Lucas 10,1-9 – descienda la paz sobre esta casa

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!».

Texto del evangelio Lc 10,1-9 – descienda la paz sobre esta casa

01. Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
02. Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
03. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
04. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
05. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!».
06. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
07. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
08. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
09. curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes».

Reflexión: Lc 10,1-9

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Lucas 10,1-9 descienda la paz sobre esta casa

Hay una constante en el mandato que el Señor nos hace para cumplir nuestra Misión: disponernos a realizarla sin mayor preparación. Si tenemos en cuenta esta instrucción, constituye una evidente falta de fe postergarlo todo hasta estar preparados.

Es muy frecuente oír esta excusa, incluso entre los seguidores que aparentemente están más cercanos a Jesús. Y es que en realidad la devoción no es señal de fe. Repetir de memoria oraciones e incluso asistir a la Eucaristía, sin fe, puede ser una pérdida de tiempo

Lo decimos en condicional, porque la Salvación es Gracia que Dios concede. Por lo tanto no está en nosotros determinar quiénes y por qué la alcanzarán. Como dice el Señor, hasta las piedras podrían alabarlo si alguien osara callar a su pueblo.

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!».

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