Lucas 12,35-38 – yendo de uno a otro, les servirá

Texto del evangelio Lc 12,35-38 – yendo de uno a otro, les servirá

35. «Estén ceñidos sus lomos y las lámparas encendidas,
36. y sean como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.
37. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.
38. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!

Reflexión: Lc 12,35-38

¡Qué grande es el Señor! ¡Qué Maestro! Basta un versículo para darnos una lección de vida. Solo hace falta un ingrediente para entenderlo todo: fe. Sin este, efectivamente nada tiene sentido. Ponemos la fe y todo se acomoda. Es que el servicio es la forma práctica en la que se manifiesta la fe, por lo tanto el que sirve con humildad, es seguro que tiene fe y el que tiene fe, no tendrá ningún reparo en servir dócilmente y sin condiciones. Es que sin fe no podemos ni si quiera empezar a hablar. Es la fe la que da sentido a nuestro discernimiento, a nuestras reflexiones y pensamientos. Pasa con frecuencia que nos encontramos con amigos que quieren explicar racionalmente su fe, pero luego, a la hora de actuar presentan una fractura, una incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Es que lo más probable es que hayan aprendido de memoria ciertos razonamientos cristianos y los repiten como loros, sin realmente comprenderlos, ni hacerlos suyos. Hoy encontraba en Facebook una prueba palpable de esta fractura y nada menos que en el comportamiento de la “primera dama” de la nación, como se le conoce en el Perú al cónyuge del Presidente, de quien se dice que en realidad es la que gobierna. Asistía en primera fila al homenaje a la imagen del Señor de los Milagros con sus menores hijos, a quienes no tuvo ningún reparo en hacerlos retratar días atrás en una campaña en favor del aborto. Es decir, una incongruencia total, de la que además seguro que ni se percata. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.

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