Mateo 9,9-13 – Misericordia quiero

Misericordia quiero

Vayan, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

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Mateo 9,9-13 Misericordia quiero

Mateo – Capítulo 09 – tu fe te ha salvado

Reflexión: Mateo 9,9-13

El Señor tiene una forma de expresarse que es realmente cálida, profunda, cariñosa, delicada. Habla las cosas con Verdad, es cierto y a veces eso nos duele, porque nos cuesta reconocer nuestras faltas y enmendarnos. Pero sus palabras lo penetran todo, como el más fino bisturí.

Al compararse con un médico, no puede darnos mejor lección de comportamiento con nuestros hermanos. ¡Qué distantes estamos de tener la delicadeza de un buen médico con nuestros hermanos! Nos ocupamos más por tener la razón, por vencer, por ganar, por imponer nuestros criterios.

Eso no le importa al Señor. Eso no es lo que quiere de nosotros y nos cuesta aceptarlo, porque sin duda hay mucho de vanidad cuando se reconoce que tenemos razón. Nos hinchamos como un pavo y nos cuesta ser modestos, aunque lo proclamemos.

Somos incapaces de pasar desapercibidos. Queremos restregarle a todo el mundo lo inteligentes, audaces, atinados, cuerdos, razonables, leales y demás cualidades que nos adornan. Nos cuestas prescindir de la adulación, aunque digamos lo contrario.

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Mateo 9,1-8 – poder de perdonar pecados

Poder de perdonar pecados

Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

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Mateo 9,1-8 poder de perdonar pecados

Mateo – Capítulo 09 – tu fe te ha salvado

Reflexión: Mateo 9,1-8

El Señor, valiéndose de milagros, nos revela aquí un asunto que es central en nuestra fe. Es preciso creer. Esto es tan importante que Él nos da evidencias contundentes para que creamos. Por lo tanto no se trata de algo anecdótico que podemos pasar por alto.

Lo decimos y repetimos, porque hoy, bajo la dictadura de la secularización, tendemos a minimizar estos hechos milagrosos que Jesús despliega ante nuestros ojos para que creamos. ¡No podemos prescindir de ellos como si no fueran importantes!

Para decirlo de otro modo, no se trata de tomar tan solo lo que para nosotros, con nuestra óptica del siglo XXI, es importante. Hemos de oír y dejarnos interpelar por todo, tal y como el Señor lo presentó a aquellas personas.

Hay aquí una situación en la que el Señor se nos revela como Dios, porque Jesucristo no es solo un hombre excepcional, sino el Hijo de Dios, o como Él mismo lo dice, el Hijo del Hombre, que no es sino otro modo de decir eso mismo.

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Mateo 8,28-34 – Él les dijo: «Vayan.»

Él les dijo: «Vayan.»

Él les dijo: «Vayan.» Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas.

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Mateo 8,28-34 – Él les dijo: «Vayan.»

Mateo – Capítulo 08 – una fe tan grande

Reflexión: Mateo 8,28-34

El Señor, no solo habla con autoridad, sino que tiene autoridad. Él puede hacer cualquier cosa que se le pida, si esa es Su Voluntad. Es, además, infinitamente misericordioso, por lo que no tolera nuestro sufrimiento y por lo tanto, atenderá nuestras suplicas.

Podemos ver cómo alivia inmediatamente el sufrimiento de estos dos endemoniados, que lo reconocen nada más al verlo. Estos hombres quedan curados. Son liberados del mal que los tenía esclavizados al punto que nadie podía pasar por delante de ellos.

Jesucristo obviamente no teme al mal; no teme al demonio. Es más bien este que por el contrario lo reconoce y le sale al encuentro. El demonio sabe que no puede contra el Hijo de Dios, a quien reconoce y le da el título que le corresponde.

Algo que no deja de llamarnos la atención es que el Señor atienda el pedido de los demonios. Los envía a la piara de cerdos. Luego estos se arrojan al mar. ¿Es que ni los cerdos los soportan? Por otro lado ¿no estuvo esto en los cálculos de los demonios? Es decir, ¿fueron sorprendidos?

Son cuestiones secundarias posiblemente, pero que no dejan de inquietarnos. ¿Por qué piden ir a los cerdos y no a cualquier otra cosa? ¿Tenían que invadir un ser vivo para seguir con “vida”, para mantenerse?

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Mateo 8,23-27 – ¡Señor, sálvanos, que perecemos!

¡Señor, sálvanos, que perecemos!

Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» Díceles: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?»

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Mateo 8,23-27 – ¡Señor, sálvanos, que perecemos!

Mateo – Capítulo 08 – una fe tan grande

Reflexión: Mateo 8,23-27

El clamor de los discípulos es el de la humanidad. ¿Cuántas veces experimentamos y expresamos en nuestras conversaciones el desconcierto por lo que viene ocurriendo? ¿Cuántas veces nos dejamos arrastrar por el pesimismo, como si todo estuviera perdido?

Pues hoy el Señor nos habla directamente a nosotros a través de los discípulos. ¿Es que no sabemos que Él está al control? ¿Es que por un momento hemos sentido o creído que hemos sido abandonados? ¡Jamás! Él está al mando. ¡Y no nos dejara!

¿Cómo dejarnos si el vino a salvarnos? ¡Él está aquí por nosotros! No hay otra razón por la que el Señor se haya hecho hombre y haya venido a vivir entre nosotros, que por nosotros mismos. ¡Teneos que despertar y tomar conciencia de lo que esto significa! ¡No sigamos adormecidos viendo fantasmas!

La historia de la Salvación se viene desarrollando ante nuestros ojos desde hace tiempo. Todo lo que vemos a nuestro alrededor, todo lo que sucede, es parte de esta historia. Y, aunque a veces, debido a nuestra estrechez mental, a nuestra cortedad, creemos que Dios nos ha abandonado, ¡no es cierto!

No dejemos que el temor nos invada. El temor y el desconcierto son cosas del demonio, que utiliza para sembrar zozobra entre nosotros. Pero el barco sigue avanzando, sin importar cuan embravecidas parezcan las olas. ¡Nada puede detenernos! ¡Jesús tiene el mando!

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