Marcos 12,28-34 – Reino de Dios

Texto del evangelio Mc 12,28-34 – Reino de Dios

28. Se acercó uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»
29. Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,
30. y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
31. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.»
32. Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él,
33. y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
34. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: « No estás lejos del Reino de Dios. » Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

Reflexión: Mc 12,28-34

Nadie se atrevía ya a hacerle preguntas, es un testimonio que nos llama la atención. ¿Qué pasó? ¿No era que todo el mundo le hacía preguntas capciosas buscando hacerlo caer? Pues el que lo busca sinceramente, el que lo quiere encontrar, finalmente lo hallará. Entonces se enfrentará a una disyuntiva que pocos tenemos el valor de afrontar y asumir. Si nos ha respondido todas nuestras preguntas con irrefutable verdad, ¿qué correspondería?¿Por qué no seguimos adelante? Porque si no ha hecho nada más que asombrarnos con sus respuestas, por coherentes y ciertas, lo que correspondería es rendirnos a Él, confirmando que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Confirmando que habla con Autoridad y Sabiduría que van más allá de cuanto podemos argumentar, ¿Qué tendríamos que hacer? Pues no se nos ocurre otra cosa que preguntarle ¿Qué hacemos? ¿Por dónde vamos? Aunque bien pensado, si reflexionamos detenidamente, aún eso ya lo ha dicho, así que no hay más que decir. Tal certeza atemoriza a los indecisos, a los temerosos, a los faltos de fe. Porque si estamos ante la Verdad, lo que corresponde es seguirla, porque allí están todas las respuestas a nuestras inquietudes de siempre, a nuestras dudas, a nuestros temores. Pero no nos atrevemos; antes bien, preferimos no seguir ahondado, para no comprometernos. Preferimos mantener el estatus quo. Nos da miedo. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: « No estás lejos del Reino de Dios. » Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

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