Crudo testimonio de una vida de pecado

Testimonio que nos ayuda a conocer una dolorosa realidad

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Testimonio sobre el aborto, un crimen atroz

Debemos empezar reconociendo, lo que es evidente, que para Dios no hay nada imposible. Y, como se suele decir, Dios escribe derecho sobre líneas torcidas. Nada se le escapa, por eso, donde abundó el pecado, sobre abundó la Gracia.

La historia que compartimos en nuestro video de hoy es la de una joven que llegó a las horrorosas profundidades del sub mundo del crimen, de crueles mafias dedicadas al más atroz y despiadado de los negocios: el aborto.

No hay manera de justificar ningún crimen. Pero el solo hecho de pensar que pueden existir seres humanos capaces de matar a nuestro congénere más indefenso, peor que si se tratara de una alimaña, es algo que debe llevarnos a la indignación y al rechazo.

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Testimonio

Dan testimonio de mí

Oremos:

Padre Santo, danos perseverancia para seguirte y dar testimonio de tu amor con nuestras obras, para mantenernos firmes aun entre las peores dificultades…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Dan testimonio de mí

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

 

Juan 5,33-36 dan testimonio de mí

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Juan 5,33-36 – dan testimonio de mí

Dan testimonio de mí

…porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.

Texto del evangelio Jn 5,33-36

33. Ustedes mandaron enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad.
34. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que se salven.
35. Él era la lámpara que arde y alumbra y ustedes quisieron recrearse una hora con su luz.
36. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.

Reflexión: Jn 5,33-36

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Juan 5,33-36 dan testimonio de mí

No perdamos nuestro tiempo en discursos inútiles. Podemos hablar con una elocuencia asombrosa, sin embargo, si no tenemos obras, de nada sirven. No se trata de proclamar tan solo de palabra, son nuestros actos los que deben gritar nuestra fe.

Vivimos tiempos difíciles, en los que parece que todo es llano y parejo. Todos andamos por el mundo evidenciando nuestras tibias convicciones. Acusamos al más ladrón, al peor político, al más cínico, al más mentiroso, al peor asesino.

Es decir, nos hemos acostumbrado tanto al mal, que hemos generados gradualidades para condenarlo. Así, se puede ser perjuro, pero no tanto. Se puede ser corrupto, pero no al extremo. Se admite el adulterio, pero a condición que no sea tan escandaloso.

…porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.

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Mateo – Capítulo 16 – el Hijo de Dios vivo

Mateo – Capítulo 16 – el Hijo de Dios vivo

1. Se acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerle a prueba, le pidieron que les mostrase una señal del cielo.
2. Mas él les respondió: «Al atardecer dicen: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego”,
3. y a la mañana:’ Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío.” ¡Conque saben discernir el aspecto del cielo y no pueden discernir las señales de los tiempos!
4. ¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide y no se le dará otra señal que la señal de Jonás.» Y dejándolos, se fue.
5. Los discípulos, al pasar a la otra orilla, se habían olvidado de tomar panes.
6. Jesús les dijo: «Abran los ojos y guárdense de la levadura de los fariseos y saduceos.»
7. Ellos hablaban entre sí diciendo: «Es que no hemos traído panes.»
8. Mas Jesús, dándose cuenta, dijo: «Hombres de poca fe, ¿por qué están hablando entre ustedes de que no tienen panes?
9. ¿Aún no comprenden, ni se acuerdan de los cinco panes de los 5.000 hombres, y cuántos canastos recogieron?
10. ¿Ni de los siete panes de los 4.000, y cuántas espuertas recogieron?
11. ¿Cómo no entienden que no me refería a los panes? Guardense, sí, de la levadura de los fariseos y saduceos.»
12. Entonces comprendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.
13. Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?»
14. Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.»
15. Díceles él: «Y ustede ¿quién dicen que soy yo?»
16. Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»
17. Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
18. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
19. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
20. Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.
21. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.
22. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!»
23. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!
24. Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
25. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.
26. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?
27. «Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
28. Yo les aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.»

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