Juan 1,45-51 – Verás cosas más grandes todavía

Agosto 24, 2016

Jesús continuó: «Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía».

Texto del evangelio Jn 1,45-51 – Verás cosas más grandes todavía

45. Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret».
46. Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe.
47. Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».
48. «¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
49. Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
50. Jesús continuó: «Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía».
51. Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Reflexión: Jn 1,45-51

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Juan 1,45-51 Verás cosas más grandes todavía

Se trata sin duda de un relato que debe entusiasmarnos, pues encierra unas promesas de Jesús que de solo tratar de imaginar nos intrigan. ¿A qué se refiere el Señor? ¿Cómo será aquello que veremos? ¿Cuándo será? ¿Lo veremos todos o solamente algunos? ¿Qué hemos de hacer para verlo?

Por otro lado, el Señor nos hace reflexionar en lo inconsecuentes que somos. Tendríamos que agregar tal vez, noveleros y superfluos. Porque rápidamente nos dejamos impresionar, sobre todo si oímos halagos y hacemos declaraciones radicales que luego rápidamente olvidamos.

Así es como Jesús coge por el punto débil de la vanidad a Natanael. Que supiera tanto sobre él nada más verlo y que se prodigara en elogios a su persona, despertó en él no solamente curiosidad, sino una natural disposición a la condescendencia y a devolver halagos.

Jesús continuó: «Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía».

Pero a diferencia de Natanael que trata de devolver la cortesía y la lisonja con galantería, adornándose y haciendo votos impensados, Jesucristo está abriéndonos una ventana a un tiempo que no podemos precisar en que veremos cosas increíbles asociadas a Su grandeza.

Y es que no podemos olvidar que estamos frente al Señor, de quien no debía sorprendernos nada. Y en cualquier caso Él no está buscando sorprendernos, sino movernos a la fe. Más que admiración banal, de aquella que nos dura como dura el recuerdo y la memoria, Jesús quiere que le creamos.

La única razón por la que el Señor obra milagros es por amor. Nos ama tanto que lo conmovemos y siente misericordia de nosotros. Por eso resucita muertos, cura leprosos, expulsa demonios. Jesús no puede tolerar el sufrimiento nuestro. Inmediatamente interviene y obra un milagro.

Jesús continuó: «Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía».

Pero los milagros tienen un propósito que trasciende aquello en lo que se manifiestan. El Señor quiere que reconozcamos que Él es el Hijo de Dios, que por lo tanto le prestemos atención, creamos en lo que nos dice y le obedezcamos.

Es preciso creer profundamente, porque no importa lo que podamos ver o vivir, no es nada comparado con la Gloria de Dios. Pero, a pesar de las pistas y evidencias que nos muestra Jesús, muy rápidamente confesamos como Natanael que Jesucristo es Dios, pero con la misma facilidad y rapidez, lo olvidamos y empezamos a poner en duda aquello en lo que nos invita a creer.

¿Cómo conseguir la consecuencia, la coherencia y la perseverancia? Esta debe manifestarse en cada uno de nuestros actos, por más pequeños que sean. Para eso es preciso llevar una vida de piedad y oración constante. Se trata de una empresa que no podremos afrontar solos. Nos equivocamos y engañamos si la dejamos librada a nuestras fuerzas. Además, ello por sí constituye una evidente muestra de falta de fe.

Nuestra fe ha de ser evidenciada en el trato que damos al prójimo, tanto como en la vida de estudio y oración que llevamos. Estudio, porque es preciso que nos preparemos lo suficiente para dar cuenta de nuestra fe y Oración, porque sin Dios de nuestro lado el Camino será imposible. En cambio, con Él, será como navegar con la corriente a favor.

Jesús continuó: «Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía».

Oremos:

Padre Santo, más que precipitarnos en juramentos y promesas te pedimos que nos des constancia y perseverancia en el seguimiento y servicio al Señor. No permitas que abandonemos la oración y los sacramentos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Juan 1,45-51 Verás cosas más grandes todavía

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