Lucas 6,1-5 – «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

Texto del evangelio Lc 6,1-5 – «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

1. Sucedió que cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos.
2. Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacen lo que no es lícito en sábado?»
3. Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban,
4. cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?»
5. Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

Reflexión: Lc 6,1-5

De algún modo aquí Jesús continúa su diálogo con los Fariseos que lo siguen cuestionando por el comportamiento de sus discípulos, sin realmente entender quién es Jesús. Es que ellos se resisten a admitir que se encuentran frente al Hijo de Dios. No hilvanan una cosa con otra. Pueden aceptar que Jesús tiene algunos inexplicables poderes extraordinarios, pero les cuesta mucho entender que estos se deben a Su relación filial con Dios Padre. Esto es lo que Jesucristo quiere hacerles entender de una u otra manera. Pero, para quien no cree, estas palabras habrían de sonar como una gran blasfemia. ¿Quién se cree que es este para hablar de ese modo? Otros tal vez lo aceptan como una forma de hablar metafórica o propia de un charlatán. Por eso quieren hacerle caer en incongruencias y creen encontrarlas en el comportamiento de sus discípulos, que según ellos, no debían estar haciendo lo que hacen y en cualquier caso, Jesús, si fuera quien dice ser, debía llamarles la atención. Al menos eso es lo que para estos fariseos sería lo coherente. Como muchos, se creen dueños de la verdad y la sabiduría. Ven y analizan el mundo desde su perspectiva, como la única cierta, debido a que su poca modestia los hace sentir geniales, iluminados, únicos, inteligentes y acertados. Tengo muchos amigos así, que encima con unas cuantas copas de más, no hay quien los aguante. Empiezan a desarrollar monólogos que solo sirven para resaltar sus cualidades, su sapiencia y sensatez, cosas que por supuesto solamente ellos creen, pero lo hacen con tanta insistencia, que uno debe callar para no entrara en contradicciones con un borracho, que a nada bueno conducen. «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

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