condición Divina. Y esto, ¿qué quiere decir? Que no hay incoherencias en Él. Que no las encontraremos. Que Él es Dios. Que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Hay cuatro Evangelios escritos por cuatro personas distintas, que tienen distintas ópticas y que sin embargo coinciden en todo. No hay inconsistencias que procesar. Por lo tanto podemos aproximarnos a ellos como lo que son: la Palabra de Dios.

¿Por qué tenemos que reflexionarlo? Porque no se trata de una novela, ni un libro histórico, sino que Su Palabra sigue teniendo hoy la misma vigencia que hace dos mil años y se puede aplicar a la vida de cualquiera de los seres humanos del planeta.

Por eso debemos aproximarnos a las Escrituras con mucha reverencia y con la convicción que el Señor nos hablará directamente a cada uno de nosotros y conforme a la situación que deseemos iluminar. ¡En ellas encontramos la Palabra de Dios! ¡Él es la Luz!

Si hubiere algo que no pudiéramos comprender, distingamos si es así o si en realidad lo que ocurre es que no queremos aceptarlo. De cualquier modo recurramos a un sacerdote o a alguien que se encuentre debidamente capacitado para guiarnos.

Y, muy importante, no subestimemos por ningún motivo la oración y los Sacramentos, especialmente los de la Penitencia y Eucaristía. ¡No podemos ignorar la existencia de estas armas, que precisamente Jesucristo nos ha dejado para ayudarnos ante la dificultad y el temor.

Tengamos muy en cuenta lo que hoy nos dice el Señor, que vendrán muchos falsos profetas, que aprovechando de nuestra conveniencia, de nuestra debilidad, nuestro temor o nuestra soberbia, sembrarán en nuestros corazones la duda a través de toda clase de subterfugios.

No olvidemos que el Demonio existe y no es solamente un invento para asustar a los ingenuos, sino el enemigo de Dios, que busca por todos los medios robarle nuestras almas a Dios Padre, nuestro Creador, esclavizándonos al pecado, los vicios y nuestras debilidades.

Cuando estamos buscando lo fácil, lo que cueste menos y demande menos sacrificios, detengámonos a reflexionar un momento, si no será el Demonio el que nos induce a elegir estos caminos. Pongámonos en oración y pidamos Discernimiento.

Recuerda que lo que Dios quiere es que seamos santos, que es otra forma de decir “sacar de ti lo mejor que tienes y puedes”. Dios quiere nuestra plenitud, porque solo entonces seremos verdaderamente felices. Ese es el Camino que señala Jesucristo.

No vayamos por los sucedáneos quenos propone el Príncipe de este mundo, que todos ellos constituyen engaños, para luego encadenarnos y amarrarnos a la mentira, el engaño, la oscuridad y la muerte.

Oración:

Padre Santo, danos discernimiento y no permitas que por ningún motivo nos alejemos de ti. Que en momentos de dificultad, incertidumbre, dolor u oscuridad, busquemos la luz en Tu Iglesia y Tu Palabra. No permitas que nos apartemos de la oración y los Sacramentos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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Mateo 7,6.12-14 – el camino que lleva a la perdición

el camino que lleva a la perdición

“Entren por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella”

Martes de la 12da Semana del T. Ordinario | 26 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

el camino que lleva a la perdición

Existe un Plan de Dios y todo cuanto existe y cuanto acontece corresponde a este Plan, aunque no siempre podamos comprenderlo. No está en nosotros el poder comprenderlo todo, de otro modo seríamos como Dios y no lo somos.

Así que, en primer lugar, descartemos la pretensión de querer que todo se ajuste a nuestra razón, a nuestros criterios y juicio. Hay muchísimas cosas que no llegaremos a comprender en esta vida. Lo haremos cuando finalmente hayamos alcanzado la Vida Eterna, si lo logramos.

el camino que lleva a la perdición

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Mateo 7,1-5 – No juzguen

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“No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que juzguen serán juzgados, y con la medida con que midan serán medidos.”

Lunes de la 12da Semana del T. Ordinario | 25 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

No juzguen

¡Cómo nos conoce el Señor y qué difícil se nos hace cumplir este mandato! El Señor no hace recomendaciones, sino que manda. Y, manda porque tiene autoridad. ¿Qué autoridad? La de ser Dios, que nos es poca cosa. ¿O te parece que sí?

Vamos por partes. Si te parece que no es nadie para mandarte, déjanos decirte que estás más perdido de lo que crees. O, no crees en Dios, o simplemente nunca te has puesto a pensar lo que significa Dios, el único Dios verdadero, el Dios que profesamos.

No juzguen

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Lucas 1,57-66.80 – Invadió el temor a todos sus vecinos

Invadió el temor a todos sus vecinos

“Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón…”

Domingo 12do del T. Ordinario | 24 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Invadió el temor a todos sus vecinos

Nosotros, con tantas películas fantásticas, pasamos por alto algunos acontecimientos asombrosos como los que se relatan en este Evangelio. Acostumbrados a ver en cine, televisión y toda clase de dispositivos digitales las escenas más increíbles, poco nos llama la atención.

Junto con todas las bondades de las comunicaciones y el procesamiento de imágenes, hemos de reconocer que nuestra capacidad de asombro ha ido menguando paulatinamente. ¿Cuánta sangre y cuántos asesinatos vemos a diario?

Invadió el temor a todos sus vecinos

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Mateo 6,24-34 Busquen primero su Reino

Busquen primero su Reino

“…ya sabe su Padre celestial que tienen necesidad de todo eso. Busquen primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura.”

Sábado de la 11ra Semana del T. Ordinario | 23 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Busquen primero su Reino

Deben ser estas palabras las que ocasionaron tanta condena y rechazo a Jesús. Si nosotros, los que nos reconocemos como cristianos, tenemos muchas dificultades para llevarlas a la práctica ¿qué podemos esperar de quienes se resisten a oír?

El llamado que el Señor nos hace a la fe es constantes y reiterativo, en diferentes formas y circunstancias, pero siempre nos las ingeniamos para dar vuelta a su mensaje y hacer que nos diga otra cosa distinta a la que todos pueden oír, es que no queremos escucharle.

Busquen primero su Reino

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