Mateo 9, 14-15 – la boda

La boda

«Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

mateo-09-15
Mateo 9, 14-15 – la boda

Puedes leer el Evangelio aquí. 

Reflexión: Mateo 9, 14-15

Hoy nos quedaremos a reflexionar en esta preciosa expresión que utiliza el Señor para describir lo que ha de constituir Su presencia entre nosotros. Nos referimos a la boda. ¿Habrá una situación más alegre y festiva en la sociedad humana?

Desde tiempo inmemoriales y aun hoy, a pesar de las fuertes amenazas y ataque que recibe la familia y el matrimonio, patrocinados por inescrupulosas trasnacionales que lucran con toda clase de productos orientados al consumo masivo e indiscriminado de toda la población, sin reparar en sexo ni edad.

Aun hoy, a pesar de los millonarios esfuerzos del inescrupuloso capital por destruir a la familia y al matrimonio para luego hacer presa fácil de los individuos aislados, solitarios y desguarnecidos, aun hoy, por Gracia de Dios, existen vastos segmentos de población que se resisten a caer en estas garras y que siguen celebrando las bodas, como un gran acontecimiento familiar, que trasciende a sus protagonistas.

Las bodas han servido para sellar alianzas familiares con propósitos políticos, económicos e incluso religiosos. Pero antes que nada, entre los humildes se constituyeron en un pacto, en una alianza entre hombres y mujeres de buena fe, destinadas a sellar su unión de por vida, para sostenerse mutuamente y dar el adecuado albergue y mantenimiento a la prole que esta unión Bendita habría de producir.

Seguir leyendo Mateo 9, 14-15 – la boda

(101) vistas

Lucas 9,22-25 – quien pierda su vida por mí

Quien pierda su vida por mí

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará.

lucas-09-24
Lucas 9,22-25 quien pierda su vida por mí

Puedes leer el Evangelio aquí. 

Reflexión: Lucas 9,22-25

Hemos de estar dispuestos a hacer todo lo que sea necesario por el Señor, incluso arriesgar y perder nuestras vidas. No son simples palabras. Esta es la actitud que Dios espera de nosotros. Total desprendimiento, aun sabiendo el valor casi infinito que tienen nuestras vidas.

¿Y por qué valen tanto nuestras vidas? Aun cuando a algunos les parezca paradójico, nuestras vidas valen tanto porque así nos ha creado Dios. Somos únicos e irrepetibles. Hemos de coincidir en que no existe Don o Gracia más grande que la Vida. Eso es lo que Dios ha querido poner en nuestras manos.

¿Por qué quiso Dios darnos tanto? Por amor. No existe ninguna otra razón. Él no necesitaba de nosotros. No necesitaba crearnos. Él, como Dios, no necesita nada. Es en uso de su Liberta y Voluntad Divinas que decidió crearnos, tal como somos, es decir: a Su imagen y semejanza.

No hay nada que hayamos hecho para merecer la Vida. No hay ni habrá jamás nada con lo que podríamos pagarla. Se trata de un Don Inmerecido. No la hemos ganado, ni hay nada que pudiéramos dar a cambio. Esto es lo primero que debemos dejar que entre en nuestras pobres cabezas.

Seguir leyendo Lucas 9,22-25 – quien pierda su vida por mí

(88) vistas

Mateo 6,1-6.16-18 – recompensa de su Padre celestial

Recompensa de su Padre celestial

Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa de su Padre celestial.

mateo-06-01
Mateo 6,1-6.16-18 recompensa de su Padre celestial

Puedes leer el Evangelio aquí.

Reflexión: Mateo 6,1-6.16-18

Lo primero en lo que hoy nos enfocamos es en la recompensa de nuestro Padre que está en los cielos. Sí, es verdad, porque queremos agradarle, queremos de algún modo corresponder a todo lo que inmerecidamente nos ha dado.

Hemos recibido tanto de Él, nos sentimos tan afortunados, que quisiéramos de algún modo manifestar nuestra gratitud. Sabemos que Él nos ama y por el Señor Jesucristo también sabemos que quiere que todos seamos felices y alcancemos la vida eterna.

¿Cómo hacer para lograrlo? Es una Gracia que Él nos concede a quienes somos capaces de amar, en primer lugar a Dios, que nos ha dado todo y en segundo lugar al prójimo, que es una forma de amarle a Él a través de sus hijos.

Todos somos hijos de Dios y en este sentido somos hermanos, por eso nos debemos afecto filial y fraterno. Como buenos hijos debemos amar a nuestro Padre y a nuestros hermanos. Solo hay una forma de hacerlo de modo sincero y eficaz: poniéndolos a ellos en primer lugar.

Seguir leyendo Mateo 6,1-6.16-18 – recompensa de su Padre celestial

(95) vistas