Lucas 21,20-28 – las fuerzas de los cielos serán sacudidas

Texto del evangelio Lucas 21,20-28 – las fuerzas de los cielos serán sacudidas

20. «Cuando vean a Jerusalén cercada por ejércitos, sepan entonces que se acerca su desolación.
21. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella;
22. porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.
23. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y Cólera contra este pueblo;
24. y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles.
25. «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas,
26. muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
27. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.
28. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza porque se acerca su liberación.»

Reflexión: Lucas 21,20-28

Hay muchas formas de tomar este texto. Una de ellas es la interpretación literal, que sin duda es de pavor, sobre todo si nos quedamos con la narración llena de predicciones apocalípticas. Acentuando este aspecto es comprensible sentirse amenazado y persuadido a preguntar ¿Quién podrá salvarse? ¿Hay algo que podamos hacer para salvarnos? Estás son precisamente las preguntas que se quiere suscitar, para llamar a la reflexión. El que menos ha visto o presenciado calamidades atroces y es capaz de reconocer lo impotentes e indefensos que somos ante tales sucesos. No solo son devastadores, sino usualmente sorpresivos, por lo que podemos concluir que es prácticamente imposible huir de ellos. Siendo así, en realidad ¿no debíamos sentirnos siempre advertidos y estar en guardia? Hemos de coincidir en que lo más razonable sería vivir de tal modo que nuestros actos reflejen la conciencia de estar listos y preparados para cuando sucedan estos hechos. ¿No es lo más lógico? Al menos, así nos lo enseñaron nuestros abuelos y nuestros padres. Recuerdo a nuestra abuela y nuestra madre señalándonos la “M” que todos tenemos en la palma de nuestras manos, enseñándonos que esta quería decir “memento mori” o “recuerda que todos tenemos que morir”. ¿No es razonable y prudente tener siempre en cuenta que este momento habrá de llegar cuando menos lo esperamos? ¿No nos esforzaríamos por dar el sentido correcto a la vida si así fuera? Pues creemos que esto es, entre otras cosas, lo que pretende el Señor en estos versículos. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.

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