los Modos de orar de Santo Domingo de Guzman

Los Modos de orar

Introducción

Vamos a orar siguiendo a Santo Domingo. Nuestra oración será lenta, pero personal e interior.

Tenemos en nuestras manos los «modos de orar de Santo Domingo». Iremos contemplándolos uno a uno. Son como «cuadros o escenas de la vida de un orante», aunque, en la realidad de la vida de oración, los deberíamos vivir en continuidad, sin interrupción en «cada modo».

Al final del día Domingo oraba después de predicar, enseñar, caminar… Estaba cansado, como quizás lo estamos hoy nosotros por otros motivos. Y oraba en diferentes posturas para mantenerse vigilante.

Orar unas veces es escuchar, otras hablar, otras pedir, otras… «dormir» (es decir que hasta nos podemos quedar dormidos reposando en los brazos de Dios…) porque simplemente es «estar en la presencia de Dios teniéndole como amigo».

Domingo ora ante Cristo crucificado, pero fijémonos que en casi todas las imágenes, María está presente.

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Homilía del Papa Francisco en Corpus Christi

El Papa Francisco en la festividad de Corpus Christi

‘Haced esto en memoria mía’ (1Co 11,24.25). El apóstol Pablo, escribiendo a la comunidad de Corinto, refiere por dos veces este mandato de Cristo en el relato de la institución de la Eucaristía. Es el testimonio más antiguo de las palabras de Cristo en la Última Cena.

«Haced esto». Es decir, tomad el pan, dad gracias y partidlo; tomad el cáliz, dad gracias y distribuidlo. Jesús manda repetir el gesto con el que instituyó el memorial de su Pascua, por el que nos dio su Cuerpo y su Sangre. Y este gesto ha llegado hasta nosotros: es el «hacer» la Eucaristía, que tiene siempre a Jesús como protagonista, pero que se realiza a través de nuestras pobres manos ungidas de Espíritu Santo.

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Marcos 11,27-33 – No lo sabemos

Texto del evangelio Mc 11,27-33 – No lo sabemos

27. Volvieron a Jerusalén, y mientras Jesús estaba caminando por el Templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y las autoridades judías,
28. y le preguntaron: «¿Con qué derecho has actuado de esa forma? ¿Quién te ha autorizado a hacer lo que haces?»
29. Jesús les contestó: «Les voy a hacer yo a ustedes una sola pregunta, y si me contestan, les diré con qué derecho hago lo que hago. Háblenme
30. del bautismo de Juan. Este asunto ¿venía de Dios o era cosa de los hombres?
31. Ellos comentaron entre sí: «Si decimos que este asunto era obra de Dios, nos dirá: Entonces, ¿por qué no le creyeron?»
32. Pero tampoco podían decir delante del pueblo que era cosa de hombres, porque todos consideraban a Juan como un profeta.
33. Por eso respondieron a Jesús: « No lo sabemos.» Y Jesús les contestó: «Entonces tampoco yo les diré con qué autoridad hago estas cosas.»

Reflexión: Mc 11,27-33

No podemos osar desafiar al Señor en sabiduría, ni en audacia o astucia; siempre saldremos perdiendo. Sin embargo vemos cómo los poderosos pretenden emplazar y sorprender a Jesús, sometiéndolo a un interrogatorio, tal vez buscando intimidarlo. Pero el Señor no se acobarda ni se amilana; recordemos que no le hubieran podido tocar un solo pelo si Él no hubiera entregado Su vida por nosotros. Nadie le puede quitar nada, ni por lo tanto podrá ponerlo en problemas para contestar, ni se rendirá ante nadie, como no sea para cumplir con el Plan de Salvación. En toda circunstancia, no importa la dificultad o el peligro, el Señor responde con la Verdad, lo que no le impide ser astuto y aplicar su Inteligencia Divina. Fariseos, escribas y judíos pretende hacerle caer en una celada para atraparlo en ese momento, puesto que estaban hartos que anduviera soliviantando a los pobres y alterando el orden al que estaban acostumbrados, donde todo se hacía según sus disposiciones. No podían permitir que viniera este individuo y de buenas a primeras tratara de cambiarlo todo, mucho menos atacando el centro de su poder y prestigio. ¿Cómo iban a permitir y dejar pasar este escándalo en el Templo, donde ellos tenían poder supremo? No podían dejarlo pasar y por eso le salen al encuentro y le enrrostran esta pregunta desafiante, para terminar de una buena vez con esta insurrección. Pero la ágil y acertada respuesta del Señor, que solo podía venir de su privilegiada inteligencia, los dejó de una pieza. Les quedó claro que de esta forma no podrían competir con Jesús. No podían provocarle y mucho menos aprehenderle, porque a pesar de haberles dado la excusa perfecta, soberbios y confiados en su poder, hablaron más de la cuenta, tal vez por temor de lo que en realidad podía hacer, ya que acababa de darles una muestra de su carácter y energía. El Señor exhala autoridad, por lo que se hace difícil prestarle oposición. Además estaba el pueblo y sus seguidores, a los que tenían miedo. Por eso respondieron a Jesús: « No lo sabemos.» Y Jesús les contestó: «Entonces tampoco yo les diré con qué autoridad hago estas cosas.»

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