Marcos 12,35-37 – movido por el Espíritu Santo

Texto del evangelio Mc 12, 35-37 – movido por el Espíritu Santo

35. Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?
36. David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.
37. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?» La muchedumbre le oía con agrado.

Reflexión: Mc 12, 35-37

Terminamos de leer estos cortos versículos e inmediatamente nos vienen a la mente estas líneas del Salmo 126:

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es que el conocimiento del Señor es obra del mismísimo Dios. En realidad todo es obra Suya y nada ocurre si Él mismo no lo inspira, produce y permite. Nada es casual, aunque a veces tardemos en comprenderlo. Nos encontramos con la gente que debíamos y todo lo que hacemos, misteriosamente, tiene que ver con Su Plan. No somos nosotros los que decidimos, los que elegimos, como normalmente pensamos, sino que es Él. ¿Será que entonces vamos a quejarnos por falta de autonomía, por estar determinados, por no ser libres? Es que sucede que este es un inmenso campo de batalla, en el que ocurren simultáneamente miles de escaramuzas, avances, retrocesos, pactos, acuerdos, celadas, traiciones, ataques, rendiciones, en fin, miles, millones, miles de millones de relaciones de diverso tipo, todas destinadas a promover de algún modo la salvación de sus protagonistas. Todos tenemos en nuestras manos la posibilidad de obrar siguiendo el Plan de Dios, promoviéndonos y promoviendo a nuestros hermanos, o denigrándonos, denigrando y destruyendo a nuestro prójimo. Dios está ahí, en medio de cada suceso, de cada encuentro, de cada diálogo, de cada relación. Los peldaños servirán para que todo subamos, para que algunos subamos o para que algunos bajemos o todos nos desbarranquemos. Al final, siempre estará en nuestras manos la decisión, pero Cristo está ahí y si no estuviera, simplemente no tendríamos la oportunidad. David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.

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