El Espíritu Santo habita en nuestros corazones

El Espíritu Santo habita en nuestros corazones

Una hermana nos hace la siguiente pregunta:

Tengo una duda sobre El Espíritu Santo y quisiera que me ayudaras a disiparla. ¿Si el Espíritu Santo habita en nuestros corazones porque lo invocamos? ¿Porque cuando oramos le decimos Ven si ya está dentro de nosotros? ¿Es por falta de Fe?

Muy interesante tu pregunta querida hermana. Un reto para el que no parecen brotar las palabras inmediatamente, por lo que en un primer momento nos dejó paralizados como quien efectivamente había encontrado una incongruencia. Así parece a primera vista, pero no lo es para quien se pone en manos del Señor e invoca el auxilio del Espíritu Santo, como lo acabamos de hacer.

Nosotros creemos en Dios y por eso sabemos que Dios tiene una serie de atributos que -confieso no me los sé de memoria-, que los podemos encontrar por la observación y el mismo razonamiento lógico, pero que también los describe el Catecismo de la Iglesia y más sucintamente el artículo que enlazo.

Pero Dios es ante todo y antes que nada Infinito, es decir el Innombrable, alguien cuya inmensidad y poder podemos tratar de intuir e imaginar, pero que nunca llegaremos a abarcar por completo por una simple razón: si pudiéramos hacerlo, inmediatamente seríamos más que Dios o en otras palabras, habríamos encontrado sus límites, lo cual hemos de aceptar, es IMPOSIBLE, para quienes creemos en Dios y conforme a los atributos señalados e intuidos lo consideramos por encima de todo y sabiéndonos limitados.

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Marcos 10,28-31 – recibirá cien veces más

Texto del evangelio Mc 10,28-31 – recibirá cien veces más

28. Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.»
29. Y Jesús contestó: «En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa.
30. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna. (Mt 20,16 Lc 13,30)
31. Entonces muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán primeros.»

Reflexión: Mc 10,28-31

Pedro, como la cabeza ya destacada de los discípulos saca la cara por ellos a fin de no dejar pasar la ocasión de refrescar al Señor que ellos si habían dejado todo por seguirle, lo que obviamente no era desconocido para el Señor, pero se entiende que Pedro quería hacerlo notar para dejarlo bien establecido, para que no se le fuera escapar al Señor y seguramente porque más de uno de sus hermanos lo codeo para hacer algo que seguramente ya venían conversando desde hacía buen rato. Y, como no. ¿Cuántos de nosotros hemos sido capaces de cumplir con el seguimiento que el Señor exige y que los discípulos practican? ¿No nos parece que conforme nos hemos ido distanciando de aquellos hechos, nos hemos distanciado también de estas exigencias? La mayoría de nosotros practicamos tal seguimiento que resulta sumamente difícil distinguirnos de cualquier otra persona de nuestro tiempo. Le entramos a todo, como el que más y como ellos, tampoco realizamos ninguna práctica religiosa externa, a no ser una Misa anual o cada vez que se nos antoja y alguna que otra visita a un santuario, en recuerdo de nuestra madre o porque está de moda y todo el mundo lo hace. Nuestra vida de fe es tan privada, que difícilmente alguien la podría notar. Será necesario que nos pregunten para saber que somos católico, porque hasta convivimos como lo hace cualquiera y estamos de acuerdo con todas estas corrientes “modernas” que abogan por el matrimonio igualitario, el aborto, el divorcio, el matrimonio de los religiosos como remedio a la pedofilia y la ordenación de las mujeres. Todas señales de los avances científicos y sociales de nuestro tiempo, a las que solo un necio y anticuado puede oponerse. Por eso estamos contentos con el Papa Francisco, porque según lo que escuchamos en todos lados y constantemente nos hacen saber a través de las redes sociales, este es un Papa de avanzada, adecuado a los tiempos que vivimos. Claro, aquella exigencia de la que Pedro y sus compañeros se jactan resulta también figurativa, porque no hay forma que se nos aplique a nosotros que nos consideramos cristianos y no creemos que en realidad nadie siga los pasos de estos locos. Tiene que haber una forma más razonable de interpretar estos textos y de hecho parece que la mayoría la encuentran, porque no conocemos a nadie que se ciña a estas palabras de modo tan espartano. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna.

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